Trinidad es Patrimonio Mundial de la Humanidad

La ciudad de Trinidad se halla en la región central de Cuba, específicamente en el sur de la provincia de Sancti Spíritus, y es la capital del municipio del mismo nombre.

La Villa de la Santísima Trinidad fue la tercera fundada por la Corona española en Cuba, a principios de 1514 con la presencia del Adelantado Diego Velázquez de Cuéllar y fue evolucionando con rapidez, lo que facilitó que fuera una de las más prósperas de la mayor de las Antillas.

Es la ciudad cubana que conserva con mayor fidelidad la impronta de su pasado colonial.

Caminar por las calles y plazas de su centro histórico puede resultar un viaje en el tiempo de  principios del siglo XIX cuando la villa prosperaba al calor del boom azucarero que se registraba en la Isla.

Conserva, casi inalterados, conjuntos arquitectónicos de gran valor: calles, plazas y plazuelas empedradas,, edificaciones cubiertas con tejados de barro, con estilos arquitectónicos provenientes de Andalucía y Canarias. Antiguas casonas de puntales muy altos y enormes puertas y ventanas trabajadas en maderas preciosas.

Un lugar que no se puede dejar de visitar es la Plaza Mayor. A su alrededor se construyeron los palacetes Brunet y Padrón, hoy los museos Romántico y de Arqueología, respectivamente, y mansiones como las de Ortiz y Sánchez-Iznaga, donde actualmente se encuentran instaladas la Galería de Arte y el Museo de la Arquitectura. Muy cerca está la Iglesia parroquial Mayor, exponente del neoclásico del siglo XIX.

La labor de conservación y restauración emprendida por los especialistas de esta zona y el amor que profesan a su ciudad sus habitantes, propició que sea una de las ciudades coloniales mejor conservadas no sólo de Cuba, sino también de América e inscribirse en 1988 como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco junto con el Valle de los Ingenios, una zona donde prosperó la industria azucarera con la llegada de las familias Iznaga, Borrell y Brunet a mediados del siglo XIX.

Esta producción azucarera, que enriqueció a los dueños de esos ingenios, hizo que surgieran tanto en Trinidad como en el Valle, casonas y palacetes que hoy son orgullo de la cultura cubana. La fecha de su fundación se celebra cada año con una Semana de la Cultura Trinitaria y en enero de 2009 se festejó el cumpleaños 495 de la ciudad.

La fiesta tradicional que se celebra entre la población campesina es la Candelaria y se efectúa el 2 de febrero en el poblado de Condado,es de origen canario y con basamento en la fe católica. Consiste en una gran feria donde se ofertan productos de todo tipo: artesanales, industriales, comidas y bebidas. Se realizan procesiones, bautizos colectivos, fiestas particulares, juegos de azar. Las peleas de gallos en la actualidad están prohibidas por su crueldad.

Entre los lugares de interés más importantes, citaremos:

– Museo de Historia: está situado en el antiguo Palacio Cantero, cuyo antiguo propietario era Don José Mariano Borrell y Padrón un terrateniente local, posteriormente es heredado por Don José Mariano Borrell y Lemus y en 1841 la vende a la viuda de Iznaga, Doña María del Monserrate Fernández de Lara y Borrell, la cual casa en segundas nupcias con Don Justo German Cantero, nombre por el cual es conocido el palacio. Este bello museo muestra piezas y documentos históricos de la villa trinitaria.

– Museo de Arqueología Guamuhaya: fundado el 15 de mayo de 1976 muestra en occho salas permanentes objetos pertenecientes a las comunidades aborígenes que vivían en la región centro-sur de la Isla de Cuba durante la etapa precolombina, además de algunos artículos valiosos de la etapa colonial, de la ciudad y los valles cercanos. Se encuentra ubicado en la antigua Casa de Padrón.

– Museo Romántico: recrea en sus catorce salas el ambiente de una típica residencia colonial trinitaria de los años 1830-1860 con una muestra de muebles y artes decorativas de los siglos XVIII y XIX.

– Museo de Arquitectura Colonial: Cuenta con siete salas de exposiciones y está situado en la antigua casa de la acaudalada familia Sánchez. Muestra el desarrollo arquitectónico de la ciudad en el transcurso de los siglos.

– Casa de la Trova de Trinidad: es un centro de reunión para las generaciones más jóvenes, se encuentra en un inmueble de 1777 que ha sido restaurado para el disfrute popular, donde se realizan conciertos periódicos.

El turismo en Trinidad es una actividad relativamente nueva en la ciudad que recibió un gran impulso después de la declaración como Patrimonio Mundial. Además de los hoteles tradicionales se suman otros que combinan el lujo con la tradición colonial.

Como detenida en el tiempo, Trinidad regala al visitante los extraordinarios encantos de una sorprendente ciudad-museo enclavada entre el mar y la montaña.

Comprende un área de 1165 km2 y se ubica al centro-sur de Cuba, mirando al Mar Caribe, en las faldas del macizo montañoso de Guamuahaya o Escambray.Se accede por carreteras que la conectan con el resto del país y cuenta con un aeropuerto en el que pueden operar aviones de pequeño y mediano tamaño.

Unido a valores históricos y culturales del territorio, los atractivos de la zona montañosa del Escambray, las playas y las bellezas de sus fondos marinos, así como la hospitalidad de la gente, la hacen una de las partes más lindas de Cuba.

Trinidad es una de esas ciudades que invita a recorrerla. Sus museos, plazas y calles adoquinadas hacen posible remontarse en el tiempo. Una vez en el territorio invita a conocer la simbólica torre de Manaca-Iznaga, desde donde se domina el Valle de los Ingenios; las playas de Ancón y María Aguilar, el Salto del Caburní, la Cueva de las Calaveras y el Lago Zaza que es periódica sede de torneos de pesca de la trucha. Visitar sus cayos cercanos entre los que se destaca Cayo Blanco de Casilda resulta de gran interés para los interesados en el buceo.

También es muy recomendable visitar la capital provincial, Sancti Spíritus, cuna de trovadores y una de las urbes cubanas donde más puede disfrutarse de la naturaleza, pues a pesar de estar ubicada en el centro de la Isla, cuenta con la cercanía del lago Zaza, de importantes zonas tabacaleras y de regiones montañosas.

A poca distancia de Trinidad se encuentra el famoso Valle de los Ingenios. Como ya dijimos, a principios del siglo XIX, la villa se desarrollaba a ojos vistas gracias al fomento de la industria azucarera. En el Valle de los Ingenios, formado por los también valles de San Luis, Santa Rosa, del Agabama, la depresión del Méyer, y enmarcado por las serranías de Aracas, existen monumentos arquitectónicos y arqueológicos, ruinas de antiguos ingenios que hablan al hombre de hoy de la actividad económica de sus antepasados.

El Valle es una extensa planicie de forma triangular que abarca alrededor de 250 kilómetros cuadrados y comprende en su interior los valles de San Luis, Agabama-Méyer y Santa Rosa, además de la llanura costera del sur, delta del río Manatí. Situado en la Provincia de Sancti Spíritus, en el centro de Cuba, también  fué reconocido por la UNESCO, como Patrimonio de la Humanidad, junto con la ciudad de Trinidad en 1988.

Fomentando una de las regiones azucareras más grandes de la época, la aristocracia criolla se asentó en el valle desde el siglo XVII hasta el XIX dedicándose a la industria azucarera en gran escala, entre 75 mil y 140 mil arrobas de caña por caballería, basadas en el trabajo de los esclavos.

El valle cuenta con 65 sitios arqueológicos, incluidas 13 casas haciendas, algunas de la cuales cuentan aún con sus calderas, torres, sistemas industriales de la época y vestigios propios de la producción azucarera, de los siglos del XVIII al XIX. Entre los antiguos ingenios podemos encontrar:Manaca Iznaga, Guáimaro, Buena Vista o San Isidro de los Destiladeros

Los encargados de desempeñar la tarea su conservación son los trabajadores y especialistas de la Oficina del Conservador de Trinidad y el Valle de los Ingenios que lleva a cabo desde el año 2000 proyectos importantes de restauración en sitios que se encontraban muy deteriorados. Entre ellos la Casa Guámairo es una de las primeras en resurgir de sus ruinas con el trabajo mesurado que se lleva a cabo, sobre todo en las pinturas murales realizadas en 1859 por el pintor y arquitecto Daniel Dall Aglio. Por otro lado, con la colaboración de la UNESCO se remozó el ingenio San Isidro de los Destiladeros incluido en 1999 en la lista de los 100 sitios en peligro, nominación patrocinada por World Monument Fund (Fundación para los Monumentos del Mundo) que busca y promueve financiamiento para lugares históricos y patrimoniales en peligro.

Con la más poderosa tradición alfarera en Trinidad, en la provincia de Sancti Spíritus, la familia Santander mantiene unos cinco talleres de fabricación y comercio.

Asegura un censo de 1846 que en la villa de la Santísima Trinidad ya vivían 25 alfareros con sus rústicos tornos movidos por el pie con el barro de las cuevas cercanas.La familia Santander, dueña de la más poderosa tradición de ese arte en la ciudad está ahora en pleno auge.Efectivamente a finales del siglo XIX, en uno de los barrios más alejados, un inmigrante español le enseñó pacientemente las claves de la alfarería a un joven alfarero local. La primera instalación, que se anunciaba como Taller Santander, fábrica de obras huecas y materiales de construcción, resultaba decisiva para proveer a la comarca de tejas y ladrillos. Más tarde también empezaron a elaborar jarrones, tinajas, filtros para agua, porrones y macetas.

Amigo lector que rozaste una vez más la suave y policromada pluma del Tocororo, si vas un día a Trinidad, quedarás asombrado con  lo que vas a ver. Y cuando pasees por sus calles empedradas, es posible que te encuentres con la Canchánchara, lugar donde se sirve esa rica y tonificante bebida.

Se dice que La Canchánchara era una antigua bebida que preparaban los mambises mezclando aguardiente con miel y cualquier cítrico que tuvieran a mano. Se tomaba caliente como un trago nutritivo y tonificante. Servía para soportar el frío en la manigua y contrarrestar, en alguna medida la tensión que tenían que soportar después de las violentas cargas con machete. La mezcla de sus fuertes ingredientes, les permitía calentar el pecho, infundirse valor y protegerse de las afecciones respiratorias.

A principios de 1980, al restaurar una de las zonas del casco histórico de Trinidad, un equipo de trabajo del Museo de Arquitectura de la ciudad, realizó un proyecto para rescatar La Canchánchara, como un trago que sobrevivió gracias a la tradición oral. El equipo restauró una antigua casa trinitaria y diseñó toda la vajilla, de la cual sólo ha perdurado una taza de barro que simula la jícara, vasija donde se supone los mambises bebían La Canchánchara. Actualmente el lugar, aunque ha perdido algunos de sus encantos iniciales, es uno de los más visitados por el turismo internacional.

La Canchánchara ha sufrido la variación del hielo para enfriar el trago porque inicialmente se tomaba caliente. Para prepararla se necesita: Media onza de miel, jugo de limón natural, 2 o 3 cubitos de hielo y lo más importante, ron o aguardiente de caña. Todo esto se pone en un recipiente de barro y se sirve con un absorbente (paja para refrescos)  Este trago se ha convertido en un símbolo de la añeja villa, Patrimonio de La Humanidad.  Salud.

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