Caballos de Cuba

Estimado lector que rozas la suave y policromada pluma del Tocororo:

El caballo tiene al parecer un origen asiático aunque algunas teorías dicen que en la prehistoria, durante el pleistoceno, existían caballos autóctonos en casi toda América. El territorio que corresponde a la Argentina fue particularmente rico en estos “paleocaballos” ( principalmente hipiddiones),pero la llegada del ser humano hace más de 11.000 años parece haber sido un factor decisivo, junto a las epizootias, para la absoluta extinción de los equinos autóctonos de América. Por este motivo a la llegada de los europeos (fines del siglo XV e inicios del siglo XVI) no existía ninguna memoria ni conocimiento de esos primeros caballos de los cuales solo quedan restos fósiles.

El caballo criollo es descendiente del caballo ibérico traído por los conquistadores españoles a América. Se trata de un compuesto genético de caballos derivados del caballo berberisco del norte de África, del caballo del Valle del Guadalquivir en Andalucía y otros que se agrupaban en el género de caballos de trabajo llamados “jacas” o “rocines”. Ya en América, algunos de ellos escaparon de las haciendas y misiones religiosas o fueron robados por los indios. En el campo formaron grandes manadas y expuestos a un entorno salvaje, a la selección natural y la endogamia, se les fijaron características genéticas propias. Cabe indicar que estas líneas genéticas están total o virtualmente extinguidas en la España y Portugal actuales.

Los equinos llevados a América no eran caballos seleccionados para la reproducción sino caballos rústicos y fuertes usados en España para el trabajo.

Hasta que no se reprodujeron en abundancia, los caballos traídos a América tenían un elevadísimo costo debido a su gran valor práctico y táctico y a su escasez inicial.

Los primeros caballos que llegaron fueron transbordados por Cristóbal Colón en su segundo viaje. Antes de partir, el 25 de Septiembre de 1493, los Reyes Católicos escribieron a su secretario Fernando de Zafra para que escogiese veinte lanzas jinetas junto a cinco “dobladuras” hembras de entre la gente de la Santa Hermandad que estaba en Granada. Era costumbre entre los hombres de armas cabalgar en caballos enteros, mientras que por “dobladura” se entendía una montura de repuesto para el caso de que cediese la primera. Ahora bien, no fueron estos los únicos équidos que salieron de Andalucía en 1493 porque entre las 1.500 personas embarcadas, algunos llevaron sus propios animales. Andrés Bernáldez, cuya relación con el Almirante fue muy directa, cita un total de 24 caballos y 10 yeguas. Es decir, nueve ejemplares serían aportados por algunos de los personajes más importantes que acompañaron al Descubridor.

Además, los briosos corceles exhibidos en el alarde de Sevilla fueron cambiados a última hora por unos “pencos matolones” que llegaron muy flacos y maltratados por el viaje. Colón no tuvo más remedio que quejarse a los monarcas del cambio que hicieron los escuderos.

Los equinos eran necesarios no sólo para la defensa de la isla, también para el arado de la tierra y el transporte de los materiales necesarios a las nuevas construcciones. Por ello, con posterioridad, se sucedieron los envíos. En el memorial dado en Arévalo a Fonseca se incluían doce yeguas. Algo después, Colón solicitó de Antonio Torres seis animales más, mientras que Juan de Aguado transportaba siete yeguas procedentes de Sevilla, Carmona e Hinojos.

Poco a poco, se fue formando la primera yeguada americana. Los animales tuvieron que soportar múltiples problemas, desde las enfermedades propias del trópico hasta el robo, que era muy frecuente.

Los informes enviados a la Corte hacia 1496 demostraban que la finalidad esencial del mantenimiento de los caballos estaba cumplida y que con los veinte ejemplares que había en la isla se podía defender la colonia española de cualquier atacante. Con todo, eran necesarios más animales para labrar la tierra, transporte, etc. El mismo Almirante tuvo que fletar 14 yeguas en su tercer viaje.

Con el paso del tiempo se fue demostrando que la cabaña no podía progresar con el monopolio real y como el sistema de factoría tenía tantos costes, la Corona no tardó en dar entrada a la iniciativa privada. De hecho, ya en la flota que mandaba Ovando en 1501 se fletaron 59 équidos, de los que por lo menos 49 fueron transportados por particulares. Los reyes sólo enviaron diez padrillos para la mejora de la yeguada real. Sin embargo, el monopolio comercial continuaba aún. En 1503 se dio licencia al trasvase a los vecinos de la Española que quisiesen llevar yeguas para su uso personal. Por primera vez, los pobladores que lo deseasen tendrían la posibilidad de disponer de caballos para sus desplazamientos por la geografía isleña, realización de distintos trabajos, deseos y necesidades sociales de lujo, etc.

La demanda creció tanto que en 1504 se permitió el libre comercio con posibilidades lucrativas. Como consecuencia de esta medida y del descubrimiento de minas de oro, entre esta fecha y 1507 se produjo un verdadero aluvión de bestias andaluzas hacia Santo Domingo. Hombres como Rodrigo de Bastidas, Miguel Díaz de Aux, Martín de Gamboa, etc., comenzaron a invertir los capitales que obtenían en la minería en compras caballares. Por su parte, otros comerciantes sevillanos como Rodrigo Martín, Luis Fernández, Fernado Díaz de Santa Cruz e incluso genoveses como Jacome de Rivero, etc., se animaban a participar en una actividad que garantizaba porcentajes de ganancias superiores al 200%.

El transporte fue tan importante y abundante que en 1507 el Rey Católico tuvo que prohibir la exportación de más animales. La última remesa legal partió en Diciembre de este año con 106 yeguas pero, en contra de lo que se ha venido pensando, la veda no fue sino un control burocrático. En adelante, la Corona otorgó licencias y permisos para el traslado de yeguas y caballos, aunque los beneficiarios fueron, como se evidencia en la flota de Diego Colón, los oficiales reales y aquellos que mantenían vínculos amistosos con la Casa Real. Muchos entonces, prefirieron el riesgo del contrabando.

Poco a poco  fueron apareciendo  razas que surgieron a partir de los caballos españoles surgiendo así el Caballo cubano de Paso. Se caracteriza por su marcha fina y gualdrapeada. Es un animal fuerte y de apariencia elegante y en Cuba se utiliza además como medio de transporte.

La cabeza tiene un tamaño proporcional a su cuerpo, presenta un perfil recto, aunque en ocasiones puede ser ligeramente convexo o ligeramente cóncavo. La frente es ancha, las orejas son medianas, bien implantadas y móviles. El cuello es fuerte, de mediana longitud y bien insertado en ambos extremos. La cruz ligeramente alta, musculosa y el dorso lomo recto y fuerte. El esqueleto fuerte con tendones y articulaciones bien definidas.

    La grupa es ligeramente oblicua, tiene una altura similar a la de la cruz, con una inserción de la cola moderadamente baja. Las extremidades son fuertes, con una estructura ósea bien desarrollada. El perímetro de la caña anterior de 20 cm, con fluctuaciones de 18 a 22 cm. La alzada promedio es de 1,48 y oscila entre 1,45 y 1,51 m

    Su perímetro torácico ideal es de 1,78 m, fluctúa entre 1,72 y 1,84 m y tienen buena arqueada costal. Son de temperamento vivo y dócil, presentan cualquier color, pero predomina el bayo. La piel tiene un color moderado excepto en las regiones blancas pero no sobrepasa nunca el 50 % del total del pelaje.

Los monteros prefieren el caballo Criollo de Trote para su trabajo en la ganadería, pero los campesinos que requieren de un caballo como medio de transporte estiman mejor al Cubano de Paso, ya que recorren mayores distancias en menor tiempo, son más cómodos y muy codiciados por la mujeres de campo que necesitan también este servicio.

La mayor producción de equinos de esta raza en Cuba se encuentran en el rancho La Loma de la provincia Granma. Estas razas requieren de un refrescamiento de la sangre con caballos españoles, raza que le dio origen, o con el caballo Criollo Continental y sementales de marcha fina procedentes de América, las cuales también proceden del caballo español y tienen características morfológicas similares a los caballos cubanos.

En la mayoría de las ciudades cubanas podemos encontrar este tipo de carruajes al servicio del transporte de los ciudadanos y visitantes. A la Ciudad de Bayamo en el oriente cubano, se le conoce como la ciudad de los coches, por los más de 500 coches de este tipo que existen actualmente y presentes desde el pasado siglo XX.

Se cuenta que el primero de los coches que entró por la aduana habanera, procedente de París fue el pedido del rico comerciante José Alonso. La transformación actual no niega el buen gusto del cubano por esta reliquia del transporte, en sus tradiciones amorosas y trovadorescas.

Los coches de caballos, no sólo ayudan a resolver un agudo problema de transporte en la isla, sino que a través de ellos se generan las plazas de los cocheros de generación en generación. En la realidad, para muchos cubanos que residen en ciudades y pueblos del interior de Cuba, es la única forma de resolver su transporte diario en trayectos cortos.

En las ciudades cubanas que cuentan con este tipo de transporte, se establece un punto de coches o “piquera” como se le dice en Cuba, desde donde operan siempre en rutas fijas. El precio suele variar, aunque todos los coches tienen tarificados los recorridos, el cochero es quien tiene la última palabra sobre el precio del servicio.

Es curioso saber que en Cuba en estos momentos existe una fábrica de carruajes que ya comenzó a exportar los conocidos coches duquesas, y a producir otras ofertas, para presentarlos al visitante en miniatura, como subvenir. En los principios del siglo XX, tener un coche de caballos en Cuba eran un lujo que solo disfrutaban las familias ricas y los terratenientes…

Un paseo en coche de caballo como ruta turística, por su comodidad y ausencia de peligros para niños, es sin dudas uno de los atractivos al visitar cualquiera de las ciudad cubanas. No se necesita saber montar a caballo, solo estar sentado en el carruaje y disfrutar del paisaje en su estado más puro. El cochero, es quien guía al equino, y también de forma amena te mostrará y dará explicaciones de la zona por donde transcurren los paseos, sin duda momentos donde los niños y adultos podrán realizarse fotos para recordar.

Los paseos en coche de caballos en la Habana, puede hacerse por varios itinerarios diferentes. Uno de los más recomendables es el que recorre el Malecón, por su especial romanticismo, sobre todo al atardecer y que nos conduce hasta el lujoso hotel Nacional.

 Sin duda es muy agradable transitar por las calles y diferentes lugares de esta ciudad cubana  al ritmo pausado del caballo de manera que disfrutamos de las vistas de una forma distinta al paseo a pie.  Muchas ciudades del mundo también ofertan este tipo de rutas turísticas en coches de caballo, como un aporte al turismo y un atractivo más al viaje de vacaciones.

Ciudades como Cienfuegos, Camagüey y Ciego de Ávila también ofertan para los visitantes unas rutas turísticas especiales con el fin de mostrar cada una de estas ciudades.

En tiempos coloniales, cuando en Cuba aún no se pensaba en carreteras y solo existían caminos reales intransitables, el quitrín –carruaje de caballos de origen indígena– permitió recorrer los buenos y difíciles senderos, atravesar llanuras, subir lomas y transitar por entre los baches sin quedar estancado en ellos.

A este medio de transporte, tirado por uno, dos o tres caballos, lo distinguían sus enormes ruedas, las que propiciaban un mayor impulso y, a la vez, impedían que pudiese volcar. Sus largas, fuertes y flexibles barras de majagua, la caja montada sobre cuero suave y cómodo, el fuelle de baquetón para contrarrestar el caliente sol cubano y sus estribos de resorte o de cuero.

Como dice la canción, …quiero ir a Bayamo de noche a pasear por sus calles en coche…

El carro tirado por caballos es algo distintivo de las ciudades de Cuba. Hoy es más bien turístico pero como a pesar del paso del tiempo estos coches siguen estando presentes, aunque lo cierto es que siempre siempre tuvieron estilo y personalidad  propios. Cada ciudad los ha dotado de ciertas características y entonces es muy frecuente verlos en las calles de Ciego de Ávila, Cárdenas, Bayamo o Sagua la Grande.

Por ejemplo, los coches a caballo de Bayamo son el resultado de artesanos, cada una de las 143 piezas que los componen son hechas y ensambladas a mano y esto se nota en la delicadeza de las ruedas, la caja y los asientos. El coche tiene siempre cuatro ruedas y una caja grande que está ubicada sobre muelles con asientos para cuatro o más personas. En ninguna de estas ciudades se ha prohibido su circulación y ya han pasado 100 años desde que el primer carro cruzó las calles. Incluso, los carros han sido protagonistas de algunos episodios de la guerra de la independencia cubana y bien vale la pena un recorrido en ellos.

Han sido muchas las generaciones de cubanos que se han trasladado de esta forma y a pesar de la llegada de los coches y el transporte masivo, los taxis, los cocotaxis y los largos autobuses, los coches a caballo siguen allí, cruzándose con sus hermanos más modernos. El coche conserva cierta hidalguía y es uno de los siempre presentes atractivos para los turistas que provienen de países donde este medio de locomoción ya ha desaparecido hace rato de las calles de las ciudades más grandes.

La leyenda de Pasacaballos

Justo en la salida de la bahía de Cienfuegos, sobre un promontorio, se eleva uno de los lugares preferidos por los Cienfuegueros.

En mi visita a la ciudad en 2010 tuve ocasión de alojarme en el magnífico hotel Pasacaballo. El lugar fue uno de los primeros asentamientos de pescadores, descendientes de aquellos que en el siglo XVIII habían venido a edificar las Fortaleza de “Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua”, ubicada justo frente a este peñón….pero no es sólo por eso célebre ese sitio. Existió allí una hermosa mansión, la primera construcción civil sobre esos arrecifes, vistosa por sus elegantes jardines, y que luego de destruida por un incendio, diera paso, mucho más acá en pleno siglo XX, a un hotel insignia del centro sur de Cuba.

Es también conocido entre los “hombres de mar” porque da nombre al angosto canal de entrada a la bahía, cuyos cerrados veriles de arrecifes en los fondos justo frente a esa roca, dificultan el giro de las naves hacia puerto cienfueguero, el llamado “torno de Pasacaballo”.

La leyenda comenzó mucho más atrás, en el siglo XIX cuando un marino japonés entró en su goleta al canal, y fue tal la impresión que le causó su belleza, que decidió dejar para siempre esa vida viajera y asentarse definitivamente en Cienfuegos.

Se dice que el asiático se empleó en las faenas del Muelle Real y que gustaba presumir entre los braceros y hacer apuestas sobre sus cualidades para la inmersión a gran profundidad y en prolongadas zambullidas.

En una ocasión y frente a esa orilla que tanto le impresionara a su llegada a Cienfuegos, se lanzó al fondo probando suerte para traer a la superficie una moneda de oro.

Pasó mucho tiempo sin que quienes le esperaban afuera vieran emerger al japonés…Narra la leyenda que era ya mucha la inquietud… cuando finalmente lo vieron surgir de las profundidades, mientras gritaba desesperado: “¡Caballo, caballo, grande!” …Y mientras respiraba profundamente recobrando el aliento, no cesaba de murmurar que en aquellas profundidades había visto un enorme caballo.

Lo de pasacaballos parece que tiene una base histórica y surge de la época de los españoles que necesitaban cruzar con frecuencia del Castillo de Jagua a la costa de enfrente por necesidades de sus trabajos y como no todos los botes eran grandes, cuando el caballo no cabía pues lo ponían a nadar al lado del bote, porque los caballos nadan igual que los perros y pasaban a la otra costa nadando y así sucesivamente de una costa a la otra en la misma entrada, ahí mismo donde está el pueblecito del Castillo de Jagua hoy en día.

En aquella época en la costa de frente al castillo no había nada, o quizás tiendas de campaña de los soldados que hacían las guardias. Mucho más tarde surgió allí un lugar de veraneo también con cabañas que era conocido por los cienfuegueros como “Pasacaballos” no por el asiático que vio  los caballos en el fondo de la bahía sino por los caballos que cruzaban nadando el estrecho de agua que separa una costa de la otra.

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Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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4 respuestas a Caballos de Cuba

  1. giselle dijo:

    Que grata sorpresa haber encontrado a una persona que escriba lo hermoso de mi pais,Cuba;en particular este escrito sobre Pasacaballos,pues soy cienfueguera.Gracias por los honores hechos a mi pequeño pero gran pedazo de tierra.Saludos

    • almejeiras dijo:

      De pequeño nada, compañera. Cienfuegos es una de las partes más lindas de Cuba. Se lo digo yo con desfachatez que ni siquiera soy cubano y soy gallego pero que sé apreciar las cosas buenas. Usted ya se imagina.

  2. Lorenzo Gomez dijo:

    Perdonen señoras que Camaguey se lo lleva todo.

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