José Martí: “El Apóstol de la Independencia”

Estimado lector que rozas la suave y policromada pluma del tocororo:

Si viajas a Cuba, cosa muy recomendable, verás que José Martí es un nombre unido indisolublemente a la Isla. Desde el momento mismo de tu llegada lo vas a notar porque el Aeropuerto de La Habana, el más grande del país, lleva su nombre.

Si preguntas a cualquier cubano quién es Martí probablemente te va a responder: Martí es el “Apóstol” de Cuba. Es el “Maestro”. Es el héroe nacional cubano.

José Julián Martí Pérez fue un político liberal, pensador, periodista, filósofo y poeta cubano, creador del Partido Revolucionario y organizador de la Guerra del 95 también llamada Guerra Necesaria. En el aspecto literario, que es muy brillante, perteneció al movimiento del modernismo.

Martí nació en la calle Paula nº 41 de La Habana, el 28 de enero de 1853, hijo del valenciano Mariano Martí  y de la tinerfeña Leonor Pérez Cabrera. José tuvo 7 hermanas: Leonor, Ana, Carmen, Pilar, Amelia, Antonia y Dolores.

En 1860 Martí comenzó a estudiar en el colegio de San Anacleto dirigido por Rafael Sixto Casado, destacado pedagogo cubano. En esta escuela conoció a Fermín Valdés Domínguez, su compañero de aula, de donde nació una amistad que duraría para toda la vida. A los nueve años viajó con el padre a Matanzas y allí comenzó su sufrimiento al conocer personalmente lo que era la esclavitud. Sufría al ver los trabajadores negros amontonados en barracones sucios. Le dolían sus miradas tristes y sus cantos como lamentos, y se horrorizaba al ver como un mayoral de mal corazón castigaba a latigazos a un esclavo negro. En aquel momento su espíritu se indignó profundamente y desde entonces nació en su corazón la piedad por lo que luego llamaría “mis negros”. Tiempo después escribiría “Quien ha visto azotar a un negro ¿no se considera para siempre su deudor?. Yo lo vi cuando era niño y todavía no se me ha apagado en las mejillas la vergüenza… Yo lo vi y me juré desde entonces su defensa”.

En 1866 se matriculó en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Ingresó también en la clase de Dibujo Elemental en la Escuela Profesional de Pintura y Escultura, más conocida como San Alejandro.

El 4 de octubre de 1869 como era costumbre de la época, los españoles celebraron una revista militar. Terminada ésta, la escuadra de gastadores del primer batallón de voluntarios irrumpió con música marcial por la esquina de Industria y San Miguel pasando ante la ventana donde Martí, los hermanos Valdés Domínguez, Manuel Sellén, Santiago Galvín y el profesor de francés Atanasio Portier conversaban animadamente. Enfilaron los soldados con aire retador y por creerse burlados por los jóvenes, cuya simpatía por los insurrectos era bien conocida, volvieron al anochecer para arrestar a los hermanos Fermín y Eusebio.

En el registro de la casa encontraron una carta dirigida a Carlos de Castro y de Castro quien se había alistado como cadete en el Ejército Español. Esa carta era una verdadera condena contra el cubano procolonialista. Martí tenía gran preocupación al ver a un cubano, alistarse en las filas del enemigo. La carta expresaba “Compañero ¿Has soñado tú alguna vez con la gloria de los apóstatas? ¿Sabes tú como se castigaba en la antigüedad a la apostasía? Esperamos que un discípulo del Sr. Rafael María de Mendive no ha de dejar sin contestación esta carta.

José Martí, Fermín Valdés Domínguez”.

El día 9 fue arrestado el joven Martí. Lo condenaron a 6 años de prisión, aunque se habló incluso de un primer fallo de pena de muerte cosa que se considera posible basándonos en lo que años después escribiría en sus Versos Sencillos:

Gocé una vez, de tal suerte

que gocé cual nunca cuando

La sentencia de mi muerte

Leyó el alcaide llorando”.

Se refiere a la sentencia del juicio por la carta escrita al apóstata ya que no se sabe de ningún otro juicio a que fuera sometido durante toda su vida. Por tal razón, el 21 de octubre de 1869, Martí ingresó en la Cárcel Nacional acusado de traición por escribir esa carta, junto a su amigo Fermín Valdés Domínguez  (que también fue condenado a seis meses de prisión). El 4 de marzo de 1870, le impusieron seis años de prisión. ¿Cuál fue la razón de un castigo tan duro?. Martí pasó al presidio de San Lázaro, y allí fue encerrado en la Brigada Primera de Blancos, donde le raparon la cabeza al cero y le ataron un grillete con cadenas desde la cadera hasta la pierna derecha llegando a tener llagas causadas por los pesados grilletes. En la ficha del penal aparece su filiación: Estado soltero, edad diecisiete años, estatura regular, color bueno, cara, boca y nariz regulares, ojos pardos, pelo y cejas castaños, barba lampiña y como señas particulares se indican una cicatriz en la barba y otra en el segundo dedo de la mano izquierda.

Martí sufrió un penoso castigo físico que, por si fuera poco, debía soportar durante los duros trabajos forzosos en el penal de  San Lázaro. Trabajaba doce horas bajo el sol en las canteras llamadas “La Criolla”, según lo había ordenado el Comandante del Presidio, Mariano G. de Palacios. Allí tenía que excavar y romper las piedras  a golpe de pico y luego llevarlas hasta los hornos de la cantera, en lo alto de una loma.

La gruesa cadena y los grilletes le provocaron lesiones importantes en los tobillos y la cintura, a pesar de las almohadillas hechas por su madre Doña Leonor y que su padre Don Mariano le había llevado, para disminuir el roce con la piel. Partiendo piedras en aquella cantera, bajo un sol inclemente, su salud se resistió para siempre y toda su vida lo atormentó una llaga que el hierro le profundizó en el pie.

Martí llamaba llaga, a una úlcera que le provocó pérdida de tejidos y le producía mucho dolor. También le apareció otra a la altura de la cadera. A pesar de los múltiples tratamientos, estas lesiones no cicatrizaron nunca correctamente.

Por suerte para él, nunca llegaría a cumplir los seis años de condena en aquellas duras condiciones por  su mal estado de salud.  En agosto, Don Mariano hizo gestiones ante José María Sardá y Gironella, arrendatario de las canteras y amigo personal del Capitán General para que intercediera ante éste y pidiera la disminución del rigor de la pena para su hijo. En ese mismo mes de agosto fu enviado a la cigarrería del penal y luego a La Cabaña, en atención a su estado de salud. Ya para entonces a los sufrimientos de Martí se había añadido una afección grave de los ojos, producida por la acción del sol y la cal de las canteras.

El 5 de septiembre, el Capitán General le conmutó la pena por la de ser relegado a Isla de Pinos (actual Isla de la Juventud) a donde llegó el 13 de octubre en calidad de deportado. José María Sardá lo acogió allí en su finca “El Abra”. Doña Leonor preocupada por la salud de su hijo, le escribió una solicitud de indulto al Capitán General :

“Aquí teneis a las hermanitas, y triste madre de el desgraciado José Martí joven que acaba de cumplir 17 años, y ha sido sentenciado a seis años de presidio por tres palabras escritas…no teniendo en el mundo más amparo que éste único hijo, para que con su trabajo me ayude a sostener a seis hermanos menores que él, y ser su padre un anciano y enfermo y no pudiendo resistir tamaña desgracia…me atrevo a suplicar se sirva indultar a mi desgraciado hijo de pena tan dura…”.

Al conseguir una respuesta positiva, Martí viajó deportado a España. El 1º de febrero de 1871 desembarca en Cádiz y el 16 ya estaba en Madrid. Tenía entonces 18 años. Imaginemos cuanto habrá sufrido nuestro héroe con sólo 18 años deportado en un país que no conoce y en una época de intenso frío.

A pesar de aquellas calamidades, las inquietudes revolucionarias de Martí no se apagaron con su deportación a la metrópoli. Más bien al contrario. Cuando llegó a comienzos de febrero de 1871 al puerto de Cádiz, desde donde partiría casi de inmediato hacia Madrid, José Martí, estaba más decidido que nadie a defender y difundir a toda costa sus ideales revolucionarios.

Ese año escribió “El Presidio Político en Cuba” donde evocaba sus impresiones de la cárcel y se refiere al dolor físico, más lacerante acaso por la imposibilidad del preso 113 de remediar en esos momentos los escarnios y las enfermedades de que allí fueron víctimas como él, el niño Lino Figueredo, el anciano Nicolás del Castillo o el negro anciano Juan de Dios Socarrás.

Estas cosas le dejaron huellas que lo acompañaron durante toda su vida. Las úlceras provocadas por los grilletes, nunca le sanaron completamente. Hay que tener en cuenta que en esa época no existían los antibióticos y eran úlceras infectadas por la cal, el sudor y la sangre. Con frecuencia padecía de adenopatías inguinales, fiebre y dolores lo cual le dificultaba caminar. (Las adenopatías son induraciones dolorosas, producidas por infecciones).

A principios de mayo enfermó nuevamente. Aquel mal que adquiriera en las Canteras de San Lázaro le ocasionaba frecuentes infartos ganglionares de la ingle y fiebre. Fue tanto el sufrimiento por las úlceras que cuando escribió “El Presidio Político en Cuba”, utilizó en once oportunidades el término llaga, para referirse precisamente a las úlceras.

En Madrid se vinculó a Carlos Sauvalle, que conocía desde La Habana quien lo acoge cariñosamente con el afecto de un hermano mayor. Carlos había sido estudiante de Medicina y al verlo enfermo le insistió para visitar un médico. Martí inicialmente se negó pero a finales de abril, en el tercer mes de su estancia en España, al ver agravado su estado de salud decide ir y después de la consulta se le diagnostica sarcoidosis.

Se trata de una enfermedad de etiología desconocida, caracterizada por tubérculos epiteliales con necrosis que pueden aparecer en cualquier órgano o tejido. Cursa con períodos de remisiones y recidivas, es decir, mejora un tiempo y vuelven los síntomas, como le sucedía a Martí. Entre sus manifestaciones clínicas se encuentran las afecciones respiratorias, de las cuales también sufría nuestro héroe nacional.

Su salud se fue agravando y de nuevo lo vieron los Doctores Hilario Candela y Gómez Pamo que después de examinarlo y realizar entre ellos la discusión clínica, determinaron que necesitaba ser operado de un tumor que se palpaba en uno de sus testículos. Esta intervención quirúrgica se realizó a fines de noviembre y cuando Martí se encontraba en cama todavía convaleciente, ocurrió en La Habana el más triste de todos los crímenes de los voluntarios españoles: el  injusto fusilamiento de ocho inocentes estudiantes del primer curso de Medicina.

Al año siguiente su salud continuó debilitándose y fue necesario realizarle otras dos operaciones del testículo. El doloroso tumor resultó ser por los estudios anatómicos y patológicos, un sarcocele. (Se trata de un tumor duro y crónico según se consideraba en aquella época y no con características de malignidad como se acepta hoy en día, que fue producido por el roce constante de la cadena que llevaba en el presidio).

En el mes de agosto de 1872, ya algo recuperado, se matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. Vivía en esa época en un modesto cuarto de la casa de huéspedes de Doña Antonia, calle Desengaño, número 10. Carlos Sauvalle, cuenta que más que el dolor de la lesión interna que le dejó el presidio, le atormentaba el recuerdo vivido en las canteras, la idea de su soledad y la evocación nostálgica de su hogar y de su Patria.

En mayo de 1873, los médicos le aconsejaron un cambio de clima por lo que se trasladó junto a Fermín Valdés Domínguez, para continuar los estudios en la Universidad de Zaragoza, capital de Aragón. Exactamente un año después, tuvo que regresar a Madrid por causa del sarcocele que volvía a darle problemas. Después de este corto viaje, volvió a Zaragoza para licenciarse.

El expediente personal de Martí fue localizado en Zaragoza con una nota dirigida al Rector, con fecha 11 de junio de 1874, donde Martí explica que “ausente en Madrid por enfermedad en los últimos días del mes pasado y en los primeros de este mes no ha podido hasta hoy solicitar examen de las asignaturas mencionadas”. Aceptada la solicitud, logró examinarse de las asignaturas pendientes y el 30 de junio de 1874 obtuvo el título de Licenciado en Derecho Civil y Canónico. Se sentía mejor de salud, pero sobre todo en el aspecto psíquico. Ya era un licenciado universitario. Un mes después se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad. Martí no pierde el tiempo y a pesar de su mala salud continúa los estudios.

Gracias a su contacto con Sauvalle, Martí conoció a doña Barbarita Echevarría, una criolla cubana, viuda de general, quien acogió con entusiasmo y simpatía las ideas del joven cubano. Fue ella quien, preocupada por los casi nulos ingresos del joven, le ofreció trabajar como profesor particular de sus hijos. Gracias a ella se le abrieron también las puertas de otras familias madrileñas, en las que ejerció igualmente como profesor. Mientras desempeñaba esta labor, que complementó con la de traductor gracias a sus conocimientos de inglés, Martí aprovechó también para sumergirse en el rico ambiente cultural, artístico y político que ofrecía Madrid. Así, se inscribió en el Ateneo de la capital, a donde acudía frecuentemente, atraído por su fantástica y nutrida biblioteca y su sala de estudios. También allí asistió y participó en los interesantes debates que surgían entre los socios más asiduos, entre los que se encontraban algunas de las figuras más destacadas del Madrid de la época.

De forma paralela asistió también a las habituales reuniones y tertulias de exiliados cubanos, donde se informaba puntualmente de los tristes sucesos que ocurrían en su amada Cuba, como la ejecución del poeta Juan Clemente Zenea, o el anteriormente mencionado fusilamiento de ocho estudiantes de Medicina de La Habana, hechos estos que le marcaron enormemente.

En este mismo 1871, el primero de sus casi cuatro años de exilio en España, Martí escribió uno de sus textos más célebres de la época, El presidio político en Cuba, en el que daba a conocer su propia experiencia como condenado a trabajos forzados, denunciando el terrible trato que las autoridades españolas daban a los independentistas cubanos.

El texto de Martí se convirtió rápidamente en todo un éxito. Su duro mensaje, cargado de críticas al gobierno de España, caló fácilmente entre los lectores, no sólo los exiliados cubanos, sino también entre muchos españoles. Aquella buena recepción de sus escritos no era algo extraño, teniendo en cuenta la agitada vida política que se respiraba en aquella época en España. Tras la Revolución de 1868, y la posterior instauración de una monarquía democrática bajo la figura de Amadeo de Saboya, las aguas no estaban sin embargo, nada tranquilas, como demostraría la futura proclamación de la República en 1873.

Durante sus años en España surgió en él un profundo afecto por el país, aunque nunca perdonó su política colonial. En su obra La República Española ante la Revolución Cubana reclamaba a la metrópoli que hiciera un acto de contrición y reconociese los errores cometidos en Cuba. Tras viajar durante tres años por Europa y América, José Martí acabó por instalarse en México donde entabló relaciones con Manuel Mercado y conoció a Carmen Zayas-Bazán, la cubana de Camagüey que posteriormente sería su esposa.

Desde España se trasladó también a París durante poco tiempo. Pasó por Nueva York y llegó a Veracruz el 8 de febrero de 1875, donde se reunió con su familia. Del 2 de enero al 24 de febrero de 1877 estuvo de incógnito en La Habana como Julián Pérez. Al llegar a Guatemala trabajó en la Escuela Normal Central como catedrático de Literatura y de Historia de la Filosofía. Retornó a México, para contraer matrimonio con Carmen el 20 de diciembre de 1877 regresando a Guatemala a inicios de 1878.

Concluida la guerra llamada «De los 10 años» en 1878 volvió a Cuba el 31 de agosto para residir en La Habana, y el 22 de noviembre nació José Francisco, su único hijo. Comenzó entonces sus labores conspirativas figurando entre los fundadores del Club Central Revolucionario Cubano, del cual fue elegido vicepresidente el 18 de marzo de 1879. Posteriormente el Comité Revolucionario Cubano, radicado en Nueva York bajo la presidencia del Mayor General Calixto García, lo nombró subdelegado en la isla.

En el bufete de su amigo Don Nicolás Azcárate conoció a Juan Gualberto Gómez. Entre el 24 y el 26 de agosto de 1879 se produjo un nuevo levantamiento en las cercanías de Santiago de Cuba. El 17 de septiembre Martí es detenido y deportado nuevamente a España, el 25 de septiembre de 1879, por sus vínculos con la conocida como Guerra Chiquita, liderada por el citado general García. Estuvo entonces en Nueva York en la casa de huéspedes de Manuel Mantilla y su esposa, Carmen Miyares.

Martí logró llevarse consigo a su esposa e hijo el 3 de marzo de 1880. Permanecieron juntos hasta el 21 de octubre, en que Carmen y José Francisco regresaron a Cuba. Una semana después resultó electo vocal del Comité Revolucionario Cubano, del cual asumió la presidencia al sustituir a García, quien había partido hacia Cuba para incorporarse a la fallida Guerra Chiquita.

Entre 1880 y 1890 Martí alcanzaría renombre en América a través de artículos y crónicas que enviaba desde Nueva York a importantes periódicos: La Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires y El Partido Liberal de México. Posteriormente decide buscar mejor acomodo en Venezuela, a donde llegó el 20 de enero de 1881. Fundó la Revista Venezolana, de la que pudo editar sólo dos números. En esa época trabajó para la casa editorial Appleton como editor y traductor.

A mediados de 1882 reinició la labor de reorganizar a los revolucionarios (los partidarios de la independencia total de Cuba de la metrópoli española), comunicándoselo mediante cartas a Máximo Gómez Báez y Antonio Maceo. El 2 de octubre de 1884 se reunió por vez primera con ambos líderes y comenzó a colaborar en un plan de insurrección diseñado y dirigido por los generales Gómez y Maceo. Más tarde se separó del movimiento por estar en desacuerdo con los métodos de dirección empleados y las consecuencias que tendrían sobre la futura república cubana.

El 30 de noviembre de 1887 fundó una Comisión Ejecutiva, de la cual fue elegido presidente, encargada de dirigir las actividades organizativas de los revolucionarios. En enero de 1892 redactó las Bases y los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano. El 8 de abril de 1892 resultó electo Delegado de esa organización, cuya constitución fue proclamada dos días después, el 10 de abril de 1892. El 14 de ese mes fundó el periódico Patria, órgano oficial del Partido. Entre 1887 y 1892, Martí también desempeñó el cargo de cónsul de Uruguay en Nueva York.

En los años 1893 y 1894 recorrió varios países de América y ciudades de Estados Unidos, uniendo a los principales jefes de la Guerra del 68 entre sí y con los más jóvenes, haciendo acopio de recursos para la nueva contienda. Desde mediados de 1894 aceleró los preparativos del Plan Fernandina, con el cual pretendía promover una guerra corta, sin grandes desgastes para los cubanos. El 8 de diciembre de 1894 redactó y firmó, conjuntamente con los coroneles Mayía Rodríguez (en representación de Máximo Gómez) y Enrique Collazo (en representación de los patriotas de la Isla), el plan de alzamiento en Cuba. El Plan Fernandina fue descubierto e incautadas las naves con las cuales se iba a ejecutar. A pesar del gran revés que ello significó, Martí decidió seguir adelante con los planes de pronunciamientos armados en la Isla, en lo que fue apoyado por todos los principales jefes de las guerras anteriores.

El 29 de enero de 1895, junto con Mayía y Collazo, firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución. Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 un documento conocido como Manifiesto de Montecristi, programa de la nueva guerra. Ambos líderes llegaron a Cuba el 11 de abril de 1895, por Playitas de Cajobabo, Baracoa, al noroeste de la antigua provincia de Oriente.

Tres días después del desembarco, hicieron contacto con las fuerzas del Comandante Félix Ruenes. El 15 de abril de 1895 los jefes allí reunidos bajo la dirección de Gómez, acordaron conferir a Martí el grado de Mayor General por sus méritos y servicios prestados.

El 28 de abril de 1895, en el campamento de Vuelta Corta, en Guantánamo (extremo este de la provincia de Oriente), firmó junto con Gómez, la circular «Política de guerra». Envió mensajes a los jefes indicándoles que debían enviar un representante a una asamblea de delegados para elegir un gobierno en breve tiempo. El 5 de mayo de 1895 tuvo lugar la reunión de La Mejorana con Gómez y Maceo, donde se discutió la estrategia a seguir. El 14 de mayo de 1895 firmó la «Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador», último de los documentos organizativos de la guerra, que elaboró también con Máximo Gómez.

El día 18 de abril, en el Campamento de Dos Ríos, Martí escribe su última carta a su amigo Manuel Mercado. Ese documento se le conoce como su testamento político, en un fragmento de la carta Martí dice:

“…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas…”

El 19 de mayo de 1895 una columna española se desplegó en la zona de Dos Ríos, cerca de Palma Soriano, donde acampaban los cubanos. Martí marchaba entre Gómez y el Mayor General Bartolomé Masó. Al llegar al lugar de la acción, Gómez le indicó que se detuviera y permaneciera en el lugar acordado. No obstante, en el transcurso del combate, se separó del grueso de las fuerzas cubanas, acompañado solamente por su ayudante Ángel de la Guardia. (Ángel de la Guardia Bello era un joven de apenas 20 años cuando presenció consternado la caída del Apóstol. Este mismo joven recibió del general Maceo sus grados de comandante y el 30 de agosto de 1897 cayó mortalmente herido en la toma de Las Tunas). Martí cabalgó, sin saberlo, hacia un grupo de españoles ocultos en la maleza y fue alcanzado por tres disparos que le provocaron heridas mortales.

He aquí el relato más detallado: “Martí se montó en su caballo “Baconao”, regalo de José Maceo, y salió del campamento acompañado del joven Miguel Angel de la Guardia Bello  y se lanzó a buscar a Gómez. Vadeó el río Contramaestre, y al llegar a la cima de un barranco vino a parar frente a la línea de fuego de la infantería colonial, parapetada detrás de la cerca de alambre de púas. Al verlo seguido sólo de un jovencito, fue fácil blanco de la fusilería enemiga. Era un día lluvioso. Su sueño de morir combatiendo cara al sol se lo negó la naturaleza. Fue, sin duda, un día negro para el poeta de la rosa blanca”.

Su cadáver no pudo ser rescatado por los mambises (soldados cubanos) siendo recogido y trasladado por los españoles. Tras varias ceremonias fúnebres, fue finalmente sepultado el día 27, en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba. Hoy los restos de José Martí, como homenaje a su obra revolucionaria, a su intelecto y a la figura desbordante de la historia de Cuba, descansan en el  Mausoleo  con su mismo nombre en el Cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba. Este hecho ocurrió en 1951 en el que fue  su quinto y definitivo entierro.

El pensamiento político de Martí era liberal y demócrata. Además, su obra política y de propaganda tenía estas tres prioridades:

–          La unidad de todos los cubanos como nación en el proyecto cívico republicano de postguerra.

–          La terminación del dominio colonial español.

–          Evitar una expansión estadounidense.

Es casi unánime la información sobre su gran capacidad de trabajo y frugalidad, lo que, siendo evidente, junto a su palabra persuasiva, le valió el reconocimiento por la mayoría de sus compatriotas.

Además de destacado ideólogo y político, José Martí fue uno de los más grandes poetas hispanoamericanos y la figura más destacada de la etapa de transición al modernismo, que en América supuso la llegada de nuevos ideales artísticos.

Como poeta se le conoce por Ismaelillo (1882), obra que puede considerarse un adelanto de los presupuestos modernistas por el dominio de la forma sobre el contenido, Versos libres (1878-1882), La edad de oro (1889) y Versos sencillos (1891), esta última decididamente modernista y en la que predominan los apuntes autobiográficos y el carácter popular.

En A mis hermanos muertos el 27 de noviembre (1872), publicado durante su destierro en España, Martí dedica sus versos a los estudiantes muertos en una masacre acaecida en aquella fecha. Su única novela, Amistad funesta, también llamada Lucía Jérez y firmada con el pseudónimo de Adelaida Ral, fue publicada por entregas en el diario El latino-Americano entre mayo y septiembre de 1885; aunque en su argumento predomina el tema amoroso, en esta obra de final trágico también aparecen elementos sociales.

Entre sus obras dramáticas destacan Adúltera (1873), Amor con amor se paga (1875) y Asala. También fundó una revista para niños, La Edad de Oro, en la que aparecieron los cuentos Bebé y el señor Don Pomposo, Nené traviesa y La muñeca negra, y colaboró con diversas publicaciones de distintos países, como La Revista Venezolana, la Opinión Nacional de Caracas, La Nación de Buenos Aires o la Revista Universal de México.

Cronista y crítico excepcional, hizo de muchos de sus textos auténticos ensayos, algunos de carácter revolucionario como El presidio político en Cuba (1871) de gran fuerza lírica, El Manifiesto de Montecristi o su Diario de campaña. Sus Obras completas (1963-1965) constan de 25 volúmenes.

Su influencia en los cubanos fue y aún es  enorme. En general es considerado por sus compatriotas como el principal modelador de la nacionalidad cubana tal como la conocemos hoy. Su prestigio se refleja en los títulos que popularmente se le conceden. «El apóstol de la independencia» y «el maestro» son los más usados.

Martí tuvo un solo hijo: José Francisco Martí Zayas-Bazán, apodado «Ismaelillo» (1878-1945). José Francisco se alistó en el Ejército Cubano durante la guerra de 1895, a los 17 años tan pronto como averiguó que su padre había muerto. En ese momento estudiaba en Rensselaer Institute of Tecchnology, en Troy, New York. Se unió a las fuerzas del general Calixto García y con gran modestia declinó usar a Baconao, el caballo blanco de su padre, el cual le había sido enviado por Salvador Cisneros Betancourt. Calixto García lo promovió a capitán por su valor en la batalla de Las Tunas. También fue asistente de William Taft antes de que éste fuera presidente de Estados Unidos. Durante la república, alcanzó el rango de general y fue Secretario de Defensa y de la Marina, bajo el mando de su amigo íntimo Mario García Menocal, en 1921. En 1916 se casó con María Teresa Vancés, la pareja no tuvo hijos.

 

Memorial José Martí

El Memorial José Martí es uno de los sitios más emblemáticos de La Habana situado en la histórica Plaza de la Revolución. La cima del monumento se considera el lugar más alto de La Habana.

Con una sección en  forma de estrella de cinco puntas, es un centro histórico-cultural de cinco salas, las dos primeras dedicadas a divulgar la vida y obra de José Martí. La tercera, expone imágenes y documentos relacionados con la construcción de la Plaza. La cuarta sala es el teatro y el quinto espacio sirve para exposiciones transitorias.

El Memorial José Martí de la Plaza de la Revolución es el mayor monumento dedicado al Héroe Nacional de Cuba. Fue inaugurado por el presidente cubano Fidel Castro el 27 de enero de 1996, pero su génesis data del primer cuarto del Siglo XX cuando se trazó un plan de urbanización para la capital cubana que tendría como núcleo un centro cívico para cuyo enclavamiento se escogió la Loma de los Catalanes, ubicada entre las principales urbanizaciones de la época: El Vedado, El Cerro, Marianao y Centro Habana.

En 1937 se convocó un concurso panamericano de ideas para el monumento, cuyos resultados fueron desfavorables no pudiéndose elegir ninguno de los proyectos presentados pero que sirvieron de base a sucesivos concursos en 1939, 1940 y 1943, el que resultó definitivo al premiarse con el primer lugar el diseño del arquitecto Aquiles Maza y el escultor Juan José Sucre titulado Templo Martiano o Templo de las Américas y que contemplaba crear en el interior del obelisco una biblioteca museo donde conservar el ideario del héroe nacional cubano.

El segundo premio fue adjudicado a los arquitectos Govantes y Cabarocas quienes presentaron el proyecto de una biblioteca monumental como homenaje a Martí que fue edificada primero y hoy se alza en uno de los costados de la Plaza de la Revolución José Martí con el nombre de Biblioteca Nacional José Martí.

El tercer premio lo obtuvo Enrique Luis Varela al frente de un equipo de arquitectos y contemplaba un obelisco con planta en forma de estrella de cinco vértices como símbolo de libertad e independencia.

Después que Fulgencio Batista tomara el poder el 10 de marzo de 1952 decidió decretar la construcción del monumento como vía para limpiar su deteriorada imagen. Para ello firmó un decreto que imponía la recaudación de un día de haber por cada trabajador, además de elevar los impuestos y emplear otros métodos de obtener dinero para financiar la construcción.

La corrupción imperante en ese gobierno generó varios escándalos en torno al proyecto constructivo, partiendo de la adjudicación al ganador del tercer premio para favorecerlo por encontrarse en ese momento al frente de la Secretaría de Obras Públicas. Además la prensa de la época reflejó los abusos cometidos contra los habitantes de los barrios marginales que ocupaban el área escogida para el centro cívico.

La construcción se inició por fin en 1953 y a finales de 1958 se habían erigido el obelisco y la estatua de Martí pero faltaban las áreas circundantes y la tribuna. En 1961 quedó totalmente construida.

Preside el complejo la estatua del Apóstol en posición sedente rodeado por seis columnas luminarias con grabados a bajo relieve de escenas cívicas. Éstas representan las seis provincias en que se dividía el territorio nacional en aquella época. La torre de mármol mide 109 metros de altura.

El memorial fue la primera sede del Museo de la Revolución y hoy sus salones sirven de salas expositivas y para la celebración de actos, además de constituir uno de los principales atractivos turísticos de la capital cubana.

El monumento cuenta con varias salas para conferencias, además de otras para exposiciones dentro de las que está la muestra permanente con los escritos y elementos de la vida de José Martí, como muestra sobre la historia de su vida. Una tercera sala muestra la historia de la Plaza de la Revolución, y una cuarta habitación se utiliza para exposiciones de arte contemporáneo.

En este monumento además podemos ver las paredes decoradas con las características citas literarias de José Martí. Fuera y frente a la plaza se encuentra la monumental estatua de José Martí de 20 m. de altura de color blanco, tallada “in situ” por Juan José Sicre y rodeado por seis columnas de mármol. La plataforma donde se encuentra la estatua se usa como un podio, cuando se realizan los actos y eventos organizados por el gobierno cubano en la Plaza de la Revolución.

Aeropuerto José Martí

El Aeropuerto Internacional José Martí (código IATA: HAV, código OACI: MUHA) es un aeropuerto ubicado en el Municipio de Boyeros, La Habana, Cuba, operado por ECASA (Empresa Cubana de Aeropuertos y Servicios Aeronáuticos S.A.). Más conocido como el aeropuerto de Rancho Boyeros. Está situado 18 kilómetros de La Habana. Se llama José Martí para conmemorar al patriota y poeta cubano. Es el aeropuerto principal de vuelos internacionales y domésticos de Cuba y sirve a un gran número de pasajeros cada año, sobretodo turistas de Canadá, Italia, Reino Unido, España, Alemania y Francia. El aeropuerto es un “hub” de Cubana de Aviación, Aero Gaviota y Aero Caribbean.

Hay actualmente cinco terminales en uso en el aeropuerto. La terminal 1 sirve vuelos domésticos de Cubana de Aviación. La terminal 2 sirve vuelos charters de Miami y Aerolíneas Charters Corsair de Francia. La terminal 3, es la terminal principal y más moderna, sirve la mayor parte de tráfico y fue construido con la ayuda canadiense. La terminal 5 sirve a Aerocaribbean y algunas otras líneas charters. Aerovaradero es el terminal de carga, usada principalmente por Cargosur (Grupo Iberia) y Cubana Cargo. Hay un servicio de autobús para transferirse entre las terminales.

Debido al embargo de los Estados Unidos contra Cuba, a ninguna línea aérea de los Estados Unidos se le permite realizar vuelos programados al aeropuerto, por lo cual todos los vuelos regulares de Miami son designados como charters. Varias líneas aéreas hacen funcionar el servicio continuo entre La Habana y Miami. Estas aerolíneas incluyen American Eagle, Gulfstream International Airlines, y Continental Airlines. A causa de la relación de Cuba con la Unión Soviética, durante los años 70 y 80 el aeropuerto disfrutó de la presencia de muchas aerolíneas del Bloque del Este.

En el 2002, la Empresa de Logística de Cargo Aéreo (ELCA S.A.) abrió la nueva terminal de carga, una empresa conjunta compartida entre la compañía Cargosur, parte del grupo Iberia de España, y Aerovaradero S.A. de Cuba, con una inversión de más de 2,5 millones de dólares. El objetivo de esta empresa, la más moderna de su clase en esta región geográfica, es facilitar y reducir el coste del transporte de carga entre Europa y las Américas, en aviones pertenecientes a varias compañías. La terminal tiene una capacidad de 600 toneladas y 2000 metros cúbicos de espacio.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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