Sabotaje al buque LA COUBRE

Estimado lector que rozas una vez más la suave y policromada pluma del Tocororo:

La tragedia del vapor La Coubre fue una desgracia de tan grandes proporciones que todavía resuena después de más de 50 años. Aún no se han esclarecido completamente los detalles del suceso y la información que existe sobre él, parece que va a continuar dormida muchos años más en forma de “documentación clasificada”.

El vapor La Coubre fue un buque de origen francés  objeto de sabotaje en el puerto de La Habana el 4 de marzo de 1960 cuando transportaba armas y municiones. Tuvieron lugar dos explosiones que produjeron cerca de un centenar de muertos y unos doscientos heridos. Las autoridades cubanas lo denunciaron como un acto terrorista de la CIA.

A las 3:10 de la tarde del 4 de marzo de 1960, el carguero La Coubre, un barco de 4.310 toneladas que transportaba 76 toneladas de municiones belgas desde el puerto de Amberes, estalló mientras descargaba en el Puerto de La Habana. El vapor La Coubre había cargado diversas armas, explosivos y  municiones en el puerto de Amberes, en Bélgica, con destino a Cuba, luego de haber tocado con anterioridad los puertos de Hamburgo y  Bremen con igual propósito. En total había recogido más de 3000 bultos de explosivos diversos, medio millar de cajas de granadas y casi mil cajas de municiones. Completaría su carga en Amberes, luego de que el gobierno belga hiciera caso omiso a las presiones norteamericanas por impedir el envío. Esto ocurría a mediados del mes de febrero de 1960.

En el momento de la explosión, Che Guevara estaba en una reunión en el edificio del Instituto Nacional de Reforma Agraria. Después de escuchar el estruendo y ver la nube de polvo subiendo sobre La Habana, se dirigió hasta el lugar del atentado terrorista y pasó las siguientes horas prestando atención médica a los obreros y soldados heridos, muchos de ellos con lesiones fatales.

Treinta minutos después de la primera explosión, mientras cientos de personas estaban involucradas en una operación de rescate organizada por las FAR, tuvo lugar una segunda explosión, aún más poderosa, que tuvo como víctimas a las personas que voluntariamente fueron a socorrer a los heridos. Aun cuando la cifra exacta se desconoce, se estima que murieron entre 75 y 100 personas y fueron heridas otras 200.

El filósofo francés Jean-Paul Sartre y su mujer, la escritora Simone de Beauvoir asistieron al acto solemne de la Plaza de la Revolución y visitaron a los marinos franceses heridos. Los 22 sobrevivientes franceses de La Coubre fueron luego repatriados a Francia por barco.

Seis marinos franceses dejaron sus vidas en la criminal explosión.  El primer teniente François Artola, el timonel Jean Buron y los marineros  Lucien Aloi, André Picard, Jean Gendron y Alain Moura murieron, víctimas de esta agresión.

Luego de ser reflotada por buzos norteamericanos (que se llevaron las pruebas comprometedoras), La Coubre fue conducida a un dique seco. El 22 de agosto de 1960 fue remolcado  fuera del puerto habanero por el barco holandés Ooostzee hacia Rouen (Francia) y en  Chantiers de Normandie reconstruyen la parte destruida. El barco retomará sus servicios el primero de abril de 1961. La Coubre se llamará luego, sucesivamente Bárbara, Notios Hellas y Agia Marina antes de ser vendido a finales de 1979 como chatarra a una empresa española de Gandía (Valencia) que procedió a su desguace y demolición.

El sabotaje estuvo organizado desde el exterior y no se han esclarecido muy bien todas las dudas que lo envuelven. Existen suposiciones de que agencias estadounidenses fueron las responsables de este hecho con el objetivo de que Cuba no se abasteciera con las armas y municiones que traía el barco para así no poder defenderse, pero la documentación sobre este tema no ha sido liberada todavía. En concreto, el Gobierno de Cuba culpó de este acto de sabotaje a William Alexander Morgan, actuando bajo órdenes de la CIA.

La “misteriosa” explosión del buque francés La Coubre, ocurrida el 4 de marzo de 1960, sigue siendo aún un misterio, no porque no se conozcan las causas que la provocaron y quienes tuvieron que ver en el criminal hecho, sino por el  sospechoso comportamiento de las autoridades norteamericanas al negarse a desclasificar la información que tienen sobre el mismo. Ese mutismo oficial se ha mantenido durante casi cinco décadas, junto a una reticencia  férrea a desclasificar las informaciones relacionadas con el caso, tal como pudo comprobarse hace poco tiempo, cuando los propios Archivos Nacionales de Seguridad pertenecientes a la Universidad George Washington, reconocieron la imposibilidad de acceder a la información federal al respecto.

La Coubre había tocado anteriormente un puerto norteamericano, el de  Newport News, Norfolk, Virginia, donde se le hizo el 18 de enero de 1960, con apenas 44 días de anterioridad, una reparación en una de sus bodegas en el muelle 8 de dicho centro portuario. Fue allí donde posiblemente se colocaron los explosivos que detonaron el día 4 de marzo.

El 4 de marzo de 1960 amaneció invernal y apacible. Los obreros portuarios se dedicaban a la descarga del buque francés. Alrededor de las 3:10 p.m., una explosión estremeció la tierra. Los postes del tendido eléctrico temblaron y una nube negra se elevó sobre el muelle. Romualdo Díaz, estibador en el buque, fue lanzado por el aire. Los almacenes no tenían techo y La Coubre, tenía destrozada la popa.

Soldados del Ejército Rebelde, de la Policía Nacional Revolucionaria, bomberos y pueblo en general, acudieron a prestar ayuda. Empezó el rescate de los heridos y los cadáveres. Una segunda explosión cobró nuevas víctimas entre quienes, desafiando el peligro, habían tenido ese gesto de solidaridad humana. El resultado final, un centenar de muertos, incluyendo 34 desaparecidos, alrededor de 400 heridos o lesionados (decenas de ellos incapacitados de por vida) y como consecuencia, decenas de viudas y más de 80 huérfanos.

La nave desplazaba 4,309 toneladas, traía una tripulación de 35 hombres al mando del capitán George Dalmas, y viajaban 2 pasajeros: un religioso francés de la Orden de los Dominicos, el reverendo Raoul Desobry y el fotógrafo norteamericano free lance (o sea independiente) Donald Lee Chapman. 

Los periodistas supieron también que a las 11 de la mañana, 27 estibadores supervisados por 2 oficiales del Ejército Rebelde, habían comenzado la descarga con todas las normas de seguridad, mientras que 30 soldados de la Sección de tanques y del regimiento de Artillería custodiaban la zona. La estiba avanzó rápidamente y todas las cajas de balas que estaban en el fondo de la bodega de popa se habían descargado en el muelle. Un grupo de los trabajadores portuarios inició entonces la estiba de las cajas de granadas de fusil almacenadas en el compartimento superior de la bodega número 6  y cuando iban por la mitad, al levantar una de ellas, se produjo la espantosa explosión que destrozó la popa y a los que allí se encontraban, lanzando al buque contra el muelle  vecino. Eran las 3:10 de la tarde,

Cadáveres, cuerpos mutilados, pedazos de maquinaria, planchas y diversos objetos volaron y fueron a parar a cientos de metros de distancia. Las cajas de municiones y de granadas que estaban atrapadas en la bodega vomitaban balas y metralla a medida que eran alcanzadas por las llamas. Comenzó entonces una lucha titánica de los hombres contra el fuego y la muerte.

Cuando había pasado media hora de la explosión, los bomberos, soldados  y policías continuaban haciendo supremos esfuerzos para sofocar aquel infierno, salvar lo que podían de la carga y sacar los cadáveres o los pedazos de cuerpos que encontraban y los  médicos y enfermeras atendían a los heridos y mutilados para salvarles la vida. Entonces,  sobrevino una segunda explosión, inesperada, terrible, mortal y más destructiva que la primera, lo que elevó el número de víctimas.

El fuego en el barco y los almacenes, los disparos que salían sin rumbo de los proyectiles alcanzados por las llamas, mantuvo en tensión la labor de los bomberos y voluntarios que valientemente desafiaban la muerte. Al caer la tarde lograron dominar la situación y comenzó la triste labor de recoger a los muertos, unos en el mar, otros confundidos entre los hierros y cubiertos de casquillos. Los restos de las víctimas fueron colocados en los féretros y llevados al edificio de la  Central de Trabajadores donde quedaron expuestos.

Durante toda la noche desfilaron miles de personas para rendirles tributo. Al día siguiente continuaban los trabajos de rescate de cuerpos, la identificación de las víctimas y la organización del entierro. Aquel macabro hecho ocasiono 101 muertos y desaparecidos y más de 200 heridos, muchos de ellos atrozmente mutilados.

Durante el proceso de investigación fue identificado el interior del compartimiento superior de la bodega número 6, donde se descargaban las cajas de granadas, como el lugar donde se habían producido las explosiones. Quedó demostrado que la caída de una caja de granadas desde cualquier altura no podía provocar su explosión, lo que fue corroborado al disponerse que oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) efectuaran pruebas con el lanzamiento de varias de ellas desde una nave aérea en vuelo. No se trataba de un accidente, como quedó bien probado. Era un hecho intencional, un sabotaje preparado fuera de Cuba.

El dossier completo de la investigación de la armadora francesa CGT sobre el atentado del barco La Coubre, cuya responsabilidad se atribuye a la CIA, se encuentra en la caja fuerte de una fundación marítima francesa, con prohibición de hacerse pública fijada en 150 años por los servicios jurídicos de los últimos dueños del buque.

El expediente, cuya existencia quedó hasta ahora desconocida, duerme desde hace casi medio siglo en el enorme fondo de archivos de la Compagnie Générale Transatlantique (CGT), también conocida como French Line, dueña de la Coubre en el momento de la tragedia de La Habana.

La CGT se integró en 1973 en la Compagnie Générale Maritime, empresa estatal que fue privatizada más tarde y cedida a un consorcio hoy conocido como CMA CGM. La propiedad jurídica y la administración del fondo de archivos de la CGT fueron confiadas en 1995 a una fundación en cuyo consejo de administración de 16 miembros se encuentren dos representantes de CMA CGM.

Esta fundación llamada “Association French Lines”, maneja, con el propósito de garantizar la conservación del patrimonio marítimo francés, un servicio de investigación histórica de distintos fondos de empresas de navegación, en su sede ubicada en la calle Lucien Corbeaux de la ciudad portuaria de Le Havre.

Entre las más de 30.000 fichas del archivo de la fundación, 79 contienen referencias a los distintos momentos de la existencia de La Coubre. Uno que lleva el número 22091, integrado al fondo en 1997, tiene la descripción siguiente: “La Coubre. Explosión en La Habana, reparaciones : fotografías, artículos de prensa, lista de desparecidos, informe al comité de dirección, condiciones de aseguramiento, correspondencia”.

Este dossier cuyo contenido parece del más alto interés para el conocimiento de detalles inéditos del acto terrorista de La Habana, tiene como origen los Servicios Jurídicos de la desaparecida CGT y está marcado ante la mención “Comunicabilidad”, con la asombrosa prohibición: “COMUNICABLE DESPUÉS DE 150 AÑOS”.

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