La Bayamesa

Esta entrada está dedicada a todos los lectores cubanos que rozan una vez más la suave y policromada pluma del Tocororo. Para todos los que están allá en su Patria y para los que están fuera de ella, mis mejores deseos de salud y suerte.

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El himno de Cuba junto a la Bandera y el Escudo, son los símbolos nacionales. Fue compuesto por Pedro Figueredo e instrumentado por Manuel Muñoz Cedeño. Es una exhortación al pueblo cubano a tomar las armas para luchar por la patria, un himno de combate, surgido en el fragor de la lucha subversiva contra el poder de la metrópoli (España).

Pulsa aquí para oir el Himno:

 “La Bayamesa” (Himno de Bayamo) es el himno nacional de Cuba. Pedro Figueredo (Perucho) compuso su melodía y su letra  siendo el arreglo instrumental del maestro Manuel Muñoz Cedeño. Se le llamó originalmente “La Bayamesa”, por haber sido compuesto y tocado por primera vez en Bayamo y como referencia a la ya conocida y magnífica marcha “La Marsellesa” de la Revolución francesa.

Los iniciadores de las guerras independentistas, fundaron la Logia Masónica Redención el 1º de agosto de 1867, juramentándose para luchar hasta morir por hacer a Cuba independiente del yugo colonial español. El 13 de agosto acordaron constituir un Comité Revolucionario y al finalizar la reunión, Francisco Maceo dijo a Figueredo: “Se puede decir que ya estamos  reunidos en Comité de Guerra. Ahora te toca a ti componer nuestra Marsellesa”. Al día siguiente Figueredo dio a conocer “La Bayamesa”, a los integrantes del Comité. Se le llamó “La Bayamesa” como expresión de su carácter revolucionario y del lugar en que nacía la rebeldía nacional.

El Himno está indisolublemente relacionado al proceso de génesis de la primera contienda libertadora cubana. Faltaba aún darle una forma orquestal a la marcha y para eso el 8 de mayo de 1868, Perucho habló con el Maestro de música y director de la Banda Municipal, Manuel Muñoz Cedeño, quien dirigía una de las orquestas de la ciudad, y ocultando su verdadero propósito, le pidió que lo hiciera y guardara el secreto pues “era una sorpresa para sus amigos”.  Logrando que el presbítero Diego José Batista aceptara su estreno, el jueves 11 de junio de 1868 en la Iglesia Parroquial Mayor de Bayamo, durante un solemne Te Deum y durante la festividad del Corpus Christi, ante la concurrencia de altas personalidades del gobierno y el pueblo de Bayamo, se estrenó su música, que se repitió después, por las calles, en la procesión. El Himno fue escuchado por segunda vez el Día de Santa Cristina, cuando Figueredo y los jóvenes revolucionarios bayameses, en un golpe de audacia, fueron en busca del gobernador español Julián Udaeta y lo acompañaron desde su residencia a la Sociedad Filarmónica con los acordes de la marcha. En ese Te Deum estuvo presente el gobernador español que estaba casado con una cubana.

 Cuando el gobernador escuchó la marcha se sorprendió y mandó llamar al director de la orquesta quien le informó que se trataba de  una marcha compuesta por el señor Pedro Figueredo. El gobernador advirtió a Perucho que la marcha no tenía nada de religiosa y sí mucho de guerrera a lo que éste respondió: “Usted no puede determinar que sea un canto de guerra puesto que no es músico”. El gobernador español se quedó entonces con la duda. La marcha creada se popularizó, se silbaba por las calles, y presidió los actos de la Sociedad La Filarmónica. Catorce meses después de creada la melodía del himno, Perucho le incluyó finalmente la letra.

El 10 de octubre de 1868 se inició la Revolución y diez días después, el 20 de octubre (hoy Día de la Cultura Cubana), se produjo la toma de Bayamo por las fuerzas insurrectas. En medio de la alegría y el bullicio de las tropas rebeldes, mezclada con la muchedumbre jubilosa, al lado de Carlos Manuel de Céspedes y otros patriotas, y en medio de los gritos que solicitaban la letra de aquel himno, Figueredo sacó lápiz y papel de su bolsillo y cruzando una pierna sobre la montura de su caballo “Pajarito” escribió la letra que, copiada de mano en mano, a coro con la música, se cantó por primera vez por todos los que allí participaban. A partir de entonces sus notas presidieron todos los actos del movimiento independentista y ha llegado hasta hoy, como la expresión del carácter patriótico del pueblo cubano.

El domingo 11 de octubre alrededor de la 1 de la mañana, partió Carlos Manuel de Céspedes de La Demajagua, hacia la Sierra de Nagua. Para tomar el camino más fácil, el Ejército Libertador marchó en dirección a Yara. Al anochecer entraron los patriotas en el pueblo, estrenando el grito de ¡Viva Cuba Libre! Y sorpresivamente se encontraron con una muralla de fuego.

Esta fue la primera derrota de los libertadores y la primera victoria del ejército colonialista. Aquello fue una prueba tremenda para Céspedes, pero inmediatamente reaccionó ante su primer descalabro. En la noche del 11 al 12 de octubre cuando reanudó su marcha hacia la Sierra con un puñado de hombres, uno de ellos apuntó que pronto había terminado la empresa iniciada en La Demajagua. Céspedes se irguió sobre los estribos de su caballo y replicó: “Aún quedamos doce hombres, ¡bastan para hacer la independencia de Cuba!”.

El fuego hecho en Yara fue oído por Luis Marcano que estaba en El Zarzal y acudió a él, encontrándose con Céspedes que se retiraba después del fracaso. A Marcano lo acompañaban cerca de trescientos hombres, la mayoría armados. Céspedes pensaba retirarse hasta la Sierra y esperar allí el resultado del movimiento pero Marcano más práctico en la estrategia revolucionaria le hace desistir de su propósito y por el contrario resuelven aprovechar el efecto de la sorpresa y atacar Bayamo.

La ciudad estaba revuelta y chispeante de rebeldía, aquel 17 de octubre de 1868 cuando las fuerzas libertadoras bajo el mando directo del general en jefe Carlos Manuel de Céspedes llegaron a la finca Santa Isabel. Los bayameses, a centenares, cruzaban el río para ir a saludar a los sublevados. El teniente coronel Julián Udaeta, jefe militar de la plaza, al ver aquel volcán de rebeldía, preparó sus armas y ordenó ejecutar a quien ayudase a los patriotas pero eso, en vez de menguar, acrecentó la llama.

Ese 17 de octubre, víspera de la toma de Bayamo, muchos se prepararon para la acción exclamando:

–              “Hace falta una cubana valiente que sea nuestra abanderada”.

–              “Mi hija Candelaria”, propuso Perucho Figueredo.

Al siguiente día Canducha Figueredo entró en la ciudad montada a caballo y vestida con los colores de la Patria. Escoltada por Carlos Manuel, el hijo de Céspedes, y su hermano Gustavo Figueredo, la joven de 16 años encabezó la marcha con traje blanco, gorro rojo y banda azul, roja y blanca con la insignia de la República en Armas.

–              “¡Flota la bandera!”, dice el padre.

–              “¡Viva Cuba libre!”, grita ella.

Céspedes envió mensajes para que los españoles depusieran las armas, pero Udaeta contestó que combatiría hasta el final. El día 18 de octubre de 1868 sin poderse llegar a un acuerdo se inició la toma de Bayamo por parte del Ejército Libertador de la República de Cuba en Armas..

 Los hombres de los generales Juan Fernández Ruz y Angel Maestre arremetieron contra una de las barricadas de la Plaza de Isabel Segunda (hoy Plaza de la Revolución) y lograron que se les sumaran los milicianos de color.

El teniente general Luis Marcano en la plaza de la iglesia mayor rindió al brigadier Modesto Díaz, pariente suyo. En tanto, Carlos Manuel de Céspedes estableció el Cuartel General en la cárcel, donde mandó a izar la bandera. También en horas del mediodía se presentó por la parte noroeste la División de Cabaniguán al mando del general Francisco Vicente Aguilera, quien recibió la orden de Céspedes de cubrir el estratégico camino de Holguín. En horas de la noche y bajo la dirección de Céspedes salió a la luz el periódico El Cubano Libre, el primero de la Cuba insurrecta. En sus artículos llamaba al pueblo al combate redentor y a conquistar por todos los medios la libertad. A las 11 de la noche Céspedes ordenó al general Máximo Gómez ir a buscar  500 hombres en Cautillo y después pasar al Cuartel General del general Donato Mármol, en la villa de Jiguaní.

El 19 de octubre se organizó el Gobierno Revolucionario de Bayamo con Jorge Carlos Milanés y Céspedes como Gobernador Civil y Militar y Luis Fernández de Castro como Alcalde Municipal. Ese mismo día en la Plaza de Santo Domingo se libró un sangriento encuentro entre las fuerzas del general Perucho Figueredo y la caballería española del comandante Guajardo Fajardo.

Informado Céspedes de que desde Manzanillo venía un refuerzo, dispuso que los generales Francisco Vicente Aguilera y Modesto Díaz le hicieran frente. Así, se libró el combate de Babatuaba, donde se hizo retroceder el Batallón de San Quintín al mando del teniente coronel Manuel López del Campillo.

Esta derrota tuvo una gran significación, pues puso al teniente coronel Udaeta en la pendiente de la rendición. Céspedes aprovechó el momento para enviarle las bases preliminares de la rendición: sus vidas serían respetadas y considerados como prisioneros de guerra y todas las propiedades pasaban a manos de la Revolución.

El 20 de octubre, a las diez de la mañana la guarnición colonialista enseñó por fin la bandera blanca. Bayamo degustaba ya el sabor glorioso de la libertad. Udaeta y los suyos fueron trasladados a la Sociedad Cultural La Filarmónica. Mientras tanto, los libertadores recibían las muestras de simpatías del pueblo. En ese momento por el callejón de Los Mercaderes avanzó la División La Bayamesa con Perucho Figueredo hasta la Plaza Mayor.

La orquesta del maestro Manuel Muñoz Cedeño interpretó la música de La Bayamesa, el himno guerrero dado a conocer meses atrás. El pueblo al conocer la presencia de Perucho Figueredo pidió la letra a viva voz ¡la letra, Perucho! !la letra!. Entonces el gran bayamés sacó lápiz y papel y compuso las octavas maravillosas del himno, el himno de la libertad. La letra paso de mano en mano y poco después todo el pueblo entonaba, haciendo énfasis en el verso: “Morir por la patria es vivir”. Desde La Filarmónica el teniente coronel Udaeta, prisionero, percibía el alborozo popular y la marcha, como canto patriótico y debió pensar: “¡No me había engañado! ¡Yo sabía que era una música de guerra!”.

Carlos Manuel de Céspedes formó parte de una procesión que recorrió las calles al conjuro del himno. El pueblo lo miraba como su libertador, como el guía de una nueva aurora para Cuba. Las palabras de Céspedes el 11 de octubre: “Aún quedamos doce hombres, ¡bastan para hacer la independencia de Cuba!”, ante el primer revés en Yara, demostraron la fortaleza moral de la revolución, que se solidificó con la victoriosa toma de la ciudad de Bayamo, el 20 de octubre de 1868, estableciendo allí la sede del primer Gobierno de la República en Armas.

A partir de ese momento en la ciudad se adoptaron medidas de alcance popular y democrático, entre ellas: la enseñanza gratuita y obligatoria, la apertura de escuelas de idiomas, de talleres de empleo para los pobladores y el establecimiento de una guardia cívica para cuidar el orden de la ciudad.

El Himno siguió interpretándose durante todas las luchas libertadoras y al terminar la contienda en 1898, ya era conocido como “Himno de los cubanos”. Con el tiempo, y al no contar con la partitura original, la melodía sufrió alteraciones. Incluso, recibió dos versiones de armonización e introducción, una de Antonio Rodríguez Ferrer y la otra de José Marín Varona. Finalmente se obtuvo el original, de puño y letra de Figueredo, lo que provocó varios análisis y discusiones, hasta que se acordó mantener la versión de Rodríguez Ferrer, aunque la misma seguía recibiendo diversas interpretaciones.

En 1983, el investigador y musicólogo Odilio Urfé presentó una ponencia a la Asamblea Nacional del Poder Popular con la versión definitiva de nuestro Himno Nacional, la que fue aprobada e inmediatamente se procedió a la edición en partitura y fonograma para conocimiento público. La versión actual de La Bayamesa, refrendada por la Ley de los Símbolos Nacionales de 1983, es la que José Martí publicó el 25 de junio de 1892 en su periódico Patria, armonizada por Emilio Agramonte, y que fue revisada en 1898 por Antonio Rodríguez Ferrer.

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La letra actual del himno es la siguiente:

¡Al combate corred bayameses,

que la Patria os contempla orgullosa;

no temáis una muerte gloriosa,

que morir por la patria, es vivir!

En cadenas vivir, es vivir,

En afrenta y oprobio sumidos.

Del clarín escuchad el sonido,

¡A las armas valientes corred!

Originalmente el himno contaba con más estrofas. Las últimas cuatro estrofas fueron excluidas en 1902. En primer lugar, porque hería el orgullo de los españoles y además, no era bien visto que en la letra del himno de una nación no se respetara a otra. Otro aspecto importante es que era demasiado largo comparado con la mayoría de los himnos.

Las cuatro estrofas, que seguían a las anteriores, eran:

No temáis; los feroces íberos

son cobardes cual todo tirano

no resisten al bravo cubano;

para siempre su imperio cayó.

¡Cuba libre! Ya España murió,

su poder y su orgullo ¿do es ido?

¡Del clarín escuchad el sonido

¡¡a las armas!!, valientes, corred!

Contemplad nuestras huestes triunfantes

contempladlos a ellos caídos,

por cobardes huyen vencidos:

por valientes, supimos triunfar!

¡Cuba libre! podemos gritar

del cañón al terrible estampido.

¡Del clarín escuchad el sonido,

¡¡a las armas!!, valientes, corred!

Las partituras originales del himno desaparecieron en el incendio de Bayamo, pero el autor repitió la escritura de la partitura para voz y piano a petición de una amiga, y ésta, también original, se conserva en los fondos del Museo Nacional de la Música, y se expone al público en esta conmemoración. Permanentemente se muestra una copia junto a la efigie en plumilla de Perucho Figueredo junto a una Bandera cubana.

El Museo atesora también una colección de partituras y grabaciones del Himno en distintos soportes como son cilindros y discos de fonógrafo, discos de placas perforadas en cajas de música y una caja de cilindro de púas, que son mostrados en esta efemérides

Disposiciones legales:

Decreto No. 74 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministrosde 22 de agosto de 1980:

“POR CUANTO: El Himno Nacional de Cuba acompañó y alentó a los revolucionarios independentistas que con la toma de Bayamo convirtieron urgencias y sueños en actos, y que con la proclamación de la independencia y la Abolición de la esclavitud, iniciaron los Cien años de lucha en que nuestro pueblo afirma su identidad y forja la nación cubana.

“POR CUANTO: En la Historia me Absolverá, fundamentando el asalto heroico al Cuartel Moncada se declara: “Se nos enseñó a querer y defender la hermosa bandera de la estrella solidaria y a cantar todas las tardes un himno cuyos versos dicen que vivir en cadenas es vivir en afrenta y oprobio sumidos, y que morir por la patria es vivir.  Todo eso aprendimos y no lo olvidaremos…”

“POR CUANTO: La Constitución de la República reconoce y declara en su Artículo 4 el Himno de Bayamo como uno de los tres símbolos nacionales que han presidido por más de cien años las luchas cubanas por la independencia, por los derechos del pueblo y por el progreso social junto a la bandera de la estrella solitaria y el escudo de la Palma real…”

Usos

El Himno Nacional se ejecuta siempre en primer lugar en los actos en que se  interpreten varios himnos.

Los Órganos y Organismos del Estado y las Organizaciones políticas, sociales y de masas, las asociaciones y demás entidades no estatales, pueden ejecutar el Himno Nacional en los actos que celebren de conformidad con sus actividades.

Se podrá ejecutar de forma instrumental, en área o coral, con instrumentación o no, los ejecutantes deberan observar la letra y música establecida en el anexo de la ley.

En el caso de las premiaciones en las competencias deportivas internacionales el uso del himno nacional se regirá por la práctica universal en esas actividades.

Cuando se ejecute el himno nacional, los presentes, si estuvieran sentados, deberán ponerse de pie, descubrirse y adoptar la posición de firme, de frente hacia el lugar de honor. Los miembros de las instituciones armadas de la defensa y del interior y los pioneros uniformados se regirán por su reglamento respectivo.

Prohibiciones

Se prohibe ejecutar el himno nacional en:

Actividades recreativas.

Fiestas particulares.

Como medio de propaganda.

En las series, campeonatos, competencias y torneos nacionales y las distintas disciplinas deportivas, salvo a inicio y clausura de estos.

Como parte de ninguna otra composición.

Breve biografía de Pedro Figueredo.

Pedro Figueredo y Cisneros (Perucho), nació en la tradicionalmente rebelde villa de San Salvador de Bayamo, el 29 de junio 1819, el mismo año en que lo hiciera su fraterno amigo Carlos Manuel de Céspedes. Descendencia de dos familias patricias, asentadas en el lugar desde siglos antes y que habían participado siempre en el gobierno local.

Figueredo realizó sus primeros estudios en la villa natal y los continuó en La Habana, en el afamado colegio San Cristóbal de Carraguao. Posteriormente se trasladó a España, donde estudió Derecho, y tras graduarse de abogado en Barcelona, efectuó un extenso viaje por Europa, en el que visitó los principales países de aquel continente.

De vuelta a Cuba, permaneció algún tiempo en La Habana, donde se destacó por sus conocimientos literarios y musicales, que le permitieron formar parte de la intelectualidad capitalina y así en 1857, junto con Domingo G. Arozareno y Quintín Suzarte, fundó Correo de la Tarde, “Diario político y económico”.

Regresó a Bayamo, se dedicó al ejercicio de su profesión y a la administración de sus numerosos bienes, sin abandonar las actividades culturales. Fundó La Filarmónica y un teatro de aficionados en el cual, entre otras, se representaron obras suyas.

Al iniciarse en Bayamo la conspiración que conduciría a la Guerra de los Diez Años, la primera reunión se efectuó el 14 de agosto de 1867, en casa de Figueredo, quien fue elegido, en unión de Francisco Vicente Aguilera y Francisco Maceo Osorio, miembro del Comité Revolucionario que la gestaría y, debido a sus aptitudes musicales, se le encomendó la tarea de componer lo que uno de aquellos patriotas llamo “nuestra Marsellesa”.

Aquella madrugada, Figueredo le arrancó a su piano las bélicas notas del Himno Bayamés. Luego, para que la orquestase, entregó la composición al maestro Muñoz Cedeño, director de una de las orquestas bayamesas y hombre de confianza quién cumplió con el encargo.

El próximo paso fue acordar con el padre Batista, cubanísimo párroco de la villa, ejecutar la pieza en la cercana festividad del Corpus, y así se hizo. El gobernador de Bayamo, presente en el acto, se alarmó ante los marciales sones de aquella música e interrogó al maestro Muñoz, que se limitó a decirle que el autor era Figueredo.

Este, fue llamado a su vez por el gobernador, quien le dijo que aquella composición nada tenía de sacra y mucho de militar. Perucho, con admirable sangre fría, arguyó que el comandante no era músico para poder juzgar en la materia.

Al efectuarse en San Miguel de Rompe, el 3 de agosto de 1868, la reunión de los delegados de las distintas regiones comprometidas en el movimiento revolucionario, Figueredo se encontraba entre los representantes de Bayamo.

Finalmente, las autoridades coloniales conocieron lo que se tramaba y, el 6 de octubre de 1868, el capitán general Lesundi ordenó por telégrafo a los gobernadores de Bayamo y Manzanillo la detención de los principales conspiradores, entre ellos Céspedes y Figueredo.

Ismael de Céspedes, telegrafista de Bayamo y sobrino de Carlos Manuel, interceptó los telegramas y comunicó su contenido a Figueredo, quien se apresuró en avisar a Céspedes que se hallaba en su ingenio Demajagua.

Ante el nuevo giro que tomaban los acontecimientos, Céspedes adelantó para el 10 de octubre la fecha del levantamiento, y se lo notificó oportunamente a Figueredo. Al recibir el mensaje de Céspedes, Figueredo abandonó Bayamo y se dirigió a su ingenio Las Mangas, donde convocó a todos los comprometidos con él y procedió a ponerse sobre las armas. Carente de bandera, solicitó a Céspedes el diseño de la alzada en la Demajagua e hizo otra igual que entregó a su hija Candelaria.

Al marchar Céspedes sobre Bayamo, en la mañana del 18 de octubre, se le incorporó Figueredo con su fuerza y el jefe del alzamiento lo designó jefe de Estado Mayor, con el grado de teniente general. Al entrar en Bayamo, junto a él cabalgaba Candelaria como abanderada de aquella columna de patriotas.

Tomado Bayamo después de dos días de recios combates y con la población enardecida, volcada a las calles, la banda de Muñoz comenzó a tocar el himno compuesto por Figueredo y el pueblo clamoreó pidiendo la letra. Entonces Figueredo, alentada su inspiración por el momento glorioso que se vivía, se cuenta cruzó la pierna sobre el arzón de la montura y escribió las enérgicas estrofas del, a partir de ese instante, Himno Nacional. Sublevados meses más tarde Camagüey y Las Villas y perdido Bayamo, reconquistas sus cenizas por el conde de Valmaseda en enero de 1869, se hizo imperioso unificar el movimiento revolucionario. Con este propósito se unieron en Guáimaro, en abril de ese año, los representantes de las regiones en armas. Allí se adoptó la primera Constitución de la República.

A Figueredo, que había concurrido a Guáimaro a titulo personal, la Cámara lo designó subsecretario de la Guerra y le reconoció el grado de mayor general. Regresó después a retomar el mando de la aguerrida División Bayamesa que tanto se distinguió en esta contienda y en la de 1895, organizada por él y de la que fuera el primer jefe.

Enfermo y casi inválido, a causa de los rigores de aquella dura campaña que fue la   Creciente de Valmaseda, se retiró para reponerse a la finca Santa Rosa, en las Tunas, donde fue sorprendido por el enemigo y hecho prisionero.

Conducido entonces a Santiago de Cuba, a pesar de su delicado estado de salud se le juzgó y condenó a muerte en Consejo de Guerra.

Fue señalado el 17 de agosto de 1870 como fecha para su fusilamiento, y puesto que no podía caminar, se le condujo al lugar de la ejecución montado en un jumento. Entonces se le oyó exclamar: “Siento como si una aureola circundara mi frente”. Enfrentó la situación con la entereza que le caracterizaba. Sus últimas palabras fueron una estrofa de su Himno inmortal que había compuesto sobre su caballo “Pajarito”:                                              ¡MORIR POR LA PATRIA ES VIVIR!

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Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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2 respuestas a La Bayamesa

  1. Emba Milian dijo:

    Genial para todos los tiempos. Cosas que deben conocer las nuevas generaciones de cubanos para no olvidar las raíces.

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