Gertrudis Gómez de Avellaneda: La Peregrina

Estimado lector que rozas una vez más la suave y policromada pluma del Tocororo:

Hay muchos cubanos que por diferentes motivos viven lejos de su Patria. Este es el caso del personaje que nos ocupa y que habiendo pasado casi toda su vida fuera de Cuba y estando continuamente atormentada por conflictos íntimos sucesivos, nunca perdió su cubanía.

Esta entrada está dedicada a todos los “cubaniches” que como ella se encuentran en una situación parecida.

Entre las figuras más representativas de la literatura hispanoamericana del siglo XIX, se encuentra sin duda María Gertrudis de los Dolores Gómez de Avellaneda y Arteaga (Tula), nacida en la ciudad de Camagüey.Gertrudis (Museo_Lázaro_Galdiano,_1857)

 Sus padres fueron el Comandante de la Marina Española y Jefe de Puerto Don Manuel Gómez de Avellaneda y la aristocrática criolla Doña Francisca Arteaga y Betancourt, emparentada con la casa de los marqueses de Santa Lucía.

 De ese matrimonio nacieron cinco hijos, pero solo sobrevivieron dos: Gertrudis y Manuel.

Don Manuel , que le llevaba muchos años a su mujer, se murió antes que ella y por aquello de verse joven, viuda, rica y hermosa, Doña Francisca se casó diez meses después, y sin mucho luto de por medio, con el teniente coronel Isidro Escalada y López de la Peña, quien por entonces era el jefe del regimiento León, destacado en la ciudad para su protección.

En abril de 1836, toda la familia embarcó hacia A Coruña (España) y Gertrudis residió casi de por vida en España, lugar donde cosechó todos sus éxitos y donde, a pesar de los años y la distancia, nunca traicionó sus sentimientos de cubanía.

 Existe otra historia poco conocida de la familia. Don Manuel, quien debió llevar muchos años en Cuba, parece haber sido de joven un Don Juan, pues existen documentos donde se prueba la existencia de algunos hijos naturales dispersos, incluso con una esclava, cuyas dotaciones adquirían por ley el apellido del propietario.

Parece que el nombre de Gertrudis fue común en la familia, pues a lo largo de esta historia aparece más de una persona con el nombre de Gertrudis Gómez de Avellaneda, y todas ellas hermanas.gómez

La primera de ellas fue María Gertrudis Anastasia Gómez de Avellaneda y Cisneros. Nació el 13 de marzo de 1809, y fue hija natural de Don Manuel con Doña María Soledad y Cisneros, emparentada con la casa del marquesado de Santa Lucía. No se conocen las causas por la que no se realizó el matrimonio entre tantos apellidos ilustres, pero lo real es que esta Gertrudis murió en Camagüey el 10 de septiembre de 1868, a los 59 años de edad sin alcanzar notoriedad alguna y sin dejar descendencia.

De la otra Gertrudis Gómez de Avellaneda se sabe poco, pues fue el resultado de los amores de Don Manuel con una de sus esclavas, que era de raza negra.

Tanto a la madre como a la hija dio el padre la libertad y se sabe que se ocupó de ellas hasta su muerte, pero se ignora dónde o hasta cuando vivieron .Su nombre aparece pocas veces en algunas notas que dejó Don Manuel para que se atendiera a la madre y a la niña, cosa que hizo religiosamente la familia, aunque sin mantener muchas relaciones.

Es interesante constatar a través de cartas y documentos los lazos filiales que siempre unieron a la poetisa con todos sus hermanos.

En un testamento redactado por ella los días 11 y 30 de enero de 1864 declaró tener 60 mil duros, acciones en los ferrocarriles de Zaragoza, una vivienda y rentas en Pontevedra además de todo lo que heredó de sus dos maridos. Gertrudis 2

 El primero de ellos fue Don Pedro Sabater, influyente político en las cortes y Gobernador de Madrid, muerto al poco tiempo del matrimonio. Le siguió Don Francisco Verdugo y Massieu, quien no tuvo mejor suerte en el matrimonio que el anterior.

Con ninguno de los dos tuvo descendencia, por lo que la línea de los Gómez de Avellaneda se extinguió a finales del siglo XIX pues Manuel tuvo una hija que a su vez no tuvo descendencia.

Una gran parte de la fortuna fue destinada a congregaciones religiosas, entre estas el hospital de Cárdenas y el de San Lázaro en Puerto del Príncipe. A su hermano Manuel dejó todas sus joyas y a sus otros medio hermanos y sobrino las propiedades y rentas de Galicia, así como otros bienes.

Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga, murió en Sevilla al amanecer del primero de febrero de 1873, y también como su hermana, a la edad de 59 años.

Había nacido en la antigua Santa María de Puerto Príncipe, entonces colonia española y hoy Camagüey, el 23 de marzo de 1814. Sus antepasados provenían de las Islas Canarias. Pasó la infancia en su ciudad natal y residió en Cuba hasta 1836, año en el que parte con su familia hacia España.

Con ocasión de este viaje compuso una de sus más conocidos versos, “Al partir”.

¡Perla del mar! ¡Estrella de occidente!

¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo

la noche cubre con su opaco velo,

como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir!… La chusma diligente,

para arrancarme del nativo suelo

las velas iza, y pronta a su desvelo

la brisa acude de tu zona ardiente.

¡Adiós, patria feliz, edén querido!

¡Doquier que el hado en su furor me impela,

tu dulce nombre halagará mi oído!

¡Adiós!… Ya cruje la turgente vela…

el ancla se alza… el buque, estremecido,

las olas corta y silencioso vuela.

Antes de llegar a España recorrió con su familia algunas ciudades del sur de Francia especialmente Burdeos donde vivieron por algún tiempo. Finalmente llegaron a  España y se establecieron en A Coruña, ciudad que no gustó demasiado a la escritora por su ambiente conservador. De allí pasó a Sevilla y publicó versos en varios periódicos bajo el seudónimo de La Peregrina que le granjearon una gran reputación. En 1839 conoció en esta ciudad al que sería el gran amor de su vida, Ignacio de Cepeda y Alcalde joven estudiante de Leyes con el que vivió una atormentada relación amorosa, nunca correspondida de la manera apasionada que ella le exigía pero que le dejará profundas  huellas. Escribió una autobiografía para él y una  gran cantidad de cartas que fueron publicadas a la muerte de su destinatario en las que se muestran los sentimientos más íntimos de la escritora.Gertrudis 3

En 1840 marchó a Madrid  e instalándose allí hizo amistad con literatos y escritores de la época. Al año siguiente publicó con mucho éxito en la capital de España su primera colección de versos titulada “Poesías”, que contenía el soneto “Al partir” y un poema en versos de arte menor dedicado, como indica su título, “A la poesía”.

En 1844 conoció al poeta Gabriel García Tassara y surgió una relación entre ellos que se basó alternativamente en el amor, los celos, el orgullo y el temor. Gabriel quería conquistarla para ser más que toda la corte de hombres que la asediaban, pero tampoco quería  casarse con ella. Se enfadaba por la arrogancia y la coquetería de Tula, escribiendo versos que nos hacen ver que le reprochaba su egolatría y su frivolidad. Gertrudis  se rindió finalmente a ese hombre y poco después estaba embarazada y soltera, en un Madrid de mediados del siglo XIX, y en su amarga soledad y pesimismo viendo lo que se le venía encima escribió “Adiós a la lira”, que es como una despedida de la poesía. Creía que era su final como escritora pero no fue así.

En 1845 obtuvo los dos primeros premios de la competencia poética organizada por el Liceo Artístico y Literario de Madrid, momento a partir del cual Gertrudis figuró entre los escritores de renombre de su época.

En abril de ese año tuvo a su hija María, o Brenhilde, como la llamaba ella. La niña nació muy enferma y murió a los siete meses de edad. Durante ese tiempo de desesperanza escribe de nuevo a Cepeda:

“Envejecida a los treinta años, siento que me cabrá la suerte de sobrevivirme a mí propia, si en un momento de absoluto fastidio no salgo de súbito de este mundo tan pequeño, tan insignificante para dar felicidad, y tan grande y tan fecundo para llenarse y verter amarguras”.

Las cartas escritas por Gertrudis a Tassara para pedirle que vea a su hija antes de que muera son escalofriantes. Quería que la niña pudiera sentir el calor de su padre antes de cerrar los ojos para siempre pero murió sin que su padre la conociera. Avellaneda vivía entonces en la calle de la Ballesta 4, principal, desde donde amenazó al antiguo amante con arrojar en medio de sus queridas del Teatro del Circo, el cuerpo de la hija que ya agonizaba.Gertrudis 4

En 1846 se casó con don Pedro Sabater, su primer marido, pero al poco tiempo su esposo enfermó y viajó a París en viaje de bodas buscando curación y procurando médicos que pusiesen remedio a una laringitis que resultó mortal. Sabater soportó una traqueotomía antes de emprender el camino de regreso, pero murió el 1 de agosto en Burdeos donde  Avellaneda permanecería una temporada.

Gertrudis se recluyó en el convento de Nuestra Señora de Loreto donde escribió “Manual del cristiano” que supuso el comienzo de una inclinación hacia la religión que se haría progresivamente más presente en su obra. Tras morir su primer esposo compuso dos elegías que se cuentan entre lo más destacado de su obra poética. Éstos y los dos poemas titulados “A él” dan cuenta de sus experiencias personales, aunque habitualmente ella no las utilizaba como materia directa de su producción lírica. Más tarde apareció una segunda edición aumentada de sus Poesías.

 Movida por el éxito de sus producciones y acogida tanto por la crítica literaria como por el público en 1854 presentó su candidatura a la Real Academia Española (RAE) pero el sillón fue ocupado por un hombre.

El caso de Gertrudis fue una injusticia histórica que arrancó en 1853 con la escritora cubana a la que la Academia dijo no. Siendo una  lumbrera del siglo XIX y la dramaturga más importante de la época, no pudo entrar.

Desde que se trasladó a Madrid y en solo unos meses se movía ya en los círculos literarios del Madrid de mitad del XIX con el respeto y admiración de los grandes intelectuales de la época: Alberto Lista, Juan Nicasio Gallego, Manuel Quintana, Bernardino Fernández de Velasco, Nicomedes Pastor Díaz o José Zorrilla.

El éxito literario alcanzado en aquellos años, con obras como “La verdad vence apariencias” (1852), “Errores del corazón” (1852), “El donativo del diablo” (1852) o “La hija de las flores” (1852) y “La Aventurera” (1853) no fueron argumento suficiente para convencer a los académicos de que Gertrudis (entonces era el propio interesado el que proponía su candidatura) merecía entrar a formar parte de la academia.

Se produjeron intensos debates ante su propuesta. La propia escritora avivó la polémica: “La presunción es ridícula, no es patrimonio exclusivo de ningún sexo, lo es de la ignorancia y de la tontería, que aunque tienen nombres femeninos, no son por eso mujeres”. La reacción de los académicos fue categórica: en la Academia no había plazas para mujeres.rae

Esa norma, nunca escrita, se aplicó a las que posteriormente lo intentaron: Emilia Pardo Bazán o María Moliner. Hasta 1979  la RAE no aceptó el ingreso de la primera mujer en la institución: Carmen Conde. Después lo hicieron Elena Quiroga, en 1984, y Ana María Matute, en 1998. Dos años más tarde sería elegida académica la historiadora Carmen Iglesias y en 2001, la científica Margarita Salas.

Para Gertrudis Gómez de Avellaneda era ya demasiado tarde. Su figura había caído en el olvido desterrada de la memoria colectiva por su condición de “apátrida” tras el desastre del 98. “En Cuba la veían como española y en España como cubana”.

El recuerdo de Gertrudis, la más famosa de las escritoras de mitad del XIX, fue diluyéndose sin que hoy pocos la incluyan junto a Rosalía de Castro o Gustavo Adolfo Bécquer como representantes del romanticismo español.

Coincidiendo con el tricentenario de la institución y el bicentenario del nacimiento de la autora cubana,  se ha reclamado la inclusión de Gertrudis Gómez de Avellaneda como “Académica honorífica”, un reconocimiento que hasta ahora ha sido concedido a doce hombres -además del caso excepcional de María Isidra de Guzmán, admitida como académica honoraria en 1784 pero que nunca llegó a ocupar el sillón honorario.

En 1856 se casó nuevamente con un político de gran influencia, don Domingo Verdugo. Entonces se produjo el fracaso de su comedia “Los tres amores” (marzo de 1858) desastre al que alguien contribuyó arrojando un gato al escenario. El incidente tendría consecuencias incalculables ya que algún tiempo después, el coronel Verdugo acusó del hecho a un tal Ribera, de quien recibió una estocada que le afectó el pulmón y de la que ya nunca se recuperaría. Esa fue la razón del viaje a Cuba, en busca de un clima más benigno que en realidad resultó ser contraproducente y lo llevó a la muerte.Gertrudis 5

Tula, como era conocida afectuosamente por el pueblo, fue celebrada y agasajada por sus compatriotas. En una fiesta en el Liceo de la Habana fue proclamada poetisa nacional. Durante seis meses dirigió una revista en la capital de la Isla, titulada Álbum cubano de lo bueno y lo bello (1860). En 1863 regresó a Madrid, tras pasar por Nueva York, Londres, París y Sevilla. A finales de ese año moría su esposo el coronel Verdugo, lo que acentuó su espiritualidad y entrega mística a una severa y espartana devoción religiosa. Murió en la capital andaluza el 1 de febrero de 1873 a los 58 años de edad. Sus restos reposan ahora en el cementerio de San Fernando.

Como se dijo, su poesía fue tratando cada vez más asuntos religiosos, especialmente a raíz de la muerte de Pedro Sabater y su enclaustramiento en Loreto. Esta temática procuraba dar respuesta a uno de los temas constantes de su trayectoria literaria: el vacío espiritual, y el anhelo insatisfecho, ya expresado en un poema anterior a su boda con Pedro Sabater:

Yo como vos para admirar nacida,

yo como vos para el amor creada,

por admirar y amar diera mi vida,

para admirar y amar no encuentro nada.

En este sentido destacan los poemas “Dedicación de la lira de Dios”, “Soledad del alma” o “La cruz”, cuya métrica incluye un  cambio del endecasílabo al eneasílabo. En poemas como “La noche de insomnio y el alba” y “Soledad del alma” introdujo también innovaciones en la métrica que anuncian la experimentación en esta faceta que llevó a cabo el Modernismo. Así, en la obra de Avellaneda se encuentran versos de trece sílabas con cesura tras la cuarta y de quince y  dieciséis sílabas, poco frecuentes en la poesía española. También utilizó un verso alejandrino (de catorce sílabas) cuyo primer hemistiquio es octosílabo y el segundo hexasílabo, o donde el primero es pentasílabo y el segundo eneasílabo.

También cultivó los géneros narrativo y dramático. En España escribió una serie de novelas, la más famosa “Sab” (1841) que trata la temática indigenista y de amores no correspondidos. “Dos mujeres” supone una invectiva contra el matrimonio. Su tercera novela, “Guatimozín”, reúne una gran cantidad de erudición histórica y se sitúa en el México de la etapa de la conquista. En sus restantes obras narrativas, si bien carecen del vigor de las tres primeras, sigue presente la decidida crítica a la sociedad convencional.

En cuanto al teatro, su obra ocupa un lugar importante en la escena española del periodo 1845-1855, cuando el drama romántico había decaído y aún no había surgido la alta comedia. “Leoncia” fue estrenada en Sevilla en 1840, tuvo una buena acogida y tenía cierta originalidad. Su primera obra estrenada en Madrid, en 1844, fue “Munio Alfonso”, ambientada en la corte de Alfonso VII de León y Berenguela de Barcelona, con una producción de dramas históricos que seguían la estela de Manuel José Quintana, y del que son muestras representativas “El príncipe de Viana” (1844) y “Egilona” (1846).gertrudis 6

Pero sus mayores éxitos en el teatro los obtuvo con dos dramas bíblicos: “Saúl” (1849) y, sobre todo, “Baltasar” (1858), considerada su obra cumbre en el ámbito dramático. Los dos muestran aspectos distintos del Romanticismo. Saúl representa la rebeldía, mientras que Baltasar escenifica el hastío vital, la melancolía del “mal del siglo” que será sentida en la segunda mitad del siglo por los poetas simbolistas franceses y en el modernismo hispánico.

Entre sus comedias, cabe destacar “La hija de las flores” (1852), alabada por su adecuada combinación de fuerza cómica y poesía.

Estas han sido algunas pinceladas de una cubana universal de la que se dijo que “fue una gran rebelde, emancipada de muchos prejuicios, y una de las primeras feministas del mundo en el orden del tiempo”.

En mi país, que es España, es fácil encontrar su recuerdo en las calles, avenidas y plazas de muchas ciudades como: Collado Villalba, Constantina de la Sierra, Granada, Málaga, Marchena, Motril, Zaragoza, Vitoria ……….

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Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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Una respuesta a Gertrudis Gómez de Avellaneda: La Peregrina

  1. IDania dijo:

    Hola, paisano!!!
    Este verano, entre los proyectos que me estoy planteando, tengo el de entrar a tu blog e imprimir muchos de tus artículos. Sé que será una genial recopilación de la historia de mi país (Cuba). Cada vez que entro, me deleito leyéndote una y otra vez!!!
    Gracias siempre por acercarme un poquito mas a todas esas cosas en las que no he podido profundizar!!!
    Un enorme abrazo,
    IDania

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