El Malecón

Estimado lector que rozas la suave y policromada pluma del Tocororo:

El primer nombre del Malecón fué: Avenida del Golfo. La Historia del Malecón comenzó en 1819 cuando se puso en práctica el llamado “ensanche de extramuros”, pues la ciudad estaba creciendo y el espacio costero que iba desde la entrada de la Bahía de La Habana hasta el Torreón de San Lázaro, era solo un espacio abierto de roca y mar sin otro interés que lo inhóspito del lugar, a donde iban algunas familias a tomar baños de mar.

Desde la zona del litoral habanero donde hoy está el Parque Maceo y hasta el Río Almendares lo que existía entonces era una costa de agudos arrecifes y un monte firme e impenetrable, que las autoridades españolas consideraron siempre como una muralla natural ante los ataques y lo llamaban “Monte Vedado”.

Así estuvo muchísimos años, pero en 1859 por toda la calle San Lázaro comenzó a circular el ferrocarril urbano que iba desde las cercanías del puerto hasta la propia desembocadura del Almendares. En esa época aparecieron los barrios de El Carmelo y El Vedado.

El ingeniero y arquitecto Eduardo Tella describía la zona litoral habanera antes de construirse el malecón de esta forma: “Una costa rocosa, llena de inmundicias, con un sin número de zanjas abiertas en las rocas que partiendo de los fondos destartalados de las casas de la calle San Lázaro vertían sus excretas al mar, y cloacas abiertas que desembocaban por el centro de las calles transversales; añádanse depósitos de materiales, barracones de madera pomposamente llamados baños, charcos de agua ……”

Se pensó entonces en acondicionar el inhóspito litoral habanero y encargaron el proyecto de obra a Don Francisco de Albear, el más grande ingeniero cubano de la época. Albear concibió una formulación compleja y acertada de lo que debería hacerse, más allá de un simple paseo.

Según consta en documentos históricos, la ancha avenida debía construirse a cuatro metros sobre el nivel del mar, separado de la orilla, y en la parte inferior una larga sucesión de 250 bóvedas, para dar cauce a otras necesidades de la ciudad, porque la galería resultante podía servir como línea de ferrocarril y almacén, pensando en el activo puerto habanero, o como línea defensiva militar.

Todo el proyecto costaría 850.000 pesos de la época, pero el gobierno español no se animó a hacer esa inversión a la administración municipal habanera y la propuesta de Albear tuvo que esperar.

Durante la primera intervención norteamericana se retomaron algunos proyectos y el primer tramo concluido, desde Prado hasta Crespo, resultó el arranque de una larga y lenta carrera en pos de lograr el Malecón que hoy conocemos. En 1901 se comenzaron las tímidas obras del Malecón después de dictarse algunas disposiciones que incluían precios de los terrenos, títulos de propiedades y derechos a las confiscaciones.

Durante las ínfulas monumentales de Gerardo Machado, el Malecón tomó impulso bajo la dirección del destacado urbanista Jean Forestier, famoso por las intervenciones en Sevilla y París, quien había venido a Cuba a establecer un Plan Director de la ciudad.

Maravillado por la zona costera, Forestier tomó el Malecón como aspecto preferente de los propios proyectos. Para llegar a los siete kilómetros actuales el Malecón Habanero pasó por varias etapas de avances y retrocesos, de gobiernos de turno, cambios, supresiones y transformaciones de proyectos, hasta el último tramo realizado entre 1950 y 1958.

Después del primer trecho, para el que se demolieron algunas instalaciones públicas como los balnearios de Las Delicias, Romanguera y San Rafael, siguió la construcción en 1921 hasta la entrada del Vedado, donde hoy se alza el Monumento al Maine.

A mediados de la década del 30 se llevó hasta la calle G, y en el mandato de Carlos Prío (1948-1952) llega el Malecón hasta la desembocadura del Almendares .

Todas y cada una de estas prolongaciones llevaban implícitos cambios en los fabulosos proyectos, los cuales finalmente terminaron en ese muro pelado, largo y amado de los que vivimos en esta ciudad, y que un gracioso definió como “el banco más largo del mundo”.

La construcción del malecón se hizo en varios tramos:

El primero duró desde 1901 a 1902 y abarcó desde el Paseo del Prado hasta la calle Crespo.

El segundo tramo desde 1902 a 1921 se extendió hasta el Monumento al Maine.

El tercer tramo que duró hasta los años 30 terminaba en la Avenida de los Presidentes.

El cuarto tramo y final abarcó desde 1948 a 1952 terminó el malecón en la desembocadura del río Almendares.

El vial se extiende desde la entrada de la Bahía de La Habana, al este, por espacio de unos cinco kilómetros hacia el poniente, con un caprichoso diseño en paralelo a la irregular línea costera.

Además de su belleza, avalada con una historia centenaria, el Malecón habanero constituye una pieza clave en el orden vial de la ciudad, pues con sus seis carrileras (tres en cada dirección) permite una circulación fluida.

Para muchos, el sitio es considerado como un verdadero pulso de la ciudad, fiel reflejo de la vida de sus habitantes, sus amores, juegos, tristezas y encuentros, todo ello en un espacio de pocos miles de metros.

Asimismo, su trazado peculiar sirvió para los más diversos acontecimientos, incluyendo carreras de autos, una de ellas con el trágico saldo de varios muertos el 24 de febrero de 1958. Era la competencia internacional de autos más importante de Sudamérica participando 23 corredores, entre ellos el norteamericano Roy Ruttiman, campeón de las 500 millas de Indianápolis, los ingleses Stirling Moss y Phil Hill, el alemán Von Tripps, el francés Jan Behra, el español Francisco Godia, el venezolano Piero Drogo y el notorio play boy dominicano Porfirio Rubirosa.

La carrera, concertada a 500 kilómetros, se efectuaba en el Malecón habanero en el tramo comprendido desde la Avenida de los Presidentes hasta el Parque de Maceo. Cada vuelta era de 5 kilómetros y había que completar cien vueltas para alcanzar la meta.

En la sexta vuelta, el Ferrari marcado con el número 54, que conducía el cubano Alberto García Cifuentes, realizó un extraño giro y se proyectó contra la  multitud que presenciaba las carreras. Se produjo una  escena dantesca donde volaban por el aire cuerpos, cabezas y extremidades. El accidente dejó un saldo de 6 muertos y más de 30 heridos, entre ellos el propio Cifuentes. La carrera fue detenida de inmediato.

La dictadura trató de amañar los hechos alegando que se trataba de un sabotaje realizado por las organizaciones revolucionarias. Sin embargo, la Comisión Técnica inspeccionó cuidadosamente el área del accidente y redactó un informe oficial en el que eliminaba toda sospecha de sabotaje y declaraba que García Cifuentes  había perdido el control del auto que conducía.

Otro hecho importante de aquella competencia es que no participó el argentino Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial, a pesar de haber clasificado en el primer lugar. Fue secuestrado horas antes por un comando del Movimiento 26 de Julio y retenido hasta que concluyó la carrera. La noticia ocupó los titulares de la prensa mundial y fue otro duro golpe para la deteriorada tiranía batistiana.

Para los visitantes y pobladores locales, el “muro del Malecón” es el sitio preferido para escapar del calor nocturno que caracteriza el verano en la mayor de Las Antillas, con miles de personas que acuden a disfrutar del frescor que aporta el mar o simplemente pasar un rato agradable al aire libre.

Muchas familias acuden nada más que para mirar el azul de las aguas, los numerosos barcos que cruzan en el horizonte o que acceden al puerto de la capital, sin otro propósito que dejar pasar el tiempo, acompañados de las bondades del famoso vial.

Centro estratégico de La Habana, el Malecón es un punto de encuentro ideal. Flanquea todo el barrio del Vedado y del Centro hasta la Habana Vieja. El Malecón tiene 5 km de longitud, del Castillo de la Punta a la Chorrera. Es muy agradable “hacer” el Malecon en coche descapotable, a muy poca velocidad, sobre todo al caer la tarde, cuando el sol se zambulle en el mar. La avenida sería sin duda la mas hermosa del mundo si las casas no se hubieran deteriorado con el paso del tiempo. La Unesco ha iniciado la renovación de las primeras casas con columnas, del lado del Castillo de la Punta.

Siguiendo el Malecón de Este a Oeste se pasa, sucesivamente, ante el hospital Hermanos Ameijeiras, el más moderno de la ciudad, el monumento dedicado a Antonio Maceo, la Cascada (comienzo de la Rampa), el monumento dedicado a las memorias de las victimas de la explosión del acorazado Maine (que inició la guerra de los Estados Unidos contra España en 1898) luego se impone el hermoso aspecto del Hotel Nacional, el mas hermoso de La Habana y, más adelante todavía, la estatua ecuestre de Calixto Garcia y los hoteles Cohiba y Riviera, construidos frente a lo que se llama la Fuente. En el extremo del paseo se levanta la Chorrera, pequeña torre ante el mar, en cuyos jardines termina el Malecón.

El primer tramo de esta magnífica obra se comenzó el 6 de mayo de 1901, por los ingenieros Mr.Mead y su ayudante Mr.Whitney bajo el Gobierno Interventor Norteamericano del General Wood, y comprendía desde el castillo de la Punta hasta los baños de los Campos Elíseos. El 20 de mayo de 1902, al cesar la Intervención, se había llegado hasta la esquina de la calle Crespo, o sea, se habían construido unos 500 metros.

Frente al Castillo de la Punta, en la esquina del Malecón y el Paseo del Prado, se construyó también por los norteamericanos una glorieta para la Banda Municipal —que amenizaba con música las retretas—, la que en 1926 tuvo que demolerse por obstaculizar el tránsito al continuarse el Malecón hacia el puerto.
Esa glorieta tuvo importancia desde el punto de vista constructivo, debido a que fue la primera obra realizada de hormigón armado en Cuba.

En esa esquina se construyó, a principios de siglo, un hotel exclusivo llamado Miramar, donde por primera vez los camareros vistieron de smoking, chaleco con abotonadura dorada y sin bigotes. Fue proyectado por el arquitecto “Pepe” Toraya, y según el arquitecto e historiador Luis Bay Sevilla, estuvo de moda en los primeros quince años de la República.

Los cimientos del muro presentaron muchas dificultades en el primer tramo por lo irregular de los arrecifes y en ellos se utilizó hormigón. El proyecto norteamericano contemplaba arbolado y grandes candelabros sobre el muro, los que se eliminaron al llegar la temporada invernal y arribar el primer “Norte”.
La construcción del Malecón se continuó por los distintos gobiernos y en 1909 llegó hasta la calle Belascoaín, donde se construyó el bar Vista Alegre, que ocupaba la cuña comprendida en esa calle, entre San Lázaro y el Malecón.También en ese tramo se hicieron algunas construcciones importantes, como el Unión Club y el Club de Automovilistas.

En 1916 se llevó hasta el torreón de San Lázaro, para lo que se tuvo que rellenar la caleta del mismo nombre que tenía 93 metros de ancho en su boca y 5,5 metros de profundidad [Frente al actual hospital Ameijeiras] que había permitido en otra época el desembarco de piratas. Al azotar a la Habana un ciclón en septiembre del año 1919, el mar levantó en peso ese tramo y arrojó enormes trozos de hormigón tierra adentro a bastante distancia que ocasionaron daños e inundaciones nunca vistas ni recordadas por lo que la población y no pocos ingenieros achacaran los destrozos a la construcción del Malecón. En 1921 se hizo el muro desde el Torreón hasta la calle 23, sin embargo, por la polémica desatada sobre el tramo frente a la caleta, éste no se reconstruyó hasta el año 1923.

Desde 1914 se habían realizado estudios para prolongar el Malecón hasta la desembocadura del Río Almendares, pero el tramo desde la calle 23 al pasar frente al promontorio de la batería de Santa Clara (hotel Nacional) hasta la calle “O” requería separar el muro unos 30 metros del litoral y rellenar una gran área de 104,500 m2 con vista a construir el monumento al Maine. Este tramo, con el relleno, el parque y el monumento lo construyó el gobierno de Alfredo Zayas en 1923.
Desde allí interceptaban la continuación del Malecón hacia el oeste la Batería n.º 3 a la altura de las calles K y L donde después se construyó la Embajada Americana y la batería n.º 4 hoy Parque Deportivo José Martí.

Los estudios para construir el Malecón desde el castillo de la Punta y el hotel Miramar hacia el sur, hasta la Pila de Neptuno que se encontraba frente a la Capitanía del Puerto, datan de 1921. Esta avenida se uniría con el tramo del Malecón ya construido dándole un fácil acceso al puerto desde el Vedado. El proyecto comprendía ganarle 111000 metros cuadrados al mar, de los cuales gran parte se destinaron a parques y soluciones viales. Las obras del muro, sin el relleno, las ganó en subasta la firma de contratistas Arellano y Mendoza a un costo de 2.101.000 pesos y se calcula que el relleno costó otro millón de pesos adicionales.

Para realizar la obra se colocaron a lo largo de la línea donde se construiría el muro dos hileras de tablestacas de hormigón armado, también se hincaron pilotes en profusión cada 2,50 metros. Sobre las tablestacas y los pilotes, se corrieron arquitrabes de hormigón armado.El muro se realizó a base de unos grandes bloques huecos de hormigón armado, prefabricados en una planta que hicieron al efecto los contratistas en la Ensenada de Guanabacoa.

Estos bloques, aunque de dimensiones variables, como promedio tenían 5 x 4 metros de área y 2 metros de altura y descansaban sobre un fondo preparado con una base de hormigón, dejando fuera cabillas que se empataban con todo el muro fundido a lo largo de la línea los bloques.

La obra se comenzó en marzo de 1926 y se terminó en 1929. A los 70 años de inaugurado este tramo, en 1999, mientras se realizaban algunos trabajos de reparación en el Castillo de la Punta, se observó que cedía el piso con facilidad, por lo que se mandaron buzos con cámaras fotográficas, que descubrieron que una gran parte del Malecón, en el tramo aledaño al Castillo, había sido socavado por el mar, destruyendo totalmente los bloques de hormigón y con un peligro inmediato de derrumbe, ya que había partes de la acera y muro totalmente en voladizo. La reparación, realizada de inmediato, requirió la inyección de miles de m3 de hormigón hidráulico.

La prolongación del Malecón hacia el oeste, sería obra del gobierno del general Machado y su inquieto ministro de Obras Públicas,Carlos Miguel de Céspedes, quien en 1930 lo adelantó hasta la calle “G” y el año 1955 Batista lo continuó hasta la calle Paseo, donde se interpuso el Palacio de los Deportes, que estaba situado donde hoy está la fuente de la Juventud frente al hotel Habana Riviera.

Desde el año 1950 se hablaba de prolongar el Malecón hasta en nivel de la calle 12 del Vedado para a través de un gigantesco puente colgante enlazar con la avenida Primera del Reparto Miramar, hasta cerca de donde posteriormente se construyó el hotel Rosita de Hornedo [Hoy Sierra Maestra].

En ese tiempo, todavía la zona al oeste del Palacio de los Deportes no se había construido el muro ni el Malecón y tampoco existían viviendas u otras fabricaciones en el área.
Pero la construcción del túnel de Calzada bajo el río Almendares en 1958 determinó que se continuara el Malecón hasta enlazar con esa vía subterránea y después con la Quinta Avenida, lo que se realizó en 1959.

Y esa es la gran historia del malecón. Estimado lector que rozas la suave y policromada pluma del tocororo. Es una maravilla y si vas a la Habana, no dejes de visitarlo con calma. Yo siempre lo hago y entonces me acuerdo de la famosa canción de Isaac Delgado:

Voy caminando por el Malecón aunque tú no me veas,
y en una mano llevo la razón y a la Habana vieja,
al otro lado va el hotel Deaville, mira tu quién me iba a decir
que estoy bajando la loma del Capri p´al hotel Riviera.

Voy caminando por el Malecón aunque tú no lo creas,
esta gritando ahora mi corazón por Pedro y por mi abuela.
Dile a Ernestico que ya estoy alli,
que llevo un pomo que eso va por mi,……
que te quiero muy cerca de mi.

Dale agua a ese Dominó que se me va la vida, tu ves,
y que no pasa el tiempo para cerrar la herida.
Dale agua a ese Dominó que estoy gritando al viento. Ay Dios!
Que el Prado esta llorando por mi y San Lázaro riendo.

Dale agua a ese Dominó que la añoranza llama al bongó,
la clave esta marcando el reloj y una trompeta trina.
Dale agua a ese Dominó que ya me queda poco. Ay Dios!
para que pueda darle a mi amor un sábado cualquiera.

Juega tu Dominó que se te va la vida,
que el Prado esta llorando por mi y San Lázaro riendo, para allá yo voy corriendo.
Juega tu Dominó que se te va la vida
oye, y si te preguntan por mí, diles que vuelvo que yo regreso a mi barrio.
Juega tu Dominó que se te va la vida
contigo en la distancia, amada mía que yo me voy con la melodía.

Para bailar el son me falta un pedacito de la Habana
El cántico del sinsonte pro el monte y una palmera cubana
Para bailar el son me falta un pedacito de la Habana
una mulata bailando un son y un cafecito en la mañana
Para bailar el son me falta un pedacito de la Habana
oye, nací en la Habana, soy Habanero

Me falta el Malecón, y a mi tambien y un pedacito de Habana
para empezar la Rumba en la noche y terminar por la mañana
Camina por 23, baja la Rampa y llegaste a centro Habana
Me falta el Malecón y un pedacito de la Habana
porque me faltas tú y nadie más que tú y solamente tú, mi hermana…..

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Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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