Taínos y otros ancestros del Caribe

La evidencia más antigua de humanos en el Caribe se encontró en el sur de Trinidad, en Benwari Trace, donde se han encontrado restos de 7000 años de antigüedad. La más temprana evidencia de asentamientos humanos en la isla La Española, (aunque están cuestionados) datan de unos 3600 años. Existen hallazgos confiables sobre la existencia en Cuba de poblaciones humanas desde unos 3000 años. Las fechas más tempranas en las Antillas Menores, son de 2000 años en la isla de Antigua.

A la llegada de los europeos a América, al arribar Colón a la Isla de Guadalupe el 3 de noviembre de 1493, la mayoría de las islas del Caribe estaban habitadas principalmente por tres pueblos indígenas amerindios: los taínos en las Antillas Mayores, las Bahamas, y las Islas de Sotavento, los caribes isleños y los gabilis en las islas de Barlovento y los siboneyes en la parte occidental de Cuba. Los taínos habitaban gran parte de la isla de Puerto Rico (llamada Boriquén por los indígenas), La Española, al igual que el Oriente de Cuba y parte de Jamaica, así como Trinidad.

Los indios taínos eran descendientes de los indios arawaks (arahuacos) de Venezuela; en la actualidad los que sobreviven se encuentran en Guyana, Surinam, Guyana Francesa y Puerto Rico. Poco antes de la llegada de los europeos, los taínos habían sido desplazados de las Pequeñas Antillas por los Caribes, provenientes como los arahuacos del norte de Suramérica. Los taínos pertenecían al grupo lingüístico de los arahuacos, que ocuparon un área que se extendía de la actual Florida hasta Paraguay y el norte de Argentina.

El investigador cubano Antonio Núñez, junto a un grupo de colaboradores, con la participación de pobladores amerindios, realizaron un viaje, para el que utilizaron medios de navegación similares a los usados por los indoamericanos en sus travesías por el Caribe. El recorrido efectuado apoya el criterio de la factibilidad del viaje y que los elementos naturales del Caribe contribuyeron al transporte migratorio prehispánico y facilitaron las conexiones humanas entre América del Sur y el Caribe.

Los Taínos fueron los habitantes precolombinos de las Bahamas, Antillas Mayores, y el norte de las Antillas Menores. Se trata de un pueblo que llegó procedente de América del Sur, más concretamente de la desembocadura del río Orinoco, pasando de isla en isla, reduciendo o asimilando a los pobladores más antiguos, como los guanajatabeyes y los ciguayos cuyas culturas son anteriores a la llegada de los taínos. La lengua taína pertenece a la familia lingüística arawak (de los indios araguacas), que se extiende por América del Sur a través del Caribe.

En el momento de la llegada de Cristóbal Colón en 1492, había cinco cacicazgos taínos en el territorio de La Española (hoy Haití y República Dominicana), cada uno dirigido por un cacique principal, a quien se le rendía homenaje. Puerto Rico también estaba dividida en cacicazgos. Los caciques tenían el privilegio de llevar colgantes de oro. Este colgante de oro de pocos kilates se llamaba  guanín.

Vivían en bohíos rectángulares en lugar de ovalados donde habitaban el resto de los pobladores y cuando recibían huéspedes se sentaban en taburetes de madera. En el momento de la conquista española, los mayores asentamientos de población taína tenían unas  3.000 personas cada uno. Los taínos eran históricamente enemigos de sus vecinos, las tribus Caribes, otro grupo originario de América del Sur, que vivían principalmente en las Antillas Menores. La relación entre estos dos grupos ha sido objeto de mucho estudio.

Durante gran parte del siglo XV, la tribu taína se fue desplazando hacia el noreste del Caribe (lo que hoy es América del Sur), debido a las incursiones de los Caribes. Muchas mujeres caribes hablaban la lengua taína debido a la gran cantidad de mujeres taínas cautivas entre ellos.

En el siglo XVIII, la sociedad taína había sido devastada por enfermedades introducidas por los españoles como la viruela, así como otros factores como los matrimonios mixtos o interraciales y la asimilación forzada a la economía de plantación que España impuso en sus colonias del Caribe, con la posterior importación de trabajadores esclavos africanos. El primer brote de viruela registrado en La Española se produjo entre diciembre de 1518 y enero de 1519. Los españoles que llegaron por primera vez a las Bahamas, Cuba y La Española en 1492, y más tarde a Puerto Rico, no llevaron mujeres. Tomaron a las mujeres taínas como esposas, que luego dieron lugar a niños mestizos.

Cuando los primeros navegantes españoles llegaron a las islas del Caribe, los diversos cacicazgos de La Española estaban en plena lucha con los caribes procedentes de América del sur que ya habían conquistado las Antillas Menores. En esa época la sociedad taína se dividía en unos cinco reinos controlados por caciques, a quienes se les pagaba tributo. Bartolomé de  las Casas, en su libro Historia General de las Indias, relata que en el año de 1508 quedaban unos 60.000 taínos en isla de La Española, pero en 1531 la explotación y las enfermedades habían reducido el número a 600. Estudios actuales muy fundados cuestionan estos datos.

Étnicamente no todos los habitantes de La Española eran propiamente taínos, ya que además del taíno clásico se hablaban el ciguayo y el macorí, que según Fray Bartolomé de las Casas eran tres lenguas diferentes y mutuamente ininteligibles. Entre los pueblos taínos, De las Casas sugiere que existían varias lenguas entre ellos:

Taíno clásico, hablado en Cuba oriental y la mayor parte de La Española, algunos asentamientos esporádicos al oeste de la provincia de Oriente en Cuba central y occidental así como las islas Lucayas meridionales (Islas Turcas y Caicos) y Puerto Rico. El taíno clásico tenía diferentes variantes regionales, de las cuales el Taíno del cazicazgo de Jaraguá se consideraba el más elegante y prestigioso. El taíno clásico de Jaraguá también sirvió como segunda lengua a los hablantes de otras lenguas de la región, así como lengua franca del comercio y la cultura. Según De las Casas era una lengua que casi todos conocían y podían entender, aunque claramente coexistía con otras lenguas en las Antillas mayores.

Taíno ciboney, era la lengua hablada en el extremo suroccidental de La Española, la mayor parte de Cuba oriental y central y probablemente Jamaica.

En el extremo oriental de Cuba, los guanajatabeyes  hablaban una lengua diferente cuyo origen no puede precisarse debido a la rápida extinción del grupo. En algunas islas como Jamaica o Dominica los taínos e iñeris permanecieron como grupo diferenciado hasta por lo menos finales del siglo XVIII, cuando estaban en proceso de mestizaje con la población de origen europeo y africano.

Algunos historiadores piensan, erróneamente, que los habitantes prehispánicos del Caribe fueron completamente aniquilados tras la llegada de los españoles, pero los estudios de ADN mitocondrial (ADNmt) en Puerto Rico señalan que hay un 61,1% de personas con ADNmt de origen amerindio, 26,4% de origen africano subsahariano y 12,5% con ADNmt de origen europeo. Esto ayuda bastante a esclarecer las migraciones precolombinas. En definitiva, cerca de un 10 a 15% del ADN total de los puertorriqueños es de origen amerindio según un estudio realizado por la revista Nature.

Los estudios del ADNmt estiman que un 15 y 18% de los dominicanos tiene ascendencia taína directa por línea materna. Otro estudio realizado en 2001 dice que la composición genética de la población dominicana era de un 85% de ascendencia africana, 9,5% amerindia, 0,8% europea y 4,8% de origen incierto, por el lado materno. Por el lado de la herencia paterna el 58% provenía de Europa, el 36% era africano, el 1% amerindio y un 5% indeterminado. Los genes taínos tienden a ser más frecuentes en Cibao (provincias de Puerto Plata, Espaillat y Santiago) y en menor medida las regiones Suroeste y Sudeste (San Juan, Bahoruco, Azua, Peravia y San Cristóbal).

En cuanto a la población moderna, otro grupo de estudiosos de universidades puertorriqueñas realizó un estudio del DNA o ADN mitocondrial que ha aportando datos sorprendentes, descubriendo que la actual población de Puerto Rico tiene un alto componente genético taíno (aborigen puertorriqueño) y guanche (aborigen canario, especialmente de los guanches de la isla de Tenerife). Eso indicaría que parte de los primeros contigentes llevados por los colonizadores europeos, era población autóctona llevada como esclava o forzadamente a las Antillas.

Los taínos se dividían en cuatro clases sociales: los naborias, los nitaínos, los bohiques y el cacique. En la estructura sociopolítica, de carácter teocrático-guerrero, el cacique y el bohique representan los poderes sobrenaturales del día y la noche. Estaban divididos en gran número de cacicazgos de desigual extensión, a veces unos tributarios de otros. El cronista Fernández de Oviedo narra que en La Española había cinco grandes caciques bajo los cuales gobernaban otros de menor importancia. Los caciques taínos recibieron pacíficamente a los conquistadores, al supuestamente considerarles, como otros tantos pueblos de América, dioses llegados del cielo.

Sin embargo, ante el mal trato que recibieron por parte de los recién llegados, los caciques organizaron a sus hombres y repelieron las agresiones que tenían el propósito de someterlos y esclavizarlos. Las modernas armas de los conquistadores (arcabuces, ballestas, cañones), sus petos y armaduras, fueron las claves de una lucha desigual que llevó a la derrota de los caciques taínos. Los taínos denominaban cacique al jefe de una unidad territorial cuyo poder era limitado a un yucayeque, caserío, valle, etc.

Para el año de 1492, en Quisqueya (la Española), existían cinco cacicazgos: Higüey, Maguá, Maguana, Marién y Jaragua, gobernados por los siguientes caciques: Cayacoa en Higüey, Guarionex en Maguá, Caonabo (de ascendencia Caribe) en Maguana, Guacanagarix en Marién y Bohechío (sucedido por su hermana la princesa Anacaona) en Jaragua.

En la época del arribo de los europeos a América, entre los caciques más importantes de Boriquén (como se llamaba la isla de Puerto Rico) y sus áreas de gobierno estaban: Agüeybana y Guaybaná (Guánica) -dos de los más poderosos de la isla-, Aramaná (en las riberas del río Toa), Arasibo (en Arecibo), Cacimar (en Vieques), Caguax (en Caguas), Canóvanas (en el área del río Grande de Loíza y Río Cubuy o Cayniabón), Daguao (en Ceiba), Guacabo (en Manatí), Guaraca (en el área del río Guayanés), Guarionex (en Utuado), Guamanix (en Guayama), Jumacao (en Humacao), Hayuya (en Jayuya), Yuisa (en Loíza), Luquillo (en Luquillo), Mabodomaca (en Guajataca), Mabó (en Guaynabo), Majagua (en Bayamón), Mayagoex (en Mayagüez) y Orocobix (en Orocovis).

Los poblados estaban organizados en claros de la selva, tierra adentro, con dos clases de habitáculos: el bohío (vivienda común circular de los habitantes del yucayeque) y el caney (más grande, rectangular y con ventanas, donde habitaba el cacique con su familia). Estas viviendas se construían con hojas de hinea (que se recoge en ríos y lagos), y maderas de los árboles de capá prieto y canela cimarrona. Para dormir usaban hamacas tejidas de algodón (la palabra hamaca es voz taína).

La vestimenta de los taínos era ajustada al medio tropical donde crecía su cultura. Los invasores españoles hallaron a los hombres cubiertos con un simple taparrabos, y a las mujeres casadas con un delantal de paja, algodón u hojas llamado naguas. Las mujeres solteras andaban desnudas. Ambos sexos se aplicaban pintura corporal negra, blanca, roja y amarilla. Decoraban sus cuerpos con tatuajes religiosos para protegerse de los malos espíritus, y horadaban orejas y labios con oro, plata, piedra, hueso y concha.

Entre los útiles confeccionaban cestas, cacharros de cerámica, tallaban la madera, hilaban redes y manufacturaban el oro, abundante en los ríos de Cuba, La Española y Puerto Rico. Los españoles extrajeron más de diez toneladas de oro, agotando las reservas de la isla y expoliando los pocos objetos de interés que tenían los ajuares de los caciques.

Los caciques practicaban la poligamia, infrecuente entre el común del pueblo. Esta práctica estaba justificada por el exceso de muchachas en edad núbil, y porque entre los taínos era un deshonor no tener hijos. Las relativas riquezas de los caciques, su estatus, y las pocas aspiraciones del pueblo, permitían a éstos poseer varias mujeres e hijos. La poligamia creció por la constante lucha contra los indios caribes. Las numerosas bajas entre la población masculina y la imperiosa necesidad de mantener un nivel de población, fueron factores determinantes para propagar la poligamia entre las tribus taínas antillanas. Los caciques tenían muchas mujeres, pero eran mujeres de tratado, a las que llamaban lieguas. Las mujeres tenían que ser vírgenes, y mayormente las utilizaban para mantener la paz con los indios caribes. El cacique Bohechio tenía 30 mujeres, pero solamente quería a una, las demás eran para mantener la paz con los demás yucayeques.

La principal actividad económica de los taínos era la agricultura; para lo cual construían sembrados que llamaban conucos. Cultivaban mandioca o yuca en sus variedades dulce y amarga, para lo cual empleaban abonos y sistemas de riego; otros cultivos importantes eran: maíz, cacahuate (o maní), pimienta, piña, batata, algodón, tabaco y yuca.

Cazaban pequeños roedores como las jutías, iguanas, algunas variedades de pájaros como la higuaca, y serpientes; pescaban con varias técnicas empleando anzuelos, redes, veneno, etc. Fabricaban objetos como la hamaca, camas de leña (o coyes, como las llamaban). Fermentaban la yuca para obtener una bebida embriagadora llamada uicú o cusubí. El casabe, que es una especie de pan de yuca o torta circular de yuca tostada al sol o al fuego, formaba parte de su dieta regular y es consumido aún hoy día en la zona del Caribe. Aún se fabrica en Venezuela (utilizando una especie de yuca amarga), República Dominicana y en la región oriental de Cuba.

Los taínos tuvieron una creencia religiosa monoteísta como muchos indígenas de Las Américas. La divinidad principal era YaYa, que viene de la palabra taína “Yara” (que significa “lugar” en lengua arawaka taína); la primera “Ya” simboliza el mundo espiritual, y la segunda “Ya” simboliza el mundo material; o sea que quiere decir “Creador del mundo espiritual y del mundo material. También se le conoce como Semign (que significa “Dios” en lengua arawaka taína). En los libros de historia suele decirse que ellos eran politeístas, pero eso fue una excusa que crearon los españoles para que la Reina de España legalizara la esclavitud.

La palabra cemí cuyo significado en lengua taína significa “Ángel”, designa a los seres espirituales de la mitología taína. Algunos de estos eran: Yocajú Bagua Maorocoti, Opiel Guobiran, Baibrama, Corocote y Maketaurië Guayaba. Anteriormente se creía que Jurakan (origen del término huracán) era el dios del mal, puesto que el panteón fue interpretado según la creencia dual del catolicismo. En realidad, había varios espíritus que, cuando se unían, causaban destrucción al pueblo taíno. Juracán era el nombre que le daban los taínos a los fenómenos atmosféricos conocidos hoy por huracanes y tormentas tropicales. En la creencia taína, quien realmente desataba estos huracanes era Guabancex, quien era acompañada por Guataubá y Cuatrisquie.

El monte más importante en la cultura taína era la montaña actualmente llamada El Yunque, donde hacían las ceremonias principales para su Dios (el nombre actual se deriva del nombre “Yuke”, que era el nombre que los taínos le daban).

Sin embargo, el rasgo más característico de la mitología taína fue considerar a los espíritus respecto a los hombres y animales, plantas y seres inanimados. En las creencias religiosas de la cultura taína, los hupia son los espíritus de los muertos, y se diferencian de los goeiza: espíritus de los vivos. Si bien la vida goeiza había forma clara, después de la muerte el espíritu se dio a conocer como un hupia y se fue a vivir al Coaybay.

Este animismo confería al Bohití o bohíque, médico brujo, grandes poderes, al ser el encargado capaz de comunicarse con los espíritus. Para este fin confeccionaban ídolos de algodón, piedra, hueso, concha y otros materiales, que recibían el nombre de cemíes. Los cemíes tenían poderes sobre el hombre, ya que en ellos residían los espíritus de antepasados muertos, rocas, árboles, etc.

En 1907, Fewkes estudió los ídolos taínos, llegando a la siguiente conclusión: los taínos creían en dos seres sobrenaturales llamados cemíes que eran los progenitores de los demás. Estos dos padres creadores estaban simbolizados por ídolos de piedra, madera o barro, a quienes los indígenas rezaban sus oraciones y en cuya presencia celebraban los ritos para implorar la abundancia de frutos y la dicha de la raza humana. Un grupo de estos sobrenaturales cemíes tutelaban y representaban a los antepasados del clan. El culto de estos ídolos se hallaba supeditado a las familias, y sus imágenes eran guardadas en la casa-templo del cacique.

Ramón Pané, fraile que entre 1494 y 1498 vivió entre los taínos de Santo Domingo, es tajante respecto a las creencias religiosas, decia que Yocahú (el padre creador) vive en el cielo, es un ser inmortal al que nadie puede ver, y aunque tiene madre no tiene principio. Su madre, diosa sin principio también, tiene varios nombres: Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco.

Oviedo, cuando habla de la pareja divina, dice: «El cemí es el señor del mundo, del cielo y la tierra. Yocahú es la divinidad suprema, hijo y abuelo mítico invisible e intangible como el fuego, como el viento, el sol o la luna. En los museos puertorriqueños hay abundantes muestras de estos curiosos ídolos, los cemíes, cuya forma ha suscitado entre los ufólogos variadas especulaciones.

Los taínos se divertían de diferentes maneras, a través del baile, la música y el juego de pelota. Este último era conocido como batú y se jugaba en un espacio llamado batey. El juego despertó el interés de los colonizadores españoles, debido a que la pelota que utilizaban (que estaba hecha de las raíces de la planta llamada Cupey) rebotaba, y este fenómeno era desconocido en Europa. El juego de pelota se jugaba entre 2 equipos de hasta 30 jugadores (hombres y mujeres) que tenían que mantener la bola en el aire con sus hombros, codos, caderas o cualquier otra parte del cuerpo, excepto las manos y los pies.

Los principales rituales taínos escenificaban danzas sagradas llamadas areítos, acompañadas de diversos instrumentos, principalmente tambores. Entre las plantas más utilizadas estaba el tabaco. El árbol de cohoba se utilizaba durante una ceremonia religiosa («el ritual de la cohoba») en la cual el cacique, el bohique y los nitaínos se comunicaban con los espíritus.

Aproximadamente el ocho por ciento de la población cubana posee en su ADN genes pertenecientes a la casi extinta población aborigen anterior a la de la llegada de Cristóbal Colón. En la Isla subsisten elementos del perfil genético de antiguos pobladores aborígenes, debido a que sus mujeres fueron sometidas por los colonizadores y obligadas a mezclarse con ellos, por lo cual su esencia ha llegado hasta el presente. Otro dato constatado en los estudios es que los genes predominantes en los cubanos proceden de los ibéricos mediterráneos, y en segundo lugar de los africanos subsaharianos.

 También se sabe que el poblamiento de Cuba comenzó hace más de cuatro mil años, con la emigración de aborígenes habitantes de las actuales regiones de La Florida y Bahamas por el norte, y Guatemala por el sur, los cuales llegaron a través del arco de las Antillas Menores.

 La composición genética de una población depende directamente de la mezcla genética de esa población, que está determinada por su migración y mestizaje. La población cubana se originó principalmente por españoles caucásicos y negros africanos. La población india cubana original fue exterminada en un breve período de tiempo después de la llegada de los españoles. En la actualidad, cerca de 500 descendientes viven en las más aisladas montañas de las provincias orientales. La contribución de la población indígena a la composición genética de la población cubana es insignificante, por lo que la dotación genética actual consiste solo de genes de procedencia europea y africana.

Desde los primeros años del establecimiento de la colonización española, los africanos fueron introducidos en Cuba para incrementar la fuerza de trabajo, debido al proceso sistemático de la desaparición de la población nativa cubana. En general, la población hispana provenía de Valencia, Islas Canarias, Asturias, Galicia, Andalucía, Cataluña y Castilla. Muchos africanos eran originarios de la costa occidental de África, del Golfo de Guinea, del sur de Angola. Una pequeña proporción procedía de la región central del continente africano y como excepción de la región oriental con costas en el océano Índico. En el último censo realizado en Cuba en 2002, la población cubana fue clasificada antropológicamente como blancos 65,05 %, negros 10,08 %, y mestizos, en su inmensa mayoría, mulatos 23,84 %; de asiáticos solo 1,02 %.

Como hecho anecdótico e interesante, se puede señalar la información relacionada con el trabajo realizado por un joven arqueólogo cubano en la comunidad Patana, ubicada en la región más oriental de la isla, en el municipio de Maisí en su extremo más oriental, a unos 5 km del noroeste de la Punta de Quemado. Esta comunidad fue fundada en 1870 por un soldado español llamado Narciso Mosqueda casado con una descendiente aborigen. Actualmente viven allí unos 125 descendientes como resultado de la unión entre ellos. Estos pobladores tienen algunas características fenotípicas, caracterizadas por baja talla, tez oscura, ojos oblicuos y pelo negro y lacio. También algunos se caracterizan por la mezcla existente entre genes caucasoides y aborígenes, sin que existan características fenotípicas de otras etnias como la africana. En la década del sesenta del siglo pasado los rasgos pataneros fueron estudiados por los investigadores Manuel Rivero de la Calle y Antonio Núñez Jiménez.

En un estudio realizado en 2009 en la ciudad de La Habana, usando diferentes modelos matemáticos, se clasificaron los individuos en 3 grupos de acuerdo con su origen ancestral en descendientes de: españoles, africanos y mulatos; estos últimos representantes de una mezcla de africanos y españoles. En este estudio, que incluyó 206 individuos, se utilizaron técnicas de aislamiento del DNA genómico. La proporción de mezcla génica en el grupo de los descendientes de españoles se estimó en 85 % de europeos y 15 % de africanos; en el grupo de descendientes de africanos, el rango de genes africanos fue de 74 a 76 %; y en el grupo de mulatos la proporción de mestizaje mostró un rango entre 57 y 59 % de genes europeos, y entre 41 y 43 % de africanos.

Otros estudios cubanos con el empleo de múltiples marcadores genéticos, han demostrado las características genéticas de la población. En 1976, investigadores del Instituto de Hematología e Inmunología de La Habana, hicieron un trabajo donde utilizaron 12 marcadores bioquímicos en los 3 grupos principales de cubanos. Se encontró que en los caucásicos existían 95 % de genes propios de caucásicos y 5 % de genes procedentes de negros; en mulatos, 53 % de genes de caucásicos y 47 % de genes propios de negros; y en los cubanos negros (afrocubanos), 13 % de genes de caucásicos y 87 % de genes de negros. El porcentaje estimado de ancestros africanos y caucásicos en el grupo total se encuentra muy cerca de 50 %. De acuerdo con otra investigación que comprendió todo el país, se calculó que la prevalencia de caucásicos era de 52 %, la de mulatos de 43 % y la de afrocubanos de 5 %.

La distribución de los grupos sanguíneos ABO es diferente entre los diversos grupos étnicos. Entre los caucásicos y los africanos, la diferencia fundamental radica en que el grupo A es más frecuente en los caucásicos y el grupo B en los africanos; la secuencia en el orden de frecuencia es O, B y AB. Las frecuencias de los grupos A2 y A2B en las poblaciones africanas y en la población negra cubana estudiada, resultaron similares. Las observaciones realizadas en estos estudios son parecidas a las comunicadas previamente entre caucásicos y africanos.

De acuerdo con estos trabajos se puede concluir que la composición genética de la población cubana está constituida sobre todo por genes propios de individuos caucasoides provenientes de la península ibérica, y por genes derivados de los grupos africanos que fueron introducidos en las islas del Caribe como fuerza de trabajo esclava. Los datos analizados evidencian las características de la mezcla étnica de la población cubana, porque en individuos fenotípicamente blancos o negros, aparecen genes de procedencia caucásica o africana, de modo indistinto; además, esta mezcla genética se ha encontrado de manera más clara expresada en los mulatos. Es destacable que la presencia de genes provenientes de otras poblaciones étnicas es insignificante en la población cubana.

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Una respuesta a Taínos y otros ancestros del Caribe

  1. June Cussen dijo:

    Hello. I am editing a children’s book on Ponce de Leon. I would like to be able to use the image of the European ship coming in with four Tainos in a canoe in the foreground, reproduced on your blog. Can you give me any information on how I may obtain this?
    Thank you.
    June Cussen, Pineapple Press, Florida, USA

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