Los almendrones

Cuba tiene el parque automovilístico más antiguo del mundo. Más de 70.000 coches fabricados entre 1920 y 1950 siguen andando en la isla.

En las calles y en las autopistas cubanas es habitual encontrarse a uno de los protagonistas más queridos de la isla caribeña. Lo llaman “almendrón”, y es un ejemplo vivo de superación mecánica y humana. Su carrocería, pintada de los más variados colores, brilla radiante con los cálidos rayos del sol caribeño. Los achaques de su elevada edad, en ocasiones hasta 90 años, hacen que en innumerables ocasiones se quede tirado por los arcenes.

Los almendrones son vehículos fabricados antes de 1960, año en el que entró en vigor el embargo aplicado por Estados Unidos y se suprimió la incipiente entrada de vehículos en la isla. Mercurys, Fords, Chevrolets o Cadillacs son algunas de las marcas que aún circulan por Cuba, posiblemente el depósito de coches antiguos en funcionamiento más grande del mundo.

En la isla existen hoy 75.000 vehículos estadounidenses fabricados entre 1920 y 1950, de los cuales unos 10.000 transitan diariamente por La Habana. Muchos son de uso particular, otros andan con su cartel de taxi y los hay para alquilar a los extranjeros. Existe también la opción de tomarlos como colectivos en rutas urbanas más o menos prefijadas, por poco dinero.

A veces, el almendrón te deja tirado: “Los males ocurren siempre cuando uno menos se lo espera“. Un  Chevrolet de 1956 es un milagro de la mecánica cubana y del ingenio popular. A pesar de las calles de adoquín y de las autopistas de tres carriles con baches y animales que se pueden  cruzan por el camino, los almendrones no suelen tener accidentes graves.

Antes teníamos que arreglar los carros con piezas de refrigerador o de lavadora”. Ahora se pueden adquierir piezas de otros vehículos que se pueden comprar de viejo (segunda mano). Un Chevrolet de 1956 puede llevar un motor de petróleo (gasoil) que no es el original y perteneció a una furgoneta Fiat Ducatti. Gracias a estos motores los almendrones aún funcionan. Sin ellos sería inviable echarlos a andar porque consumen demasiado.  Un litro de gasolina vale en la isla 1,40 pesos convertibles.

Estos vehículos son indispensables en un país donde no hay metro, ni trenes urbanos. Los almendrones son una garantía de transporte para los cubanos. Hasta hace poco los camellos (camiones con cabinas para transportar personas) llevaban a mucha gente, pero los han quitado casi todos. Los almendrones son preciosos y  no van a desaparecer. Los coches viejos tienen muchas ventajas y ahora están de moda. A los turistas les fascinan. Además, mientras los nuevos cargan cuatro pasajeros en el  almendrón caben 6 o 7.

Para los cubanos los almendrones  son  pedazos de chatarra rodante que a partir de  aquellos años, debido en lo fundamental a que el sistema de transporte público no ha podido cubrir la demanda  de la población, han venido cumpliendo la honrosa encomienda de transportistas de pasajeros  en la ciudad de La Habana y en otras del interior. Cualquier ciudadano que  se ve desesperado en la mañana porque  se acerca la hora de entrada al trabajo y su guagua no aparece,  recurrirá obligatoriamente  al  almendrón, que lo dejará cerca de su destino.

Al ser Cuba antes del año 59 el protectorado más importante de  Estados Unidos en América Latina, en esta pequeña isla se habían establecido los mismos patrones de consumo del  país del norte. En las vidrieras de los grandes almacenes de la calle Galiano en el centro comercial de la Habana, se mostraban,  a modo de laboratorio  de técnicas de marqueting, los productos,  que  en dependencia de la aceptación que tuvieran entre los consumidores cubanos,  serían posteriormente exhibidos y vendidos  en los escaparates de las boutiques  más nombradas de Nueva York.

Lo mismo sucedía con los automóviles. Personas pudientes podían sacar un coche del próximo año de  la agencia en el último trimestre  del año corriente. En Cuba en general,  y en la ciudad de La Habana en particular rodaban tantos autos como en las grandes ciudades de la Unión. Los que no tenían para un coche nuevo, lograban comprar uno de segunda mano.

Para el cubano un auto o cualquier otro equipo se consideran nuevos  si cumplen  sus prestaciones, digamos… en un 70 %. Debido a las restricciones y escaseces en que vivieron durante muchos años, ha nacido un sentimiento contagioso  de  optimismo, de resignación   forzada y de aceptación  de la realidad,  que sorprende a  los  extranjeros . Con la implantación del bloqueo que es como en Cuba se le llama llanamente  al embargo americano,  dejaron de llegar junto con el petróleo y los alimentos, los autos y por consiguiente las piezas de repuesto para los ya existentes. Todo se detuvo en el tiempo. Con la estampida  que se produjo hacia Miami  con la toma de las primeras medidas del joven gobierno revolucionario,  fueron confiscados los bienes de los que se fueron y por consiguiente los autos lujosos en que se movían por el país.

Más tarde se produjo la llegada del parque automotor soviético y de  los países socialistas de Europa que se quedaba a nivel de ministerios y los cacharros americanos fueron entregados  a empresas de segunda mano en las provincias, y allí  encontraron un segundo aliento con la adaptación de piezas y agregados de  autos soviéticos. Hay numerosos ciudadanos que conservan esos  armatostes contra viento y marea y rehúsan  deshacerse de ellos,  porque han sido  trasladados de padres a hijos,  como un preciado bien familiar,  envueltos  en una profunda  carga de sentimientos y añoranzas.

Los americanos mientras tanto fundían la chatarra sobrante de la guerra y construían a toda velocidad, con derroche de acero,  lujosos automóviles que rodaban por  todo el continente.   Me imagino que de ahí surge la curiosidad de numerosos turistas europeos que visitan nuestro país al toparse  en plena calle con autos sólo vistos en fotografías y  películas. Les pasan la mano, los acarician,  posan  a su lado para la fotografía  como si se tratara de un dinosaurio y al final  terminan sentados en él,  paseando por la ciudad  por unos pocos cuc. De hecho, una compañía de turismo ha creado con cierta efectividad una empresa de autos antiguos que transportan a turistas en excursiones.  Para ello se vio precisada a comprar a precio de oro los autos que estaban en manos de privados.

Se han organizado en escuderías o clubes  y se reúnen los fines de semana  en un lugar determinado para conversar e intercambiar sobre automóviles. Anualmente realizan competencias  de carrera que atraen a muchos turistas por lo novedoso.

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Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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