Perros de Cuba

Esta entrada está dedicada a mi querido amigo Ismael que es un excelente radioaficionado y además, un apasionado cinófilo. Él me hizo  comentarios en el tema anterior acerca de los perros en el Nuevo Mundo y eso me ha servido de inspiración para éste. ________________________________________________________________

Estimado lector que rozas una vez más la suave y policromada pluma del Tocororo: Dentro del ámbito estrictamente canino y según mi experiencia, esa teoría de que los perros de Cuba son simpáticos, es verdad al menos en mi opinión. También se dice que el carácter de los perros es semejante al de sus amos y eso lo explicaría todo. Aunque solamente estuve allí en cuatro ocasiones, he conocido ya algunos ejemplares realmente notables:

Manchi, un perro sato de siete años, blanco y negro, de buen carácter aunque algo tímido y desconfiado de los españoles (tiene buen instinto en eso, sí señor). Es el primero que conocí al llegar y cariñosamente lo bauticé enseguida como “Pulgoso” con gran disgusto de sus dueñas porque es un perro sin pulgas. Para mí es el mejor y el más bonito que hay en la Isla y por eso todos los años le llevo alguna cosita.

Los perros satos callejeros son frecuentes en La Habana y gozan en general de la simpatía de la gente. No me parecieron nada agresivos y estaban casi siempre dormitando a la sombra a causa del intenso calor caribeño del mes de agosto. (El perro “sato” es un perro cruzado y de raza indefinida. En mi tierra se le llama “can de palleiro” o sea perro de pajar).

También me hice muy amigo de una pareja simpatiquísima. Siempre andaban juntos de parranda y eran inseparables: Hícaro y Pancho.

Hícaro, perro carmelita de ocho años, muy comelón, cuidador de la propiedad, cariñoso, obediente, inteligente, dócil y pacífico. (El color carmelita es el marrón. Lo llaman así en Cuba por ser el color de las túnicas de los monjes carmelitas).

Pancho, blanco y negro, muy bueno, cariñoso, obediente, inteligente, cuidador de los bienes, era muy enamorado y se perdía  a veces durante varios días para andar con las perras del vecindario, pero siempre volvía y nos regalaba su mirada dulce y cariñosa. Desgraciadamente murió de una enfermedad respiratoria el 31 de marzo de 2011.

Y con estos antecedentes y aprovechando que el Almendares pasa por La Habana, podemos ya escribir un poco sobre los perros de Cuba:

El origen de los perros antillanos ya despertó la curiosidad de muchos especialistas desde hace bastante tiempo. Restos de los ejemplares caninos más antiguos de América han sido localizados en el extremo meridional de Chile, y se les ha datado entre 6.500 y 8.500 años de antigüedad. Como esta especie se encuentra en estado doméstico aún hoy entre las tribus aborígenes sudamericanas contemporáneas, es de suponer que los primeros pobladores de las Antillas, que  provenían de esas tierras debieron traer consigo los primeros especímenes del canis lupus familiaris o perro doméstico. Al que sí está comprobado que trajeron consigo fue al famoso e intrigante perro mudo, del que tanto han hablado los cronistas de Indias y que tanto desconcertó a los primeros conquistadores.

Los primeros pobladores españoles de la isla de Cuba observaron similitudes y diferencias entre los perros de los aborígenes y las razas caninas europeas de la época. Este hecho puso sobre el tapete la cuestión de si existieron razas de perros autóctonas de Cuba, y se ha elaborado la teoría de que hubo al menos tres: Cubacyon Transversidens, Indocyon caribensis y una tercera desconocida correspondiente al Pleistoceno cubano. Las dos primeras han sido descritas a partir de restos óseos hallados respectivamente en La Habana y Holguín. La tercera raza nunca ha sido descrita.

Cristóbal Colón pasa por ser quien primero hizo mención en su Diario de los perros que encontró en Cuba, a los que calificó como “mastines y blanchetes”. Un europeo conocía estas dos razas de perros y sabía que se diferenciaban claramente entre sí. Difícilmente un viajero como Colón, con tanto mundo andado, las habría confundido. El mastín es un perro “grueso y membrudo, con pecho ancho y robusto, patas recias y pelo largo algo lanoso, y el blanchete es pequeño como el faldero y de color blanco (los primeros ejemplares de esta raza fueron introducidos en Europa desde la isla de Malta)”.

Al día siguiente de su desembarco en tierra cubana Colón consigna en su diario que halló dos chozas que parecían de pescadores, y cuyos habitantes habían huido. En una encontró un perro “que nunca ladró”. También fray Bartolomé de las Casas, quien acompañó a Colón en su primer viaje, hace mención de estas bestias de cuatro patas “que no ladraban”. Al respecto, el padre Las Casas cuenta que los indios cazaban con aquellos perros unas aves que volaban muy bajo, casi a ras de suelo, a las que llamaban biayas (posiblemente algún tipo de flamenco o Phoenicopterus ruber).Según Las Casas, los indios llamaban en su lengua a esos perros aón.

Gonzalo Fernández de Oviedo, otro cronista que desembarcó en Cuba poco después del Descubrimiento, dejó escrito que tanto en esta isla como en La Española había perros “de varios colores, algunos bedijudos, otros cedeños y rasos (…) y tenían mucho aire de lobillos”.Al parecer Oviedo les encontraba parecido a estos canes con lobos de poco tamaño o cachorros de lobo. Según su apreciación, los perros de Cuba tenían un pelaje más áspero que los europeos “e las orejas avivadas e a la alerta como las tienen los lobos”. Según él, los indígenas llamaban a sus perros alco, palabra que poco se parece a la mencionada por Las Casas. Durante su estancia en La Española, Oviedo observó que aquellos perros “en esta Isla e las otras islas eran todos mudos e aunque los apaleasen ni los matasen, no sabían ladrar; algunos gañen o gimen baxo cuando les hacen mal”. Este comentario demuestra que los tales perros no eran mudos, ya que podían gemir y emitir alguna clase de gruñido y es muy llamativo que Oviedo utilice la expresión no sabían ladrar.

Lamentablemente, y aunque el dato es francamente macabro, lo cierto es que los compañeros de Colón, durante el segundo viaje del Almirante, se comieron a estos perros. El propio Oviedo asegura que los había en gran cantidad en el Nuevo Mundo y reconoce haber comido él mismo algunos de ellos “en la Gobernación de Nicaragua”. No era habitual que los españoles comieran carne de perro, así que muy apurada debió de ser su situación cuando hicieron esto o quizás seguían el ejemplo de los propios aborígenes.

También escribió Oviedo: “Perros gozques se halaron en la aquesta isla Española y en todas las otras islas que están en este Golfo (pobladas de Chriestanos), los cuales criaban los indios en sus casas. Al presente no los hay…”. Y también hace mención de la costumbre indígena de cazar en compañía de estos perros, cuyo trabajo consistía en tomar la pieza abatida por el cazador. Los gozques eran una raza de perros españoles de talla pequeña “muy ladradores, vivarachos y sensibles”. Oviedo asegura que los españoles trajeron perros en sus naos, y que una vez sueltos estos animales en tierra cubana “se han alzado y fecho salvajes e anidan en los montes e son muy dañosos”. ¿Serán estos, acaso, los antepasados genéticos legítimos del célebre perro jíbaro cubano, especie cuyos más característicos miembros difieren a simple vista de cualquier otro tipo de can conocido en la isla? Esto casi equivaldría a decir que los jíbaros más puros serían los perros más antiguos de Cuba.

Oviedo compara los perros que tenían los indios caribes continentales y asegura que eran mucho más esquivos que los perros españoles, “y eran estos perros de todas aquellas colores que hay perros en España, algunos de una sola color e otros manchados de blanco e prieto e bermejo o barcino o de colores e pelo que suelen tener en Castilla”. Oviedo no dice nada sobre si existían perros jíbaros mudos en las Antillas.

Otro cronista, de apellido Bernáldez, que fue con Colón también en su segundo viaje a Cuba, cuenta cómo a la llegada de Colón a una de las islas mayores del Archipiélago de la Reina, encontraron el Almirant y sus hombres una gran aldea que los indios habían abandonado prestamente al descubrir la proximidad de los españoles. Estos encontraron allí numerosas tortugas y cuarenta perros de tamaño mediano “que no eran demasiado malos ni ladraban. Enterados de que los aborígenes los comían, los españoles imitaron el proceder tan buena la carne de estos canes como la de los cabritos de Castilla”.

El célebre cronista Pedro Mártir de Anglería, comparando a los perros indios con los europeos, aseguró que los primeros se diferenciaban notoriamente de los segundos “por su ayre brutísimo”, mientras Francisco Gómez de Gomara, otro español interesado en la observación e la flora y la fauna del Nuevo Mundo, describió a estos perros “con cabeza y aspecto de zorros”.

Colón mismo vio en Bahamas dos razas de perros que le parecieron muy diferenciadas entre sí y similares a los perros domésticos de Castilla.

Después de lo visto anteriormente parece claro que los perros criados por los indígenas no emitían los mismos sonidos que los perros que conocían los españoles, pero que, en general, todos compartían tantas similitudes como diferencias, por lo que no parece que los perros “mudos” hayan sido muy diferentes de los que trajeron consigo los conquistadores en sus primeros viajes. Tal vez la mayor diferencia es que los primeros fueran ricos para comer.

No es posible probar que hubiera una raza de perros nativa de las Antillas, o por lo menos del Nuevo Mundo. Como quiera que haya sucedido, es bien posible que tanto algunos de los perros indígenas como algunos de los venidos de España se hicieran montaraces y se cruzaran entre sí.

En 1840 el historiador Ramón de la Sagra (que era natural de A Coruña, Galicia, España) parece haber aventurado la hipótesis de que Colón y los demás conquistadores tomaron por perros a los chacales del continente americano que, ya en la época en que llegaron los españoles, se hallaban en gran número en las Antillas y posiblemente habían sido domesticados. En tal caso el perro mudo antillano sería una variante doméstica del chacal americano o canis carnivorus, también nombrado por los naturalistas franceses renard gravier o zorro.

En 1851 apareció en Morón, Ciego de Ávila, un fragmento mandibular que el naturalista Poey clasificó como perteneciente a un mapache, con lo que pareció florecer entre los naturalistas la conclusión de que el famoso perro mudo de los cronistas era, en realidad, el simpático mapache. Pero también se dijo que ningún español hubiera confundido un perro con un mapache. Al final se aceptó que solo un especialista muy experimentado podía distinguir los restos óseos de supuestos cánidos encontrados en los solares arqueológicos indígenas de los perros domésticos actuales.

El famoso y respetable naturalista cubano Carlos de la Torre, quien se encontraba en posesión de un cráneo atribuido a un perro originario de Cuba, opinaba que los perros mudos descritos por los conquistadores solo eran perros domésticos probablemente del mismo origen que los perros que trajeron los primeros pobladores de América.

Una de las características de los restos óseos de perros hallados en Cuba es el carácter del tercer premolar superior implantado transversalmente, pero esa condición es compartida nada menos que por la muy ilustre raza perruna American Staffordshire terrier, mientras que la comparación entre algunos esqueletos de perros hallados en sitios arqueológicos de Santo Domingo han arrojado como resultado un ejemplar canino muy parecido a la raza llamada Techichi, oriunda de México.

En fecha tan cercana como 1986 Rivero de la Calle encontró restos de un animal canino de gran tamaño al que asigna una antigüedad de 5.500 años, aunque esta datación no es considerada fiable debido al procedimiento que se usó para llevarla a cabo.

Lo más probable, según las últimas conclusiones, alcanzadas después de las investigaciones realizadas con los métodos de datación más modernos, es que el famoso perro mudo que tanto intrigó a los cronistas fuera una variante de las razas domésticas existentes en el continente americano. De cualquier modo, parece evidente que existen ciertas características innegables en la morfología de la dentición de muchos restos óseos de perros hallados en solares antillanos, que hacen pensar o bien en mutaciones genéticas o en prácticas relacionadas con el trabajo de los perros cazadores, quienes no debían, al parecer, matar las presas en el momento de tomarlas entre sus fauces, sino entregarlas vivas a sus amos, quienes practicarían el hábito de extraer algunos molares a la dentadura de sus perros cazadores.

Es interesante decir que los restos del perro mudo han sido encontrados en Cuba lo mismo en solares de comunidades agroalfareras que preagroalfareras. Es posible que desde tiempos remotos estos perros desempeñaran junto a los aborígenes funciones como cazadores, guardianes, mascotas y cualquier otra que desempeñan hoy los perros que conocemos. Que los indios cubanos se comieran a sus perros mudos es cosa que solo sabemos por los comentarios de los cronistas, quienes al mismo tiempo confiesan sin pudor haberse comido ellos mismos todos los perros mudos existentes en la isla de Cuba.

También se cree que los perros de los aborígenes tenían alguna función en los ritos funerarios, puesto que sus restos se han encontrado en enterramientos humanos y en representaciones pictográficas, especialmente en las cuevas de Borbón, en la provincia de San Cristóbal, República Dominicana, donde aparece una pareja de perros en el acto de copular, cuyas características físicas coinciden con las descritas por los cronistas.

 Se sabe que también existió en el panteón de los aborígenes antillanos un dios perro llamado Optyel-Guaobirán, del que se dice que tenía cuatro pies a pesar de ser de madera, y que en las noches escapaba de las casas y se lanzaba a la selva. También se han encontrado efigies suyas modeladas en arcilla, y los aborígenes usaban sus colmillos para ensartarlos en collares que usaban como adornos y amuletos

Es interesante señalar que las características atribuidas por los cronistas de Indias a los perros de las Antillas y en especial a los cubanos, que nos permiten hoy imaginar aquellos ejemplares como unos animales de talla mediana, pelambre corta y de variados colores, cabeza alta y corta, orejas erectas (en alerta, como dijo Oviedo) y complexión robusta, son comunes también a los perros de los indios de los bosques de Alaska a los del sur de La Florida y a los del este de los estados centrales, raza a la que se denomina pero indio grande o común. Estos perros también carecían de la capacidad de ladrar, pero esta característica es también compartida por otras razas caninas domesticadas por los pueblos salvajes de diferentes partes del planeta, así que no añade ningún dato determinante para una clasificación definitiva del perro antillano.

La arqueología moderna ha demostrado que todos los perros que tenían los amerindios derivaban de razas euroasiáticas y acompañaron al Hombre en sus migraciones a través del estrecho de Bering o de otro camino alternativo desde el Viejo al Nuevo mundo, hace ahora aproximadamente unos doce mil años, por lo que parece ser que todos los perros domésticos americanos y europeos pertenecen a una misma especie original. Los perros traídos por los aborígenes en su doblamiento de las Antillas habrían llegado a estas islas hace más o menos unos mil setecientos años.

Se cree que en algunos lugares animales como el mapache y algunas variedades de zorras asumieron el rol de los perros domésticos, en un proceso de domesticación por parte el ser humano. Hasta hace poco tiempo se pensaba que algunas razas particulares de perros podrían haber surgido por  modificación genética de otras especies como los coyotes y chacales, así como de otros carnívoros depredadores. Sin embargo, los recientes  estudios con ADN mitocondrial indican que los sistemas genéticos de los lobos y los perros son prácticamente idénticos, mientras que los de los coyotes presentan diferencias significativas al compararse con los de los perros.

Se cree que el antecesor del perro fue el lobo de China (Canis lupus chanco), raza de talla pequeña repartida por todo el continente asiático. Esta controversia no se ha podido esclarecer del todo, ya que en algunas razas de perros también aparece material genético del lobo europeo.

Estos son, a grandes rasgos, los antecedentes de esos perros cubanos tan simpáticos que algunos visitantes extranjeros quieren llevarse a sus casas.

El perro jíbaro es una  especie que pertenece a los mamíferos cimarrones, introducidos en Cuba durante la colonización española. El Perro doméstico se convirtió en jíbaro una vez que abandonó las casas y se internó en los bosques de modo que modificó sus caracteres y hábitos, y evolucionó en una nueva raza silvestre, acentuada en sus descendientes. Podemos observar estos cambios biológicos que lo transformaron:

El hocico se les hizo más puntiagudo, el sistema dentario más fuerte, con caninos largos, las orejas cortas y erectas, la mirada viva y desconfiada. El pelaje es fino y de varios colores, las patas armadas de fuertes uñas, y un ladrido menos ronco.

Los perros salvajes se encuentran en casi todo el planeta. Generalmente el perro jíbaro anda en grupos numerosos con un jefe o líder, sobre todo cuando sale a cazar, lo mismo de día que de noche. Vive en la espesura del bosque, en madrigueras donde descansa y duerme. También aquí encuentra refugio seguro para sus crías.

Es vivíparo y la hembra pare de 6 a 8 hijos en cada parto. La madre los cuida y amamanta en la primera etapa de su vida. Fundamentalmente come carne roja, aunque cuando es domesticado acepta otros nutrientes. A diferencia del perro cimarrón que aúlla, el perro jíbaro conserva el ladrido pero es menos ronco.

Esta raza resulta ser muy peligrosa para las especies endémicas de vertebrados, tanto silvestres como domésticos. Causan daños a los animales de corral y constituyen una amenaza cierta para la fauna autóctona habiendo una gran incidencia de estos animales  sobre los rebaños, en especial en los terneros, toretes enfermos o afectados por otra índole, los cuales son víctimas en los propios cuartones y granjas. La mayoría de las veces los terneros resulta mordidos y finalmente fallecen a consecuencia de las infecciones.

Otro curioso perro cubano es el Bichón Habanero o Habanés que es una raza de perro de tipo pequeño y de compañía hogareña. Es reconocido por su pelaje sedoso y fino, además de ser alegre y activo. Su nombre viene del francés bichón que significa “perro faldero”, y habanero, o habanés, por su color particular similar al habano.

Proviene de la región mediterránea Occidental y se desarrolló a lo largo del litoral español e italiano. Parece ser que estos perros fueron introducidos inicialmente en Cuba por los capitanes italianos de las grandes embarcaciones. Por error, el principal color habano de estos perros (color tabaco marrón-rojizo) ha dado origen a la leyenda de que se trataría de una raza originaria de La Habana, capital de Cuba. Los acontecimientos históricos de la isla condujeron a la desaparición total de las antiguas líneas de sangre de los Habaneros en Cuba aunque por fortuna, algunos descendientes sobrevivieron en los Estados Unidos de Norteamérica, después de haber abandonado la isla. Actualmente podemos encontrar a estos perros principalmente en los Estados Unidos, Canadá, México y en algunos países de Sudamérica.

Estos perros fueron desarrollados a partir del hoy en día extinto Bichón de Tenerife, introducido en las Islas Canarias por los españoles y más tarde en otras islas y colonias españolas por piratas y marineros. Son perros muy juguetones y buenos con las personas mayores (más que con los niños). Les encanta subirse a los muebles y son de las razas de compañía más pequeñas.

El bichón habanero es un pequeño perro vigoroso de pelo largo, abundante, suave, preferentemente ondulado. Sus movimientos son vivos y elásticos.

Su tamaño oscila en tre 21 y 29 cm. Su altura es algo menor que la longitud desde el hombro a las patas traseras, lo que debería dar el aspecto de ser ligeramente más largo que alto. Un aspecto único es la línea de su lomo, recta pero no horizontal. Pesan entre 3,5 y 7 kg.

Sus ojos son bastante grandes, en forma de almendra, nunca redondos, de color marrón oscuro. La expresión es amable. Las orejas: tienen una longitud media, implantadas relativamente altas, caen a lo largo de las mejillas formando un pliegue que las eleva ligeramente. Su extremidad forma una punta poco marcada. Están cubiertas de un pelo en largos flecos. Finalmente, su cola: se mantiene alta, sea en forma de bastón pastoral (con la extremidad superior curvada, en forma de voluta) o, preferentemente, enrollada sobre la espalda estando provista de un flequillo de largos pelos sedosos.

El Bichón Habanés es excepcionalmente despierto, es fácil de educar como perro de alarma. Afectuoso, de naturaleza alegre, es amable, cálido, gracioso, juguetón e incluso un poco bufón. Quiere a toda su familia, incluyendo a los padres e hijos, y juega interminablemente con ellos. Raramente se comporta con agresividad, es amigable y raramente es tímido o nervioso con la gente, pero aún así es desconfiado con los extraños. Listo y activo, el Bichón Habanero tiene un caminar ligero y elástico (dado físicamente por su cuerpo), lo suficiente vistoso y ágil como para subrayar su carácter alegre, además que suele ser orgulloso y presumido. Tiene movimientos libres de los miembros delanteros los cuales se mueven rectos adelante y los traseros dando el empuje en línea recta. Siempre solicitará atención mediante trucos como correr de una habitación a otra lo más rápido que pueda. No necesita demasiado ejercicio. Se trata de una variedad muy orientada a la gente. Suelen tener el hábito de perseguir a las personas sin ser posesivo y de jugar sin agredir.

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Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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8 respuestas a Perros de Cuba

  1. Elsie dijo:

    Saludos, he leído su blog y me resulta interesante, pocas personas dedican su tiempo a hablar de los animales y más a la política o a otros detalles, soy amante de los animales y comprendo lo necesario que es una disposición favorable a ellos y darles a conocer su vida e historia, como derechos que los acompañan, pondré en mi lista La pluma del tocororo para difundir su palabra, tengo un blog llamado CUBALUZ más genérico, pero en http//:elsatocubano.blogspot.com es donde abogo por una ley que ampare a los animales y arremeto contra el maltrato y el abuso.
    Mi nombre es Elsie

    • almejeiras dijo:

      Estimada amiga Elsie: Muchas gracias por haber visitado mi blog y haber comentado el artículo sobre los perros en Cuba. Eres muy amable. Coincido absolutamente en el amor hacia los animales. Verás que hay otro artículo titulado ¿Toros en Cuba? Nooooooooo que abunda en esa idea y el rechazo al maltrato animal. Desgraciadamente aquí en España todavía tenemos fiestas de lo más crueles en las que se maltratan toros, cabras, gallos etc… que aún no hemos erradicado amparadas en antiguas tradiciones medievales, que no por antiguas dejan de ser bárbaras.Un saludo cordial desde Vigo. Eduardo

  2. Monique Zeller dijo:

    Muy buen artículo. No solo humanos habitan La Tierra. Hay millones de seres hermosos cuyas vidas son igual de importantes que las del ser humano y deberían tener los mismos derechos a la vida.
    Yo tuve un Bichón Habanés y era exactamente como lo describen aquí, un perro totalmente dedicado a sus humanos, con unos ojos increíblemente inteligentes que se comunicaban por sí solos y anticipaban cualquier reacción de uno; era sumamente alegre, gracioso, con gran carácter y personalidad… no era solo un perro, era otro ser viviente con un gran alma. Todavía lo extraño…

    Saludos,
    Monique

    • almejeiras dijo:

      Hola Monique: Te agradezco mucho que hayas leído mi artículo sobre los perros de Cuba.
      Me alegro mucho de que te haya gustado y te hayas tomado la molestia de escribir tu comentario.
      Aprovecho la ocasión para saludarte cordialmente. Ahora ya sabes que tienes un amigo en España.
      Eduardo

  3. Lina dijo:

    Hola Eduardo: Soy cubana, muy bueno tu articulo sobre los perros .Me encantan los animales y en especial los perros, Tuve muchos perros satos y son muy inteligentes para mi es el unico tipo de perro que aprende trucos sin que le den treats o golosinas. El primero se llamo campion y la otra Sarnitas. Tambien tuve una Habanese que ame con todo mi corazon. Cuba tiene una flora y fauna muy rica. Gracias por escribir tu articulo.
    Lina

  4. Omar Becerra dijo:

    magnífico articulo

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