La Ceiba y El Templete

La Ceiba Pentandra es un árbol silvestre que existe en toda Cuba. Es característico de sus campos, como la palma real y es uno de los más grandes y de rápido crecimiento de América tropical, llegando a medir en algunos casos hasta sesenta metros de alto y más de 2 m de diámetro. Crece en climas cálidos y húmedos y puede encontrarse desde México hasta Brasil.

Desde siempre se ha oído decir que la ceiba es un arbol sagrado y que cerca de ella no hay ninguna planta que crezca más alta,pues solo ella puede ser la mayor y más vistosa de todos los árboles que crecen en algún lugar. Es muy frecuente que su tronco esté lleno de ofrendas pues muchas personas depositan allí las flores, frutas y hasta algún pequeño animal.

Sus raíces o gambas pueden alcanzar hasta 5 metros de altura, es de hoja perenne y da frutos desde los 5 a los 60 años y éstos producen una fibra parecida al algodón llamada “seda vegetal” o “cadarzo”. Cuando el árbol tiene de tres a cinco años produce este fruto con una cáscara frágil que contiene unas fibras ligeras y blandas que se usan para rellenar colchones, cojines, almohadas y cinturones salvavidas. Las semillas pueden usarse para piensos de animales, fabricación de aceites comestibles y como fertilizante. Cuando es joven su corteza es espinosa.

De los retoños se hace calalú (plato típico del Caribe), pero se dice que es contrario a la fecundidad de las mujeres y además abortivo si se toma en cocimiento con hojas de aguacate. De su tronco se hacen canoas de una sola pieza pero de poca duración, pues si bien la madera es ligera, resulta de poca calidad para ese uso. Su goma resinosa sirve para dar consistencia a los sombreros de paja, haciéndolos impermeables.

La Ceiba representaba el árbol que sostiene el universo porque las ramas están en el cielo, el tronco es donde vivimos y la raíz está en el inframundo. En Cuba la Ceiba es el árbol sagrado por excelencia para los creyentes y practicantes de la Regla de Osha y el acto de plantarla constituye un compromiso indisoluble entre la planta y el hombre, en el que este último jura cuidarla mientras viva ya que de ella dependerán su salud y su felicidad. Una vez finalizada la plantación, que debe ser antes del mediodía, se hará una fiesta en la que se sacrificarán animales. El día más apropiado para plantar una Ceiba es el 16 de noviembre, festividad de San Cristóbal, sincretizado en la Regla de Osha por Aggayú, Orisha dueño del volcán y del río caudaloso y patrono de la ciudad de La Habana.
La víspera de la festividad de San Cristóbal, muchos habaneros se congregan en El Templete que conmemora la celebración en ese lugar de la primera misa y el primer cabildo celebrados en la ciudad, para mientras formulan un deseo, dar tres vueltas a la Ceiba allí plantada. Esa Ceiba conmemora que bajo la sombra de uno de esos árboles se asentaron los fundamentos civil y religioso de la ciudad. En la regla de Osha, la ceiba es conocida como Iroko, que es sincretizada con la Purísima Concepción, por la serpiente que recuerda una de las tres expresiones de Iroko, que toma la forma de un majá (especie de serpiente). Iroko es dueña y habitante de la Ceiba.

La Ceiba, como la palma real, es el árbol más característico de la Isla y el árbol sagrado por excelencia. Al extremo que cabría preguntarse si es objeto de un culto independiente, culto de la Ceiba en el que comulgan por igual, con fervor idéntico, negros y blancos, si no supiésemos ya que todos los muertos,los antepasados, los “santos” africanos de todas las naciones traídas a Cuba y los santos católicos, van a ella y la habitan permanentemente.

Si se interroga a un guajiro, sobre este misticismo que despierta la Ceiba en todo el país, dirá invariablemente que “está bendita”, que sus mayores le han enseñado a adorarla, porque “es lo más sagrado y lo más grande de este mundo”. Y todos repetirán exactamente lo mismo: “La Ceiba es santa” “Es el árbol de la Virgen María” “Es el árbol del Santísimo” o “del Poder de Dios”, o que es “árbol del misterio”. Prueba de ello, que los elementos desencadenados la respetan: no la abate, no la desgaja el huracán más fiero: no la fulmina el rayo.”El rayo respeta a la Ceiba y a más nadie”

Talar una Ceiba es una  atrocidad. La Ceiba ni se corta ni se quema. Nadie sin hacer “ebbò” previamente, sin consultar a los Orishas y tomar precauciones se atreverá a derribar uno de estos árboles imponentes que se secan centenarios, adorados y temidos de todos en los campos de Cuba. Es comprensible que para la mayoría de nuestros negros y de nuestros campesinos, ambos en estrecha convivencia, respondiendo puramente a un atavismo, a un instinto religioso milenario, y en el fondo, común a todo el género humano, un árbol de tales proporciones y de belleza tan solemne y mayestática, aparezca como la materialización de alguna poderosa divinidad: esta divinidad de la ceiba se impone sencillamente. “Hasta tocar la Ceiba con la mano, fortifica”. Todo en ella es beneficioso aunque sólo sea contemplarla, y si llueve, mirar el agua que resbala por su tronco, “refresca el corazón”.

Quien ha vivido en Cuba sabe hasta qué punto es difícil derribar uno de estos árboles prodigiosos, eminentemente santos o brujos, que venera el pueblo con una fe que se resiste a poner en duda su divinidad. La mayoría se niega rotundamente a cometer este acto de impiedad indiscutible, echarlas abajo es pecado, con todos los agravantes de un pecado mortal. Las ceibas se vengan. Las ceibas no perdonan.

Se considera sagrado para blancos, negros o asiáticos practicantes de diferentes cultos sincréticos. Para estos últimos es el trono de Santán Kón, la versión china de Santa Bárbara, y para los campesinos en general el Árbol de la Virgen María.

El Templete y la ceiba.

La Villa de San Cristóbal de La Habana, fue fundada en nombre de los Reyes de España. La denominación de la Villa proviene de la fusión del nombre del santo escogido para bautizarla y del nombre por el cual se le conoció en sus primeros asentamientos. En opinión de la mayoría de los historiadores, el nombre de Habana se le otorga por un cacique llamado Habaguanex que gobernaba de Matanzas hasta el Mariel que se opuso a la expansión de los españoles en sus tierras pero que en una oportunidad protegió a dos sobrevivientes de un grupo de españoles que habían naufragado.

Por su posición geográfica, la villa de Puerto Carena (como también se le llamaba) se desarrolló rápidamente. La bahía situada a la entrada del golfo de México, constituyó una vía expedita para la navegación, lo cual resultaba favorable para el cruce oceánico de las grandes flotas que llevaban a bordo las riquezas del nuevo mundo hacia el imperio Español, por lo que la villa se convirtió en punto de partida de estos convoyes. Esto trajo como consecuencia un acelerado desarrollo con respecto al resto de las demás villas y esta cualidad determinó que el 14 de febrero de 1553 se declarara capital de la isla cuando la Audiencia de Santo Domingo ordenó que el gobernador viviera en la Villa de San Cristóbal de La Habana aunque no fue hasta 1602 que se reconociera como tal. Años más tarde, el 20 de diciembre de 1592 se le otorga el título de Ciudad.

El 16 de noviembre de 1519 se celebró la primera misa y el primer cabildo, momento histórico que se reconoce como el acto fundacional de nuestra ciudad. Una frondosa Ceiba fue testigo de este acontecimiento y bajo su sombra se celebró la religiosa ceremonia. En este sitio situado en la Plaza de Armas, fue edificado en 1823, El Templete que representa un templo griego en pequeñas dimensiones.

Una de las tradiciones más antiguas de la Villa de San Cristóbal de la Habana es la de dar tres vueltas a la ceiba,lanzar unas monedas en sus raíces y unido a esto, pedir tres deseos al tan venerado y añejo árbol.  Cada 15 de noviembre los habaneros y los visitantes de la ciudad se reúnen alrededor de este mito urbano ubicado frente al Templete para conmemorar el día de la Fundación de la ciudad.

El templete es la edificación que está justo frente al Palacio de los Capitanes Generales hoy Museo de la Ciudad y es una pequeña construcción comparada con aquella, de estilo neoclásico, conmemorativa de las ceremonias fundacionales de la Villa de San Cristóbal de La Habana.

El  pequeño templo grecorromano se inauguró el 19 de marzo de 1828, en homenaje a la reina Josefa Amalia, esposa de Fernando VII. En su interior se colocaron tres grandes lienzos, que representan una advocación a la primera misa, el primer cabildo, y un lienzo central,pintado con posterioridad, donde aparece una escenificación del acto de bendición del lugar y la misa del obispo Díaz de Espada, en presencia del Capitán General, la aristocracia y altos funcionarios del gobierno colonial, realizados por el pintor francés Jean Baptiste Vermay. Las pinturas sólo se han desmontado en una ocasión para ser restauradas. Los restos del pintor  y los de su esposa se encuentran en el interior puestos en un cenotafio de mármol de Carrara.

De aquella ceiba primitiva, ya  solo queda su recuerdo, pero ahora, se yergue otra tan poderosa y venerada como aquella por los practicantes y creyentes de las religiones de origen africano pues cada 16 de noviembre miles de personas de diferentes edades, procedencia, raza o sexo acuden a darle 3 vueltas (sin dejar de tocarla) y echarle dinero para pedir 3 deseos.

Como esta tradición solo es este día del año,cada vez gana más y más personas en espera de milagros y se está convirtiendo en un acontecimiento social más que religioso. Vienen de todas partes incluso de países muy lejanos. Si usted se encuentra en Cuba por esos días, no deje de darle las 3 vueltas a la Ceiba, echarle sus moneditas y con muchísima fe, esperar que el amor, la salud y la buena suerte lo acompañen.

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