El Médico Chino

Estimado lector que rozas la suave y policromada pluma del Tocororo:

¡A ese no lo salva ni el médico chino! Esta es la frase muy popular que todos los cubanos conocen. Se usa cuando alguien está muy grave y ya no hay curación para él.

La frase se refiere a la excelencia de un supuesto doctor de China que residió en Cuba y se hizo famoso porque salvó a muchos enfermos de máxima gravedad.

Hay quienes piensan que el asiático al que se le atribuyen dotes tan excepcionales no existió, y que forma parte del imaginario popular. En mi opinión (muy poco o nada autorizada) la realidad es que seguramente hay una mezcla de realidad con fantasía que con el tiempo ha ido tomando cuerpo hasta fabricarse la leyenda.

En cualquier caso hay una serie de hechos que parecen ser seguros y que hicieron posible el mito.

En el siglo XIX arribaron a Cuba muchos  culíes chinos procedentes de Cantón. Culí es un apelativo utilizado para designar a los cargadores y trabajadores contratados con escasa cualificación provinientes de países asiáticos.La utilización de estos peones aumentó tras la abolición del comercio de esclavos. Entre estos chinos, llevados al país bajo términos de semiesclavitud, hubo botánicos y practicantes de la medicina tradicional.

Además, no es de extrañar que algunos chinos, mineros, campesinos o labriegos, tuvieran conocimientos médicos. Es muy usual, incluso ahora, ver a gente común tratar dolencias menores con el uso de masajes, acupuntura y preparados chinos tradicionales a base de frutas, hierbas y vegetales. Así que a Cuba llegaron ellos como fuerza de trabajo pero acompañados de su acervo cultural.

En el habla popular del cubano, al “Médico Chino”,que posiblemente nunca ha visto, se le considera como  practicante de técnicas inimaginadas y dueño de una panacea que curaría todas las dolencias. Así que lo imposible para el médico chino quedaría sin solución ante las manos de cualquier otro galeno.

En realidad no hubo un médico chino, sino varios. Efectivamente, durante décadas y décadas varias provincias de este país se han disputado la existencia del legendario médico procedente de China, famoso por curar graves enfermedades.

Debemos tener en cuenta además que con el establecimiento de la independencia formal de Cuba el 20 de mayo de 1902 quedaron abiertas las puertas de la Universidad de La Habana, única del país, a la juventud cubana sin discriminación de razas, sexos o ideas religiosas, lo que pudo permitir que no pocos hijos de inmigrantes chinos, que tenían ya buenos recursos económicos, se matriculasen en carreras universitarias, principalmente en la Facultad de Medicina.

Kan Shi Kom
El primero del que se tiene noticia es Kan Shi Kom que disfrutó de gran prestigio a mediados del siglo XIX en La Habana, donde residía en la calle Rayo esquina a San José y que a su muerte ocurrida en 1885 le siguieron unos funerales con gran pompa que fueron comentados en toda la ciudad.

Liborio Wong cuyo nombre original chino era Wong Seng fué un héroe de la Guerra de los Diez Años (1868-1878). Era médico botánico de labradores chinos en las cercanías de Manzanillo  quien se incorporó al Ejército Libertador desde comienzos de la contienda y se destacó como capitán ayudante del Mayor General Modesto Díaz, con quien combatió valientemente en infinidad de combates y cuando se llevó a cabo el Pacto del Zanjón, el Capitán Wong Seng fue de los que salvó el honor de Cuba, al mantenerse junto a las fuerzas del Mayor General Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá.

Juan Cham-Bom-Bián (Juan Chambombián) (Chang Pon Piang)

Indiscutiblemente el más conocido de los médicos botánicos chinos en Cuba lo fue el célebre Juan Cham-Bom-Bián. Su verdadero nombre, el que usaba al llegar a Cuba, era Chang Pon Piang, pero el habla popular cubano lo transformó en Cham-Bom-Bián que en castellano quiere decir Sol Amarillo. Sin embargo en un documento existente en el Archivo Nacional de Cuba correspondiente al expediente de la causa judicial que se le siguió por ejercicio ilegal de la medicina en La Habana, se le nombra Juan Chambombián y en esa forma lo llevan sus descendientes en la actualidad.

Este asiático, un estudiante de medicina llamado Cham Bom Biam, llegó a La Habana a finales del siglo XIX, con un contrato para realizar trabajos agrícolas en la localidad de Coliseo, en la occidental provincia de Matanzas.

Lo cierto es que Cham Bom Biam se las ingenió para continuar sus estudios hasta graduarse de Doctor en Medicina y de inmediato comenzó a ejercer como médico rural en el mismo lugar donde antes hacía sus labores en el campo.

Su notoriedad de excelente galeno, capaz de hacer milagros con sus conocimientos, hizo que lo buscaran enfermos de distintas provincias del país.

El reclamo de los habaneros hizo que se trasladara a la capital, donde acrecentó su fama, hasta que en el pueblo comienzó a circular la famosa frase de que si a un enfermo grave no lo salvaba ese médico chino, ya no había ninguna  esperanza.

Chambombián pertenecía a la etnia Jaca, del sur de China y como tantos de sus compatriotas a sus nombres de origen, que usó unidos como apellido, agregó el patronímico cristiano en español,Juan. Por el expediente promovido para adquirir la ciudadanía hispana en 1860 sabemos que tuvo residencia constante en la Isla desde que en 1854 se le concedió carta de domicilio en La Habana. En la capital de la colonia ejerció el oficio de cigarrero y practicaba la medicina botánica tradicional de su país, función para la que había venido a Cuba junto a un grupo de agricultores chinos.

La terapéutica que utilizaba en su ejercicio médico  consistía en medicamentos preparados por él mismo con plantas medicinales cubanas o con productos provenientes de San Francisco, California. Sobre esto último existe una denuncia de 1863 en que se le acusa de recibir una partida de medicamentos de dicha ciudad norteamericana, sin la correspondiente licencia.

Acosado por denuncias de ejercicio ilegal de la medicina se traslada a Matanzas, en cuya ciudad ejerció con no menos popularidad que en La Habana hasta 1871 en que se traslada a Cárdenas, por ser esta ciudad en aquella época asiento de un gran número de chinos. En la Perla del Norte estableció su hogar donde tenía su botica, en la que preparaba los medicamentos que empleaba, aunque también se los confeccionaban en la farmacia china que existía en la Tercera Avenida número 211, en dicha ciudad.

A tal grado llegó su prestigio como curador de enfermos que una frase sobre él, que en su época se hizo tradicional ante los pacientes sin esperanzas de salvación, “a ese no lo cura ni el médico chino” que todavía es popular en nuestros días. Sin poderse precisar la fecha, el célebre Chambombián fue encontrado muerto en su domicilio de Cárdenas, donde vivía completamente solo. Sobre la causa de su fallecimiento se hicieron muchas conjeturas. Según algunos fué envenenado, para otros se había suicidado con algunos de los alcaloides desconocidos que guardaba, pensándose en esto último por la predisposición al suicidio que se manifestaba en los chinos de la época en Cárdenas.

El célebre médico botánico chino Juan Chambombián se ganó un lugar único en la historia de la práctica médica empírica en Cuba por sus indiscutibles conocimientos sobre las plantas medicinales su preclara inteligencia y habilidad en el diagnóstico clínico, más que por sus conocimientos científicos teóricos por su poder de observación junto al enfermo, en una larga y constante práctica médica, pero además por sus tantas veces probados desprendimiento y desinterés económico y su profundo amor a la humanidad.

El médico chino fué descrito por los que le trataron como hombre de elevada estatura, de ojillos vivos y penetrantes algo oblicuos, con largos bigotes a la usanza tártara,perilla larga y rala, pendiente del mentón, y solemnes y amplios ademanes además de un lenguaje figurado y ampuloso. Vestía como los occidentales, y en aquella época que no se concebía en Cuba a un  médico sin chistera y chaqué, él también llevaba con cómica seriedad su holgada levita de dril”.

Sobresalió siempre por sus grandes conocimientos médicos, que le llevaron incluso a realizar curas asombrosas de enfermos desahuciados por la ciencia. Se decía que sólo cobraba sus servicios a los que podían pagarle y atendía de forma gratuita a los más pobres, a quienes decía: “Si tiene dinelo paga pa mí.  Si no tiene, no paga; yo siemple da la medicina pa gente poble”.

Ramón Lee

En los primeros años del siglo XX, en las inmediaciones de las calles Zanja y Soledad, en el famoso barrio chino, consultó con éxito notable Ramón Lee, quien curaba mediante la acupuntura y otras técnicas de su país, unidas a su formación médica.

Poco disfrutaron los habaneros de la sabiduría de Lee. El médico chino fue llamado a atender a la hija de un importante y rico comerciante habanero. Entre la muchacha y el chino nació un amor que no fue tolerado por los estirados padres, dada la ascendencia asiática del pretendiente.

Para alejarla de Lee se llevaron a la chica a vivir con unos parientes de Nueva York y hasta allá se fue el médico chino en busca de su amada, con quien se escapó. Se casaron y establecieron en el China Town de la populosa ciudad de San Francisco. Allí se perdió el rastro de la cubana y el médico chino.

El Chino Siam

Un doctor llamado Sián o Siam, cuya existencia transcurrió en Santa María del Puerto del Príncipe, hoy en la centro-oriental provincia de Camagüey, es identificado por los lugareños como el célebre que dio pie a la popular expresión.

Sián llegó a la Ciudad de los Tinajones allá por el 1840, procedente de Beijing (Pekín, capital de China), en condición de médico y con comprobados conocimientos de la medicina oriental, muy diferente a la empleada en aquella época en tierras agramontinas (de Agramonte, pueblo de la provincia de Matanzas).

Pronto se convirtió en un personaje famoso en la villa, pues ciertamente curaba lo que otros no podían por carencia de instrucción adecuada.

Asombrados por las curaciones del chino, muchos lo consideraban un curandero. Hasta que durante una procesión, de manera inesperada el médico se arrodilló delante de la virgen de Veracruz y de ahí en adelante se le consideró cristiano.

El chino Siám se bautizó el 25 de abril de 1850, y adoptó como nombre Juan de Dios Siam Zaldívar, pero firmaba con un pincel, antigua costumbre asiática que mantuvo, con el nombre con el que llegó a Puerto Príncipe para diferenciarse de otros Siam ya existentes en la villa.

Siam tuvo descendencia por dos líneas: una legítima con una mujer blanca, y otra creada en concubinato con una mujer negra, y los descendientes de ambas ramas todavía viven en Camagüey, orgullosas de su ascendencia asiática y de su tan famoso pariente.

El célebre personaje murió en 1885, poseedor de una gran fortuna, la cual comenzó a fomentar desde su llegada, pues al contrario de otros emigrantes asiáticos, llegó a tierra cubana, con un capital base de 20 mil pesos en oro español, el cual aportó a su matrimonio, algo inusual entre los chinos de la época.

Chang Bu Bian (Damián Morales)

En 1852 un gran sismo sacudió Santiago de Cuba. El terremoto y la creciente epidemia fueron responsables de que cientos de personas incrementaron el número de fallecidos. Los empleados de sanidad se negaban a conducir los cadáveres al cementerio. En ocasiones, los cuerpos sin vida de las víctimas permanecían por más de 24 horas sin recibir sepultura. Los reclusos traídos de la Habana fueron obligados a cumplir todas las tareas del rito funerario.

Cuando la epidemia azotaba a gran parte de la población, apareció el Médico Chino, Damián Morales, que utilizaba un extraño método de curación: con sus dedos índice y pulgar presionaba determinados puntos y los tendones en las axilas del enfermo hasta hacerlos vibrar. También, en el cuello, tiraba de la piel que cubre la laringe o bocado de Adán hasta provocar la aparición de un hematoma. Luego, con una moneda china friccionaba fuertemente los brazos, la articulación de la parte posterior de la rodilla, los omóplatos y la columna vertebral. Esta práctica es descrita en un tratado chino de masajes, que data del siglo XIV. Cuentan las crónicas que el proceder hacía sufrir mucho al enfermo, pero en realidad se curaba.

La fama del médico chino santiaguero se extendió como reguero de pólvora y para facilitar su labor, las autoridades le ofrecieron un carruaje y dos caballos.

El legado de todos los médicos chinos que ejercieron en Cuba durante los siglos XIX y XX conformó el mito unitario del “Médico Chino”. Más allá del mito, ahora casi todas las clínicas y hospitales locales de Santiago de Cuba poseen un servicio de Medicina Tradicional China, donde la acupuntura, la reflexología, los masajes, los calores y los linimentos están a la orden del día.

Y ahora, amable lector que rozaste una vez más la suave y policromada pluma del Tocororo, ¿podrías decirnos con seguridad  quién fue el auténtico Médico Chino de quien habla la leyenda?

Yo prefiero creer que fueron todos ellos. Amén

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Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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2 respuestas a El Médico Chino

  1. Juan Lopez dijo:

    En Las Villas fue el Dr. Lamar, medico de Sierra Morena y despues de Ranchuelos. Graduado en La Sorbona, Francia, ejercio durante años en China y despues en Cuba. Fue un gran medico.

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