Antonio Maceo “El Titán de Bronce”

El General Antonio de la Caridad Maceo y Grajales nació en Majaguabo, municipio de San Luis en Santiago de Cuba el 14 de junio de 1845 y murió heroicamente en  Punta Brava, 7 de diciembre de 1896. Fue el segundo Jefe Militar del Ejército Libertador de Cuba y era conocido como «El Titán de Bronce». Se puede decir sin dudar que Maceo fue uno de los líderes independentistas más destacados de la segunda mitad del siglo XIX en América Latina.

El mulato (mestizo) venezolano Marcos Maceo viajó a Santiago de Cuba desde Venezuela en 1823 después de que varios de sus compañeros se exiliaran desde América del Sur. Se casó con Mariana Grajales, una mulata liberta (así se llamaba a los afrocubanos que habían obtenido la libertad), de padres dominicanos, y con la cual tuvo varios hijos, además de contribuir a la crianza de otros hijos de su esposo anterior.Aunque su padre le enseñó la destreza en el manejo de las armas y habilidades en la administración de propiedades, además de educarle en un código de honor inflexible, fue su madre, Mariana Grajales, quien le inculcó una férrea disciplina, al punto de ocasionarle una pasajera tartamudez en su infancia que iría superando en la adolescencia. Esta disciplina sería fundamental en la forja de su carácter y se vería reflejada en sus actos como líder militar.

Mariana Grajales inculcó a su esposo y sus seis hijos a luchar por la independencia de Cuba o morir en el intento, lanzándose ella misma a la «manigua redentora» para apoyar desde la retaguardia las acciones de los mambises, como se conocía a los independentistas cubanos. Casi todos sus hijos, además de su esposo, caerían en la lucha por la independencia de Cuba. Antonio Maceo heredó de su padre las cualidades de líder militar, aunque no fue éste el único campo en el que se destacó, pues también fue buen negociante y administrador de las fincas que tuvo.

Su carrera militar con el Ejército Libertador Cubano comenzó cuando su padre, junto a él y varios de sus hermanos, se unieron al alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes como soldados. Por su valentía en el combate, sus habilidades estratégicas y su ejemplar disciplina ascendió con rapidez en la escala militar, a pesar de las tendencias racistas y clasistas de varios de los propios patriotas, cuyo origen era francamente burgués o aristocrático. El origen humilde de Maceo y el color de su piel demoraron el ascenso a Mayor General del excepcional mambí, aunque ya los grados de Coronel y Brigadier General los había alcanzado con rapidez. Los hombres a su mando comenzaron a llamarle “El Titán de Bronce” por su excepcional vigor físico y resistencia a las heridas de bala y arma blanca. Se recuperó de las más de 25 heridas de guerra y parecía que ninguna de ellas afectaba su valor cuando entraba en combate.

Reconoció especialmente como jefe y maestro al gran estratega dominicano Máximo Gómez, quien con el correr de los años se convertiría en el General en Jefe del Ejército Libertador de Cuba. El uso del machete como arma de guerra por parte de Gómez, como sustituto más cómodo del sable español y por la escasez de armas de fuego y municiones de los mambises, fue adoptado por Maceo y sus tropas, en las que cargaba en la caballería como uno más.

Maceo fue uno de los líderes cubanos que rechazó la firma del Pacto del Zanjón, que puso fin a la Guerra de los Diez Años. Él y algunos otros mambises (soldados independentistas) se reunieron con el Mariscal Arsenio Martínez Campos el 15 de marzo de 1878 para discutir los términos de la paz, pero Maceo protestó estos términos porque no cumplían con ninguno de los objetivos de los independentistas: ni la abolición de la esclavitud, ni la independencia de Cuba. El único beneficio era la amnistía para los que habían luchado y la manumisión para los negros que habían peleado en el Ejército Libertador. Maceo no reconoció este tratado y no se acogió a la amnistía. Este encuentro, considerado una de las páginas más dignas de la historia de Cuba, fue reconocido como “La Protesta de Baraguá”. Como detalle anecdótico puede añadirse que a sus oídos llegaron tímidas propuestas de hacer una encerrona al general español, de reconocidas aptitudes militares y diplomáticas, pero las rechazó con tal energía que los “comunicadores” de la idea prácticamente huyeron de su campamento.

Más tarde Maceo y Calixto García en Nueva York planearon una invasión a Cuba que dio inicio a la también fracasada Guerra Chiquita en 1879, en la cual no peleó directamente por haber sido enviado Calixto García delante como jefe principal, con vistas a evitar la exacerbación de los prejuicios raciales que actuaban contra Maceo, fundamentalmente a causa de la propaganda española, que lo acusaba de buscar una guerra de razas, calumnias que rechazó con indignación en repetidas ocasiones.

Luego de cortas estadías en Haití (donde se le persiguió y se le trató de asesinar por gestiones de los consulados españoles allí radicados) y Jamaica, finalmente se radicó en Costa Rica, en la provincia de Guanacaste, donde el Presidente de esa nación le asignó labores de organización militar y una pequeña finca para residir. Allí fue contactado por José Martí, el Apóstol cubano, para iniciar la Guerra del 95, llamada por él la “guerra necesaria”.

En 1895, junto a Flor Crombet y otros oficiales de menor rango, Maceo desembarcó en las inmediaciones de Baracoa (extremo oriental de Cuba) y luego de rechazar un intento español de capturarle o matarle, se internó en las montañas de esa región. Luego de muchas vicisitudes logró reunir un pequeño contingente de hombres, que rápidamente creció con los grupos ya alzados en armas en la región de Santiago de Cuba. En la finca de “La Mejorana”, Maceo se entrevistó con Gómez y Martí, en lo que evidentemente fue una reunión desafortunada por los fuertes desacuerdos entre Martí y él respecto a la constitución de gobierno civil, por la que Maceo no se pronunciaba a favor. Poco después el Héroe Nacional de Cuba (Martí) caería en combate en Dos Ríos (confluencia de los ríos Contramaestre y Cauto).

Partiendo de Mangos de Baraguá (lugar de la histórica protesta ante Martínez Campos), Maceo y Gómez, al mando de dos largas columnas mambisas, llevaron brillantemente la hazaña de la invasión militar del occidente de Cuba, llegando Maceo a Mantua a finales de 1896. Esta proeza estratégica la hicieron Maceo y Gómez luchando contra fuerzas numéricamente muy superiores (en ocasiones les quintuplicaban). Utilizando alternadamente tácticas de guerrillas y combates abiertos, agotaron al ejército español, que no pudo contener la Invasión a pesar de las dos sólidas Trochas Militares construidas para ello y la superioridad abrumadora en hombres y técnica militar. Las ansias de independencia y la crueldad de la oficialidad española hicieron que los habitantes rurales del occidente respondieran con un entusiasta apoyo económico y en hombres para las tropas independentistas. Esto provocó la puesta en vigor del plan del Capitán General Español, Valeriano Weyler, para la Reconcentración de Weyler. En estos campos de concentración perdió la vida casi un tercio de la población rural del país.

Al contrario de lo esperado por Weyler, la Reconcentración engrosó rápidamente las filas de los mambises, prefiriendo muchos campesinos la muerte en combate a la de hambre. En 1896, luego de reunirse con Gómez en la Habana, cruzando la Trocha de Mariel a Majana por la bahía del Mariel, retornó a tierras de Pinar del Río, donde sostuvo cruentos combates contra tropas numéricamente muy superiores, mandadas por generales españoles famosos por sus éxitos militares en África y las Filipinas y con artillería y las armas más modernas de infantería. Después de diezmar las tropas españolas contra él enviadas, volvió a cruzar la Trocha militar con vistas a marchar hacia Las Villas o Camagüey, donde planeaba reunirse con Gómez para planificar el curso ulterior de la guerra y con el gobierno para disminuir las diferencias entre el gobierno de Cuba en Armas (presidido por Salvador Cisneros Betancourt) y los altos mandos militares del Ejército Libertador, relacionadas con dos aspectos: los nombramientos de mandos militares intermedios y el reconocimiento de la beligerancia por las potencias extranjeras y la aceptación o no de ayuda militar directa. La posición de Maceo, en esos momentos, era aceptar la ayuda económica y alijos de armas por parte de potencias europeas y aún de los Estados Unidos, pero se oponía enérgicamente a la ayuda militar directa por parte de los norteamericanos.

Sus planes de reunión con Gómez y el gobierno en armas no llegaron a cumplirse. En las cercanías de Punta Brava, finca de San Pedro, Maceo avanzaba solamente acompañado de su escolta personal (dos hombres), el médico de su Estado Mayor, el Brigadier General José Miró Argenter y una pequeña tropa de no más de 20 hombres. Cuando intentaban cortar una cerca para continuar la marcha, fueron detectados por una fuerte columna española, que abrió un intenso fuego. Al lograr cortar una parte de la cerca y decir “¡Esto va bien!”, Maceo fue alcanzado por dos disparos: uno en el torso, no grave, y otro que luego de quebrarle la mandíbula le penetró en el cráneo. Sus compañeros no pudieron transportarle por intensificarse el fuego y junto a él quedó solamente el Teniente Francisco Gómez Toro, hijo de Máximo Gómez, quien voluntariamente enfrentó a la columna española para proteger el cadáver del general. Luego de ser herido de bala varias veces, los españoles lo remataron salvajemente a machetazos, dejando los dos cuerpos abandonados, sin saber la identidad de los caídos. Los cadáveres de Maceo y Panchito fueron recogidos al día siguiente por el Coronel habanero Aranguren, quien al saber lo ocurrido se dirigió de inmediato al lugar. Luego fueron enterrados en secreto en la finca de dos hermanos, quienes juraron guardar el secreto hasta que Cuba fuese libre e independiente y pudieran llevarse a cabo los honores militares correspondientes.

Actualmente, los restos mortales de Antonio Maceo y Grajales y Francisco Gómez Toro descansan en el monumento del Cacahual, cercano a los límites de la antigua finca de San Pedro, y es lugar de peregrinación de los cubanos. Es ya una tradición que las graduaciones de las academias militares cubanas se realicen junto al Cacahual.

Antonio Maceo y Grajales no solamente fue una figura clave en el movimiento independentista cubano de la segunda mitad del siglo XIX, además de un genial estratega militar. Su pensamiento libertario, basado en el honor y la virtud, marcó el pensamiento de la generación que le siguió, junto al pensamiento vasto y abarcador de José Martí y puede decirse que continúa viviendo entre lo mejor de la juventud cubana.

«El que intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha».

«La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos».

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Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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