El bolero

Esta entrada se la dedico a mi amigo y compañero de la Coral Polifónica Máximo Gorki, Santiago Méndez. Él me sugirió este tema. _______________________________________________________________

El bolero es un género musical cubano que después se ha expandido a otros países hispanoamericanos donde es muy popular. Es identificable por algunos elementos rítmicos en formas de composición que aparecieron en el folclore cubano durante el siglo XIX, como el danzón y la habanera. Precisamente esta última presenta una gran afinidad rítmica con el bolero, aunque el bolero moderno ya nada tiene que ver con el género cubano de la habanera en su composición rítmica.

En 1793 aparecieron los primeros cantantes que, como Javier Cunha y Nicolás Capouya  componían canciones con ciertas similitudes con el bolero. Existen diversas teorías sobre el origen del bolero, alguna de las cuales señala a Europa como la cuna del género, pero el bolero cubano del siglo XX en nada se parece al del siglo XVIII Europeo y en la práctica se señala a Cuba como la indudable creadora de este género musical, que más tarde se extendió por América Latina.

‎El bolero típico cubano surgió definitivamente alrededor de 1840. Se acepta que el primer bolero fue Tristezas, escrito por el cubano José ”Pepe” Sánchez en Santiago de Cuba en 1886. Aunque algunos discuten la fecha, lo importante es que esa pieza dio origen formal al género y con el acompañamiento musical que denominamos “clásico” (las guitarras y la percusión). Así, el bolero evolucionó de música de cantinas y peñas a música de serenatas.

La importancia musical de Cuba se hizo sentir no sólo con el bolero sino con el son y el danzón. Los países de la cuenca del gran Caribe hispano adoptaron el producto que Cuba les daba entre la década de los veinte y los treinta. Eso permitiría la fusión y el engrandecimiento del bolero con otros géneros musicales, lo que dio como resultado los subgéneros de bolero rítmico, cha-cha-chá, mambo, ranchero (mezcla de bolero y mariachi mexicano), son (creación de Miguel Matamoros), moruno (bolero con mezclas gitanas e hispánicas) e inclusive la bachata, una especie de bolero originado en los suburbios marginados de República Dominicana.

Primero sería la era de los tríos de guitarra, luego la de las grandes orquestas tropicales, las orquestas al estilo “big band” y por último, verdaderas orquestas sinfónicas que darían forma al acompañamiento musical del bolero que durante casi treinta años (1935–1965) dominó, como género, el espectro musical latinoamericano.

El desarrollo de los recursos comunicativos de la época como la radio, las películas, los programas en directo en televisión y las grabaciones en discos también fueron fundamentales en su desarrollo. Cuba y Méjico se convirtieron en las verdaderas mecas para los centros artísticos, y muchos artistas de toda la zona participaron y se destacaron como compositores e intérpretes.

Otro factor que influyó en el auge de la era dorada del bolero lo constituyó el relativo aislamiento cultural de América Latina en los años cercanos y posteriores a la primera guerra mundial. Esto permitió al bolero cultivarse y desarrollarse “sin prisas”, y sin claras competencias que lo amenazaran. A su vez, la existencia de regímenes militares de  influyó curiosamente en el éxito del bolero, pues a estos gobiernos les convenía ver a la población entretenida con la música, para que se olvidara la política. Por este motivo, la era dorada del bolero está asociada en gran parte al periodo de las dictaduras de los años treinta, cuarenta y cincuenta. Así mismo, la difusión de grandes ídolos de la canción por medio del cine le dio una enorme difusión y vigencia.

Indiscutiblemente con el bolero, pasaría lo mismo que con otros géneros de música bailable, como el mambo y el cha-cha-chá, que fue sustituyéndose parcialmente por el son montuno, la guaracha, la salsa y otros géneros como la bachata o el merengue. No podemos sin embargo afirmar que el bolero muriese. Muchos de su exponentes originales  seguirían interpretándolo hasta el final de sus días.

La llamada «resurrección» realizada por Luis Miguel,  Alejandro Fernández, Guadalupe Pineda, no escapó a una estrategia de mercado que buscaba aprovechar convenientemente un éxito asegurado al resucitar temas consolidados en el gusto popular.

El ritmo del bolero es de un compás de cuatro tiempos. En el primer tiempo, la pareja, uno frente a otro y con los cuerpos pegados, solo mueve la pelvis, en el segundo da un paso rápido, en el tercero también, y en el cuarto da un paso lento; todo esto mientras se gira lentamente hacia la izquierda. Esta forma de bailar tan simple lo hizo popular en todo el mundo, en todos los ambientes y entre todas las clases sociales.

 En Cuba hubo decenas de famosos cantantes de boleros: Los Hermanos Rigual, Antonio Machín,  Beni Moré, Barbarito Díez, Ibrahim Ferrer, Celia Cruz, Olga Guillot, Omara Portuondo, Xiomara Alfaro, Elena Burke, Pablo Milanés, Lucrecia,  etc, etc …

En el mes de julio de 1792, encontramos la primera mención que se hace en Cuba del Bolero, en el diario Papel Periódico de La Habana; pero nos aclara Natalio Galán en “Cuba y sus Sones” que “era muy españolizado”. Observando que hacia 1836 éste cambia, asemejándose a la forma que se desarrolló en la etapa republicana (1902-1958). Si buscamos las raíces de nuestro Bolero encontramos una parte en el Bolero español conocido desde hace trescientos años, pero en Cuba sufrió una metamorfosis para llegar al actual, y poco a poco le cambiaron el ritmo y la forma melódica. Esteban Pichardo, en 1836, vio la diferencia entre el Bolero cubano al español porque en este último la danza transcendía a la canción, y en nuestras Boleras (como se le llamaban entonces), el canto tenía tanta importancia como el baile, pero en realidad en lo único que se parecen es en el nombre. Nuestras Boleras fueron una danza popular que usaban desde 4 a 8 o más parejas. En aquel entonces también existía La Cachucha, una variante del Bolero español, que se popularizó en La Habana de 1840 por Fanny Elssler, y se bailaba por una sola persona (hombre o mujer) y el Bolero español (de 3×4) que era más coreográfico y sólo podía haber 1 ó 2 parejas. Por lo que al ser la Cachucha y el Bolero español bailes exclusivos para buenos bailadores o bailarines, y las Boleras un baile y canción popular, prevalece el nuestro, y a la hora de definir se queda con el nombre Bolero porque tenía raíces más profundas. En 1840 se observa la transición del Bolero al compás 2×4, y en el 60 la desaparición de la seguidilla que la purifica de sus hispanismos (repeticiones y ayes intercalados).

Entre sus más tempranos cultivadores tuvimos al santiaguero Pepe Sánchez, que algunos escritores dicen fue el creador del primer bolero titulado Tristezas en 1885. Esta idea está tan generalizada que hasta en el Museo Cubano de Arte y Cultura de la ciudad de Miami se celebró en 1985 los 100 años de haberse escrito el primer bolero cubano.

El Bolero resurge mucho cuando Cuba llega a ser una república en 1902, agregándosele más de 10 modalidades. No así en Norteamérica que preferían nuestra música coreográfica (Habaneras, Rumbas) por ser más comprensibles, ya que el Bolero ha sido siempre más canción que baile. Hacia 1945 se impuso otra variante al Bolero que a percepción de Galán se pueden considerar “Boleros Camps” por su afectación, su exponente más característica fue Olga Guillot, considerada La reina del bolero. Más tarde, al incluírsele otras armonías se populariza el estilo “feeling” y los  boleros ejecutados con instrumentos eléctricos de nuestro tiempo (final del siglo XX).

Resumiendo: el bolero fue una forma musical que nos enseñaron nuestros padres españoles en compás 3×4, y que con seguridad se escucharon en La Habana desde 1792. En 1836 en Cuba ya había un baile popular llamado Boleras muy distinto al Bolero español. En 1840 se observa la transición al compás 2×4, para en 1860 desaparecer la seguidilla  y en 1870 se le impone el Cinquillo que siempre acompañará todas las composiciones cubanas. Después de 1890, se hace cotidiano encontrar boleristas en la provincia oriental cubana cultivándolo con apasionamiento. Y el feeling fue esencialmente un Bolero haciéndose Jazz.

Entre 1950 al 60 se comienza en Cuba a experimentar con el bolero y sin crearse una nueva forma musical, sus intérpretes dan rienda suelta a su manera de interpretar su sentimiento, dramatizando y exagerando los gestos e inflexiones de la voz, y a toda esta descarga en que se enfatizaba los sentidos se le llamó feeling, que significa sentimiento, con base en el Jazz, sobre todo en la forma de liberar la voz, jugando con el tiempo y la armonía, es rítmicamente muy cubano.

Bastaba un poco de voz manejada con destreza y mucho sentimiento como dice el mismo significado de su nombre en inglés. Su intérprete tenía que ser un actor-cantante que dominara la escena, capaz de dramatizar, reflejando en cada interpretación con sus gestos y dominio vocal los sentimientos del “cantante ejecutante”. Por eso fue más rico que el Bolero en su concepto armónico y el público no sólo escuchaba, sino que sentían las mismas emociones que el cantante transmitía. Es una creación musical que no está hecha para el cine, ni la televisión, sino para ambientes íntimos como una casa privada, un Club o pequeñas “boites”, donde se crea una atmósfera apropiada.

Algunos años antes de hacerse popular, Cuba ya contaba con el excelente músico y cantante Ignacio Villa, más conocido por el seudónimo de Bola de Nieve, que se anticipó como un tipo de autor-actor que lo hizo famoso en todo el mundo por cantar con estas características. Junto a su inseparable piano, hacía un monodrama de cada interpretación, y su originalidad acabó inmortalizándolo. Otra especialista del Bolero fue Olga Guillot. Olga Guillot que dejaba oír los boleros tradicionales aderezados con la estilística cubana, en versiones que pueden considerarse como boleros “camp”.

Anticipándose al feeling también surgió el Guapachá, un ritmo mezcla de Chachachá con Merengue, con estilo dramático, pero algo vulgar, pues el intérprete sobreactuaba en una descarga de gestos muy exagerados. La más grande “guapachosa” era La Lupe, que comenzó en el cabaret “La Red” a triunfar, con su gran sensibilidad  que cuando cantaba también gritaba, lloraba, se mordía, arañándose, tirándose de los pelos, golpeando al pianista si no llevaba el ritmo, diciendo palabrotas, quitándose los zapatos o arrojando parte de su ropa. En 1947 Cesar Portillo  creó Contigo en la distancia y en 1955 Frank Domínguez ganó un concurso de Radio Progreso con Tú me acostumbraste. Pero ninguno contaba con la voz idónea para este estilo, y el primer auténtico bolerista  fue Miguel de Gonzalo un joven cantante de Radio Progreso. Le siguen muy de cerca el Cuarteto D’Aida, y cuando se separan seguirá Elena Burke, Omara Portuondo, Moraima Secada, Leonora Rego.

También desde el cabaret El Gato Tuerto (1959) las Hermanas Capelas lograban un extraordinario dúo, y hasta Beny Moré, Daniel Santos (Puerto Rico) y Armando Manzanero (de México) adoptaron ese estilo. En los años 50 la mayoría de los boleristas estuvieron vinculados al feeling. Sólo se necesitaba un guitarrista y un cantante que jugara con la armonía y alterara el ritmo, pero eso sí, con mucho sentimiento. En 1961 los centros nocturnos más importantes de La Habana aún contaban con una buena figura bolerista.

Te quiero, dijiste/%20quiero%20dijisteContigo en la distancia

Tu me acostumbrastehttp://k005.kiwi6.com/hotlink/csaqk1w0bc/tu_me_acostumbraste.mp3%20

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Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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3 respuestas a El bolero

  1. Santiago dijo:

    Realmente me parece, que hiciste una descrición completa, documentada y extensa del bolero, sus origenes, su crecimiento y evolución, me gustó muchísimo y creo, que poco se podría añadir a lo expuesto.
    Enhorabuena !

  2. gd49 dijo:

    Me encantan los Boleros. Me trae recuerdos de mi niñez.
    Bss.

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