El Capitolio de La Habana

El Capitolio, del latín Capitolium, era una de las Siete Colinas de Roma. El Capitolinus Mons (Monte Capitolino) era la ubicación del centro religioso y político establecido durante la antigua república romana. Actualmente se le conoce por el nombre en italiano “Campidoglio” y la plaza que lo forma fue diseñada por Miguel Ángel. En ella se encuentran actualmente los Museos Capitolinos, así como la sede de la Alcaldía de Roma. Fue en la sede de la Alcaldía donde se firmaron en 1957 los Tratados de Roma, que dieron origen a la Comunidad Económica Europea y a la Comunidad Europea de la Energía Atómica. Los Museos Capitolinos albergan también la imagen de la loba capitolina que según la leyenda amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad. Posteriormente el nombre se usa para referirse al edificio que alberga el poder ejecutivo y/o legislativo de una ciudad, región o país.

El Capitolio Nacional de La Habana es un magnífico edificio construido en 1929 bajo la dirección del arquitecto Eugenio Raynieri Piedra, destinado a albergar y ser sede de las dos cámaras del Congreso o cuerpo legislativo de la República de Cuba. Inspirado en el clásico capitolio romano, el edificio tiene una fachada columnada neoclásica y una cúpula que alcanza los 91,73 m de altura.

Situado en el centro en el centro de la capital del país, entre las calles Prado, Dragones, Industria y San José, es el punto cero kilométrico de la red de carreteras cubanas, y después del triunfo de la Revolución, cuando fue disuelto el Congreso, fué transformado en sede del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y de la Academia de Ciencias de Cuba.

Abierto al público, es uno de los lugares turísticos más visitados de la ciudad, habiéndose convertido en uno de los iconos arquitectónicos de La Habana. Asimismo, algunos expertos lo han considerado como uno de los seis palacios de mayor relevancia a nivel mundial.

En el año 1925 el General Gerardo Machado Morales asumió su primer período presidencial con la idea de celebrar en La Habana en 1928 la Sexta Conferencia Internacional Panamericana, en un edificio adecuado. Carlos Miguel de Céspedes, su secretario de Obras Públicas, encargó a la firma de arquitectos Govantes y Cabarrocas el estudio del nuevo proyecto del Capitolio, a partir de unas bases ya sentadas, introduciendo las modificaciones que fueran necesarias.

Se creó una comisión a tal efecto a cuyo frente se encontraba el arquitecto Raúl Otero, en la que participaron también los miembros del equipo francés que se encontraba en La Habana trabajando en un Plan Director para su reordenamiento urbano. Dicho equipo se encontraba dirigido por el urbanista y paisajista Jean-Claude Nicolas Forestier que participó también a los estudios del proyecto del Capitolio.

Forestier aportó un conjunto de nuevas soluciones, en las que se hallan muchos de los elementos exteriores que hoy apreciamos en el edificio como la gran escalinata y las logias laterales de la fachada principal. La dirección del proyecto fue llevada a cabo por arquitectos cubanos: Raúl Otero fue designado Director Artístico de la obra, encargado de la documentación de planos y los detalles del proyecto, y Eugenio Raynieri fué nombrado Director técnico a cargo de la ejecución y el presupuesto y asumiría más tarde también la parte artística del trabajo hasta su culminación.

El arquitecto José M. Bens, también introdujo modificaciones muy importantes como la proyección exterior de los cuerpos laterales de los hemiciclos, la segunda línea de fachada de las logias y la silueta general de la cúpula. La compañía norteamericana Pudrí & Henderson Company tuvo a su cargo la construcción del edificio.

Al proyecto del capitolio resulta imposible asignarle una autoría exclusiva porque  fue una obra que ya desde el principio fue recibiendo a través de estudios sucesivos un minucioso trabajo de diseño cuya materialización dio lugar a la expresión y la imagen final del edificio.

Con el propósito de realizar un proyecto de organización urbana de la ciudad de La Habana, Gerardo Machado contrató los servicios del destacado arquitecto, urbanista y paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, quien había realizado importantes trabajos anteriores en España, Marruecos y Portugal. Además de sus realizaciones en La Habana, entre 1925 y 1929, intervino en compañía de sus colaboradores más cercanos, Louis Heitzler y Théodore Leveau, para aportar sus experiencias y sugerencias en el enriquecimiento del proyecto del Capitolio y sobretodo a lo referente a los parques y jardines del entorno, que servían de marco paisajístico para el conjunto.

El presidente Gerardo Machado concibió, con un gran delirio de grandeza, la ejecución de un ambicioso proyecto en cuyo centro de mira se hallaba la realización de un conjunto de obras de remodelación que perseguían el propósito de crear un impresionante marco monumental para la celebración en La Habana de la Conferencia Panamericana en 1928 y, de una posible toma de posesión de su segundo mandato, que debía de ocurrir en 1929.

Este plan para remodelar La Habana contaba como motivo principal el edificio del Capitolio, que albergaría las sedes del Poder legislativo, la Cámara de Representantes y el Senado de la República.

Forestier, en su propuesta, respetó básicamente la estructura existente de la ciudad colonial, proyectando en su entorno inmediato un conjunto de espacios públicos y parques. Esta remodelación empezó con los parques de la Plaza de la Fraternidad Americana, situado en los antiguos terrenos del Campo de Marte, los jardines del Capitolio, el Parque Central, la franja del Paseo del Prado, el conjunto de parques de la plaza del Palacio Presidencial y los de la Avenida del Puerto.

El proyecto para los jardines del Capitolio se concibió como un sistema de senderos floridos que se correspondían con los accesos de entradas de las diferentes fachadas del edificio, a la vez que conjugaban con las jerarquías de las vías que conformaban el trazado versallesco de su diseño. Estas sendas de terrazo integral en diferentes colores: blanco, gris y negro, empleaban una composición con motivos decorativos de líneas y elementos geométricos que acentúan las direcciones o destacan puntos o áreas determinadas.

El estudio de la vegetación, desarrollado a partir del dominio y el conocimiento del paisajismo y la jardinería que Forestier tenía, se dirigió a enmarcar la monumentalidad del edificio, compaginando la arquitectura del capitolio con especies como lantanas moradas, cannas rojas y amarillas, embelesos, y un conjunto de palmas reales situadas en los cuatro ángulos del edificio como culminación del tratamiento, un elemento típico de la vegetación tropical y símbolo de la nacionalidad cubana. La influencia de las aportaciones de Forestier resultó un importante legado que marcó el posterior desarrollo urbanístico de la ciudad de La Habana.

La construcción ocupó un área total de 43.418 m², de los cuales 13.484 corresponden al inmueble, con un área circundante de jardines y parques de 26.391 m². El resto, 3.543 m², se dedicaron a la ampliación de las calles y su entorno. El gran edificio se construyó a partir de una estructura metálica encargada a la compañía norteamericana Pudrí & Henderson, que ya había ejecutado con anterioridad numerosas obras de importantes edificios en la capital. La longitud total de la construcción fue de 207,44 m, y su composición arquitectónica y volumétrica se estructuró a partir de un cuerpo central compuesto por la escalinata monumental, de casi 36 m de ancho por 28 m de largo y un total de 55 peldaños interrumpidos por tres descansos intermedios.

A ambos lados de la gran escalera, se emplazan dos grupos escultóricos hechos en bronce por el artista italiano Angelo Zanelli, La Virtud Tutelar del Pueblo y El Trabajo, de 6,50 m de altura cada uno. En la ejecución final se invirtieron, cinco millones de ladrillos, 38 000 m³ de arena y 65 000 m³ de piedras, 150 000 bolsas de cemento, 3 500 toneladas de acero, 2 000 de cabillas y 3 500 000 pies de madera. Trabajaron más de 8 000 obreros especializados.

El pórtico central, de 36 m de ancho y 16 de alto, es sostenido por doce columnas jónicas de granito. En este espacio se encuentran las tres puertas de los accesos principales al edificio, con 7,70 metros de alto y 2,35 de ancho, así como un conjunto de bajorrelieves de mármol realizados por el mismo artista italiano.La cúpula, de una altura de 92 m, fue en su momento la quinta más alta del mundo con un diámetro de 32 m. Tiene 16 nervios entre los que destacan los paneles recubiertos con láminas de oro de 22 kilates. La cúpula culmina con una linterna con 10 columnas jónicas en cuyo interior había hasta 1959 cinco reflectores giratorios que fueron retirados. En el interior de este espacio se materializa el simbolismo arquitectónico en la imponente escultura de La República, situada bajo el domo, obra también de Zanelli, hecha en bronce, con 15 m de altura y 30 T de peso, que en su momento fué también la segunda más grande del mundo bajo techo.

Este espacio constituye el nudo de articulación del gran Salón de los Pasos Perdidos, el más monumental de los espacios existentes en los edificios públicos del país, con casi 50 m de largo, 14,5 de ancho y casi 20 m de puntal; y que sirve de vínculo con los cuerpos laterales del edificio, de proporciones mucho más bajas, y en los que predomina la horizontalidad con respecto al bloque central.La gran escalinata monumental principal, el pórtico central y las escalinatas secundarias están construidas en granito. En el resto del edificio se utilizó piedra de capellanía, tanto para las fachadas como en sus interiores.

Resulta notable la variedad y riqueza de los materiales empleados en esta construcción, como las 58 variedades de mármol nacionales y de otras partes del mundo empleados en los pavimentos y en los paneles escultóricos labrados, los herrajes de bronce de puertas y ventanas, las lámparas, apliques, candelabros,pinturas murales que decoran los hemiciclos, las decoraciones y molduras de fina ejecución de los falsos techos y paredes realizadas en yeso y estuco. También son destacables las maderas preciosas, particularmente la caoba, empleadas en la ejecución de puertas, ventanas, estrados, estantería y otros trabajos de talla y ebanistería; las rejas y otros elementos de función, los vitrales y lucernarios de vidrio emplomado.

En la parte baja de la escalinata principal del edificio se encuentra la “Tumba del Mambí Desconocido”. Está situada debajo y a ambos lados de ésta es posible apreciar dos arcos que conducen a un pasadizo cubierto donde se encuentran las entradas a este recinto, que contiene un sarcófago rodeado por seis figuras de bronce que representan cada una las seis provincias de la república.

Pero no sólo la arquitectura es importante en el Capitolio. Los elementos decorativos y ambientación de sus espacios constituyen un complemento destacado de las soluciones arquitectónicas del edificio. La prestigiosa empresa Waring & Gilow Ltd. radicada en Londres y especializada en decoración y ornamentación tanto en interiores como exteriores fue la encargada de ejecutar toda la ambientación general del proyecto, y constituye uno de los aspectos más destacados de su interiorismo.

De modo particular se encargó a diferentes empresas el diseño y elaboración de elementos, como los herrajes de bronce a The Yale & Towne Mfg. Co. de Stanford, Connecticut; la Societe Anonime Bague y la Saunier Frisquet de París tuvieron a su cargo la lamparería; las casas Fratelli Remuzzi de Italia y Grasyma de Alemania todos los trabajos en mármol, basalto, pórfido, granito y onix, y los trabajos de herrería y fundición, como barandas, rejas, escaleras de caracol y faroles de los jardines fueron ejecutados por los señores Guabeca y Ucelay cuyo taller se localizaba en Luyanó.

Además de esto debe añadirse la incorporación de una gran cantidad de obras artísticas consistentes en tallas de paneles escultóricos y bajorrelieves en piedras y mármol que se encuentran incorporados en las fachadas del edificio y en algunos espacios interiores, realizados por notables artistas nacionales entre los que se encuentran Juan José Sicre, Alberto Sabas y Esteban Betancourt e internacionales, como Drouker, Remuzzi, Casaubon, Fidele, Lozano y Struyf etc, etc…. Algo similar ocurre con las tallas de las grandes puertas monumentales que incorporan conjuntos y escenas diversas, y con las tribunas, estrados y mesas con elaborados trabajos de ebanistería y tallado.

También es destacable la presencia de pinturas murales y lienzos que decoran muchos ambientes particulares que incluyen obras de maestros como Leopoldo Romañach, Armando Menocal, Enrique García Cabrera y Manuel Vega entre otros. Tapizados, cortinajes, lucernarios y vitrales, esculturas, bustos de mármol y bronce formaban parte de toda esta parafernalia decorativa que correspondía con el gusto y el momento en que fue concebido el edificio.

Paralelamente se concibió otro ambicioso proyecto que superaba el ámbito de La Habana, que fué la construcción de una red de carreteras nacionales, cuyo kilómetro cero estaría marcado simbólicamente por un refulgente diamante de 25 quilates colocado bajo la cúpula del Capitolio. El diamante perteneció al último zar de Rusia, Nicolás II, y había llegado a La Habana a manos de un joyero turco llamado Stephano que lo había adquirido en París. Se decía que tenía facultades curativas y poderes mágicos. El joyero pasó apuros económicos y el joyero se desesperó, no sólo porque necesitaba dinero sino porque decía que el diamante atraía la mala suerte. “El Zar que lo poseía había sido derribado del poder y asesinado con toda su familia. La duquesa a quien se lo compró en París murió inesperadamente diez días después; el ruso que le sirvió de intermediario fue herido en un cabaret, quedando ciego; el propio Estéfano, desde que lo tenía en su poder, fracasaba en cuanto intentaba”. Pero por fin Estéfano pudo vender la gema. El Estado cubano lo compró en 12 000 pesos, y a partir de la inauguración del Capitolio, estuvo allí, siempre custodiado.

A pesar de estar protegido por un sólido cristal tallado y considerado irrompible, el diamante fue robado el 25 de marzo de 1946 y recuperado el 2 de junio del año siguiente.Nunca se supo quien lo robó aunque  los  rumores populares señalaban a un teniente de la policía especial del Ministerio de Educación. En 1973 se sustituyó el diamante por una réplica por cuestiones de seguridad y se guardó el original en la caja de seguridad del Banco Central de Cuba. No se ha permitido nunca a ningún periodista desde entonces tener una prueba gráfica de la real situación del famoso diamante.

Teorías muy fundadas insisten en la autoría por ese policía de sobrenombre “El mosquito” que estando preso por un hecho de sangre le confesó a su compañero de prisión que él había sido el autor del robo del diamante.”El mosquito” pudo realizar el robo porque esa noche había sido clausurada una exposición de arte auspiciada por el Ministerio de Educación, la cual estaba instalada en el Salón de los Pasos Perdidos, y que ese individuo, precisamente por su condición de policía de ese ministerio, participaba del cuidado de la exposición, y que seguramente se quedó escondido dentro del Capitolio.Los técnicos del Gabinete Nacional de Investigación encontraron en el lugar un pedazo de papel periódico ensangrentado, pero ni una sola huella dactilar.

Dos cosas pudieron favorecer que ese hombre realizara el robo: Una, que el cristal que protegía al diamante estaba quebrado, ya que otro policía, con el fin de demostrarles a unos turistas que el cristal era irrompible, le dio un fuerte golpe con el tacón del zapato, quebrándolo. La otra es que existía la leyenda de que el fantasma de Clemente Vázquez Bello, muerto en un atentado unos años antes, se paseaba por el Salón de los Pasos Perdidos y los guardias nocturnos del Capitolio evitaban ir por esa zona y vigilarla.

El diamante,tenía un precio superior a los 25.000 pesos, una cantidad muy alta para la época, lo que dificultaba encontrar un comprador, además del riesgo de venderlo de forma que el ministro de Educación corrió la voz entre los bajos fondo de que pagaría 5.000 pesos por el diamante y no se tomarían represalias contra el ladrón. De esa forma el ministro recuperó el diamante.

El Capitolio de La Habana fue inaugurado el 20 de mayo de 1929 (Día de la Independencia), con un costo total de casi diecisiete millones de pesos,lo que equivalía a la misma cantidad de dólares de la época.Su construcción se produjo en un periodo de gran recesión económica mundial, que provocaría al siguiente año la crisis conocida como el crack de 1929, por lo que el gobierno de Gerardo Machado fue acusado de permanecer ajeno a la realidad social que vivía el país.

Como cualquier edificio de estas características, su utilización varió en función de la situación política y social del país. En el caso del Capitolio, al modificarse la organización política de Cuba y no ser requerido su uso con el fin con el que fue construido, además de la carga simbólica y significado que se le podía atribuir, el emplazamiento fue destinado a otras instituciones. El Capitolio de La Habana ocupa su lugar en la historia como sede de la Asamblea Constituyente que promulgó la famosa Constitución de 1940. Más tarde, al triunfar la Revolución cubana de 1959, el nuevo gobierno revolucionario lo transformó en la sede de la Academia de Ciencias y del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Con el paso de los años los jardines exteriores han sufrido cierto deterioro pero la estructura arquitectónica, debido a su sólida y resistente construcción, se mantiene en un buen estado de conservación, habiendo sido sometida en los últimos años a varios procesos de restauración para preservar su apariencia original.

Con los nuevos tiempos, el edificio del Capitolio de la Habana ha sufrido un proceso de renovación con el fin de implementar su uso turístico y a menudo son programados encuentros, exposiciones, actos solemnes y actividades unidas a la difusión de la herencia histórica y arquitectónica del edificio.
En la actualidad constituye uno de los símbolos más notables de la ciudad, equiparable al Castillo del Morro, la Catedral de La Habana o el Malecón.

(Nota:Una parte fundamental de los datos e información de esta entrada ha sido tomada de la Red especialmente de Wikipedia, Enciclopedia Libre)

Anuncios

Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a El Capitolio de La Habana

  1. Daniel Rodriguez dijo:

    Muy informativo. Gracias.

  2. daisy dijo:

    en estos momentos está siendo restaurado

    • almejeiras dijo:

      Gracias por el comentario Daisy. Este verano (agosto) estuve varias veces en sus proximidades porque allí paraban las guaguas de las excursiones y ya estaban poniendo los andamios para su restauración. Es un edificio magnífico.
      Un saludo

  3. Darwin Gomez dijo:

    muy buena reseña…. este año tuve la oprtunidad de estar alla ….. solo que no pude accesar pues lo estan restaurando

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s