Caruso en Cuba

La actuación del famoso tenor Enrico Caruso en Cuba entre el 16 de mayo y el 20 de junio de 1920 dejó una profunda impresión en la isla. Según la Cronología Mínima del Gran Teatro de La Habana, consta que Enrico Caruso comenzó sus actuaciones en aquel coliseo:

El día 16 de mayo de 1920 con la presentación de Martha, el 18  Elixir d´Amore, el 22 Un ballo in  maschera, el 30 Pagliachi, el día 2 de junio presenta la ópera Carmen, el 8 de junio Aida, el 11 de junio aparece en escena con Elixir d´Amore, III acto y repite Pagliachi, el día 13 de junio cierra con la segunda representación de Aida, de Verdi. La compañía operística que acompañó a Caruso partió de La Habana en un vagón Especial de la Cuban Cane Sugar Corporation, agregado al tren rumbo a Santa Clara con destino a Caibarién, de la provincia de Las Villas, actual Villa Clara. Los diarios habaneros anunciaban la presentación de Caruso para el día 15 en esa ciudad. Enrico Caruso y la compañía de Ópera Italiana de Adolfo Bracale llegó a Santa Clara el día 16 de junio.

Entre 1912 y 1921 se dieron en el Teatro Nacional las temporadas de ópera más fabulosas que pudieran verse. En abril de 1915, con motivo de la inauguración de dicho teatro, que se llamó Tacón hasta entonces, vino a La Habana una compañía compuesta por artistas de mucho renombre bajo la conducción del maestro Tulio Serafín. Y en 1920 estaba aquí Enrico Caruso para actuar junto a María Barrientos, Gabriela Bensanzoni, José Mardones, María Luisa Escobar, Ricardo Stracciari  y Flora Perini.

Caruso, que haría diez presentaciones, pidió 10 000 dólares por función. Fue el contrato mejor pagado de toda su carrera. Hoy la cifra podrá parecer ridícula para los “grandes tenores”, que cobran mucho más, pero hasta los años 70 al menos no había sido superada por cantante alguno.

Para ver a Caruso, el teatro fijó el precio de 25 pesos la butaca, que, por fuera, se revendía a 60. Veinticinco pesos eran entonces el salario mensual de un obrero, y con ellos podían vivir cuatro personas.

Aquel alarde de lujo indujo a alguna gente a manifestar su descontento y de hecho lo manifestó con una bomba que estremeció el Teatro Nacional y que obligó al tenor a abandonar el escenario precipitadamente. Se trata de un incidente sobre el que existen al menos dos versiones. Una atribuye el bombazo a un grupo de anarquistas que exigía reivindicaciones salariales para los empleados del teatro, y asegura que el artefacto explosivo fue colocado en los baños del edificio. Otra versión , en cambio, responsabiliza, de manera más general, a gente descontenta con la situación cubana y dice que tiraron la bomba en el foso de la orquesta. Ambas versiones coinciden en que no fue una bomba para hacer daño, sino un petardo para asustar.caruso en Cuba

Sucedió durante una matinée. Enrico Caruso, junto a Gabriela Bensanzoni, ocupaba la escena. Interpretaba Celeste Aida, de Verdi. Hacía el tenor, como es lógico, el papel de Radamés y vestía una túnica enorme color de coleóptero con reflejos verdes, cuando estalló la bomba. Caruso, que era muy miedoso, agarró un susto terrible, salió por la puerta del fondo del Nacional y empezó a correr a las tres de la tarde por la calle San Rafael. Cuando llega dos cuadras más arriba, un policía lo agarra violentamente por la mano, y dice:

– ¿ Pero qué es esto ?. Aquí no estamos en carnavales para andar disfrazados por las calles.

Entonces Caruso, que no hablaba español, empezó a decir:

-Io non sono in carnavalle, io sono un grande tenore… vestido de Radamés, io sono il tenore Caruso.

Pero el policía no entendía. Se quedó mirando fijo a Caruso y le espetó: ¿Y además de eso disfrazado de mujer? ¡Para la estación de policía!. Y el pobre Caruso tuvo que ser sacado de la estación de policía por el embajador de su país.

En La Habana, se alojó en el hotel Sevilla.  Todavía se conserva  en esta instalación un vale de tintorería a su nombre. Algunos dijeron que se hospedó en el Hotel Inglaterra que era ya entonces un hotel tradicional en La Habana, preferido por artistas y periodistas extranjeros. (Allí vivieron un tórrido romance la célebre trágica Sara Bernhardt y Mazanttini, el torero.)

Entre otros actos sociales, Caruso acudió en La Habana a la residencia de los esposos Pennino, el introductor del granito en las construcciones cubanas, y fué invitado por el presidente Mario García Menocal pasando un día de campo en su finca “El Chico”. También viajó a Santa Clara y a Cienfuegos ofreciendo  sendos conciertos en esas ciudades.

En esta última ciudad actuó en el Teatro Tomas Terry inaugurado en 1890. Tuve la oportunidad de visitar Cienfuegos y allí me contaron que habiendo quedado mucha gente fuera que no pudo oir al tenor, se levantó apresuradamente  una pequeña torre elevada para que Caruso cantara desde allí al numeroso público que estaba en la plaza. No sé si será cierto ese extremo.

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