Padre de los ciclones tropicales: Benet Viñes

Estimado lector que rozas la suave y policromada pluma del Tocororo:

La presente entrada se complementa con otra ya anteriormente publicada en el blog y titulada: “Geografía, clima y fenómenos adversos”. El personaje en esta ocasión, brilla tanto con su luz propia que creo que se merece un artículo aparte.

También quiero mostrar mi pena y mi solidaridad con el pueblo filipino que estos días está azotado por el tifón Haiyan que deja miles de víctimas inocentes. En su honor les dejo esta canción en tagalo compuesta por Lucio San Pedro que se llama Kaming Magmamani.

Benet Viñes Martorell nació en Poboleda (Tarragona) en 1837  y falleció en  La Habana en 1893. Fue un sacerdote de la Compañía de Jesús, un científico altruista que, destinado por la Orden a su colegio de La Habana, llevó a cabo estudios meteorológicos que establecieron los métodos para hacer el pronóstico de los ciclones y fue el primero en fundamentar las bases científicas para eso, el año 1875. Sus predicciones ahorraron muchas pérdidas materiales y humanas.Benet_Viñes

Sus obras, en especial “Apuntes relativos a los huracanes de las Antillas” (1877) y las llamadas “Leyes de Viñes” (1893, le otorgaron el reconocimiento de la comunidad científica internacional. Estas leyes formuladas por el Padre Viñes serían imprescindibles para hacer pronósticos en el Caribe a finales de la década de 1940. Después serían mejoradas y perfeccionadas.

Ya antes de que enunciase las famosas Leyes de Viñes, en 1888, uno de los más influyentes meteorólogos de los Estados Unidos de América propuso llamar “viñesas” a los huracanes. Es el único español citado en el magno Compendio de Meteorología (1950) de la American Metereological Society. Hijo ilustre de su pueblo natal, está inscrito en el Panteón de Cubanos Ilustres y los científicos de los Estados Unidos de América lo recuerdan con afecto. Su fama llegó a ser tan grande que en los países anglosajones era conocido como Father Hurricane.

 Benet Viñes nació en la calle Mayor nº 27 de Poboleda, pequeño pueblo de la comarca del Priorato donde la actividad principal era básicamente la agricultura de secano. Según explicaba él mismo muchos años después, su padre, (Carles Viñes) ya era consultado por sus vecinos sobre los cambios meteorológicos inminentes. Carles murió en 1846 y su madre, Teresa Martorell, se decidió a trasladarse con su hijo a Borges del Camp donde había nacido ella. En septiembre de 1850 ingresó en el seminario de la Rambla Vella en Tarragona con la idea de hacerse cura. Así figura como alumno a finales de mayo de 1855 con excelentes calificaciones.

Poboleda

Viñes era de constitución débil y delicada. De mirada perspicaz e inteligente, usaba unas pequeñas gafas. Inmediatamente después de la revolución de 1868 (La Gloriosa) que hizo abdicar a Isabel II, se suprime la orden jesuita en España, pero no en Cuba y en medio de un ambiente hostil  la orden se exilia a Francia al colegio de Laval (Mayenne). A los 32 años es ordenado por fin sacerdote en julio de 1869. En febrero de 1870 es destinado al Colegio de Belén de La Habana, embarcando en St. Nazaire en el vapor France que partía para Cuba.

Nada más llegar, se le encomiendó la dirección del Observatorio de Belén. Madrugaba y cumplía sus obligaciones eclesiásticas. Después hacía una observación visual de la nubosidad, consultaba sus instrumentos meteorológicos anotando los datos y luego interpretaba las notificaciones meteorológicas que recibía de distintos lugares. De todo eso sacaba sus propias conclusiones. Al mediodía ya había preparado su pronóstico que transmitía gratuitamente a diferentes instituciones en forma de Avisos. Los diarios de la tarde publicaban sus informes. Cuando la situación era de alerta, su dedicación se hacía más intensa.Convento-de-Belen

En 1873 sería nombrado Socio de Mérito de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana donde desarrollaría una intensa actividad colaborando hasta su muerte. En esta fecha de 1873, el padre Viñes ya padecía problemas respiratorios que derivaron, a mediados de la década de 1880 en otros problemas cardíacos. Diagnosticada la enfermedad,  pasaba temporadas en la Quinta la Asunción, una residencia sanitaria en La Habana. Ya muy afectado, un año antes de morir, todavía  redactaría algunos de sus “avisos” y su obra principal “Investigaciones Relativas a la Circulación y Traslación en los Huracanes de las Antillas”.

A los seis meses llegar Viñes a Cuba se desencadenaron dos fenómenos ciclónicos de magnitud considerable que afectaron la sensibilidad del padre. De hecho, el de los días 7 y 8 de octubre de 1870 se conoció como el Desastre de Matanzas.

Rápidamente, mezclando sus conocimientos, la interpretación de las observaciones de diferentes lugares del Caribe y una serie de viajes por los territorios afectados por los ciclones, se dedica a la tarea de entender el desarrollo y progreso de estos fenómenos atmosféricos. Estas informaciones y resultados de sus estudios se traducían en avisos que dirigía a las instituciones a fin de que se tomaran medidas para minimizar los efectos devastadores que ocasionaban los ciclones en especial los que afectaban a vidas humanas pero también a instalaciones industriales, mercantiles y sociales, transportes marítimos y terrestres.San_Ciriaco_Hurricane_SWA_(1899)

El año 1876, el Observatorio de Belén lanzó un aviso de emergencia y la autoridad portuaria de La Habana prohibió la salida de embarcaciones. El capitán de un barco norteamericano, El Liberty, se negó a cumplir las órdenes y se hizo a la mar naufragando en el Canal de Florida con vientos de más de 150 km. Ese mismo año, Viñes intentó establecer una red de observatorios en diferentes partes del país. La genial idea, gustaría a la Administración  y  a algunas empresas privadas pero tardaría dos años en llevarse a la práctica.

El 5 de abril de 1882 el padre Viñes, que ya era un científico reconocido, se embarca en La Habana con destino a Barcelona y después Francia, Bélgica e Inglaterra durante cuatro meses. En estos países se encuentra con meteorólogos y astrónomos prestigiosos.

Después del viaje, Viñes volvió a Cuba cargado de aparatos: tres teodolitos, un sextante, un cronógrafo, un telescopio refractor de 152 mm de gran calidad, tres clinómetros, tres magnetómetros, tres brújulas, barómetros, psicrómetros, un evaporímetro, dos anemómetros, un actinómetro, etc, etc …. Con todo ese instrumental, el observatorio de los jesuitas de La Habana se convirtió en uno de los de referencia de la época.Padre Benet

A su muerte por hemorragia cerebral, arterioesclerosis y nefritis concomitante, los funerales en La Habana fueron solemnes siendo enterrado en el Cementerio de Colón y no es raro encontrar su tumba  a unos cien metros de la entrada y cerca de la capilla cubierta de flores incluso hoy en día. Muchos cubanos no olvidan a un hombre que los protegía a menudo con sus avisos de la amenaza de los ciclones.

Pero veamos un poco en qué consistió su trabajo sobre los ciclones:

Ya en  1687 William Dampier intuyó que los huracanes son inmensos remolinos. En 1803, Luke Howard estableció la clasificación de las nubes en cúmulos, cirros y estratos. En 1855, Buys-Ballot enunció la Ley de los Vientos que definía la relación entre el viento y la presión. William Ferrel demostró que los ciclones giran hacia la izquierda en el hemisferio norte y gracias a Gustave Coriolis se comprendió que había fuerzas que se debían a la rotación de la Tierra.

Cuando Viñes llegó a Cuba, en 1870, los fenómenos ciclónicos de la Isla ya habían sido estudiados por Desiderio Herrera que en 1847 había publicado la Memoria sobre los huracanes de la isla de Cuba. A finales de esta década, Andrés Poey Aguirre intentó crear un sistema de observaciones meteorológicas mezclando los datos de diferentes lugares del país pero no consiguió consecuencias prácticas y al final abandonó los trabajos y se desplazó  a Estados Unidos.huracán

Los trabajos de Benet conducen a sus famosas Leyes de Viñes:

Las Leyes de los huracanes fueron publicadas en 1895 y se convirtieron en indispensables para hacer predicciones meteorológicas estando en vigor hasta finales de la Segunda Guerra Mundial que fueron mejoradas gracias a los refinamientos teóricos y a mejores técnicas. Estas leyes se refieren a dos puntos fundamentales: Por un lado a la circulación o dinámica de los vientos del ciclón que Viñes llama “revueltas” y por otro a la traslación del ciclón en el espacio. Fueron editadas por primera vez en La Habana en 1895, muerto ya su autor, con el título de “Investigaciones relativas a la circulación y traslación ciclónica en los huracanes de las Antillas”. La obra se tradujo al inglés y al alemán.

Las ocho leyes se dividen en dos ámbitos. Las dos primeras corresponden al movimiento de los vientos en el interior del huracán y las seis restantes tratan del desplazamiento que hacen sobre el terreno.

Como resultado de sus profundos estudios y sus experimentaciones enunció Viñes sus famosas leyes sobre los huracanes del Caribe, las «Leyes de Viñes», como entonces se denominaron.huracanes

Debemos señalar que el vocablo «Ley» no tenía entonces idéntico significado al que le damos hoy. Lo tenía en el entorno de la Física para connotaciones de comportamiento de un fenómeno, regulación del mismo o de su estructura. No tenía valor de riguroso determinismo.

En este contexto debemos analizar las Leyes Viñes, que divide en las dos Leyes de la  Circulación y las seis de la Traslación Ciclónica.

La primera de la Circulación viene a decir que en nuestro hemisferio la rotación ciclónica siempre es en el sentido contrario al de las agujas del reloj. Esta ley pudo no ser entonces demasiado novedosa. Sí lo fue y revolucionaria la segunda: “En los ciclones de las Antillas la rotación y circulación ciclónica se verifica de manera que las corrientes inferiores son por lo general más o menos convergentes hacia el vórtice; a cierta altura son prácticamente circulares y a mayor altura suelen ser divergentes, siendo muy de notar que la divergencia es tanto mayor cuanto más elevada es la corriente, hasta el punto de que los cirrus más elevados suelen ser en muchos casos completamente divergentes o en dirección radial”.

Al glosar esta ley, Viñes hace por primera vez una descripción tridimensional de los ciclones. Sobre todo la divergencia en las capas altas fue criticada por varios autores y aún en 1900 por algunos como Garriot. Sin embargo, Von Bezold probó que era correcta matemáticamente la descripción del ciclón según Viñes. Habría de pasar cerca de un siglo para que Riehl y otros autores enunciaran la teoría de la divergencia en altura.

En cuanto a las leyes de la traslación ciclónica, en la primera establece la trayectoria en forma de parábola. En la segunda ley, relaciona la latitud en que el ciclón “recurva” con la fecha de la estación, de manera que en las latitudes mayores corresponden a agosto, seguidas de julio y septiembre, y las latitudes más bajas a principios de junio o última década de octubre. Utilizamos la palabra “recurvar”, que emplea Viñes y aún hoy se utiliza en América, aunque no aparece en el Diccionario de la Real Academia.irene

La tercera ley complementa la anterior y se refiere a la dirección normal de las trayectorias en diferentes fechas y latitudes, y se sintetiza en un cuadro de doble entrada de fechas y direcciones normales de los huracanes.

La cuarta ley asimismo complementa las dos anteriores y viene a establecer las rutas generales o zonas geográficas que recorren los huracanes de las Antillas según los meses.

Las dos últimas leyes contemplan las velocidades de traslación de los ciclones. Así, la quinta la formula de esta manera: «En la primera rama de la trayectoria, la velocidad de traslación suele ser ligeramente creciente. En las inmediaciones de la recurva, modera la tormenta su velocidad, que adquiere un mínimum en la recurva. Finalmente, la velocidad de traslación es rápidamente creciente en la segunda rama, y llega a adquirir un máximum de más de 30 y 40 millas por hora». Y finalmente la sexta ley establece que: “En parábolas abiertas la velocidad de traslación en la recurva disminuye poco; mientras que en parábolas cerradas, el ciclón queda algunas veces poco menos que estacionario en la recurva y sus inmediaciones”.

Cualquiera que haya estudiado, y analizado mapas en el área del Caribe, se podrá sorprender de la exactitud de las anteriores leyes. Repetiremos que dichas leyes y prácticamente poco o nada más, fueron utilizadas para el pronóstico de los huracanes hasta comenzada la II Guerra Mundial, y a partir de entonces, no es que hayan sido derogadas, sino que el pronóstico ha sido apoyado, además, en algunos refinamientos teóricos y, sobre todo, mediante el despliegue de avanzados medios técnicos.

La Leyes fueron redactadas y comentadas en un trabajo que elaboró el Padre Viñes para el Congreso Científico de Chicago que fue convocado en el año 1893 y al que fue invitado con especial interés por los convocantes del mismo. Fueron publicadas en La Habana en 1895 con el título de Investigaciones relativas a la Circulación y Traslación Ciclónica en los Huracanes de Las Antillas, y editadas en la imprenta del Avisador Comercial, de Pulido y Díaz, en la calle Amargura 30, esquina a Cuba. La obra fue traducida al inglés y al alemán. La revista Nature, la Revue des Questions Scientifiques de Bruselas, así como Les Mondes, de París, hicieron referencias a los trabajos de Viñes y a los resultados de sus trabajos. Fue objeto de distinciones por parte de diversas instituciones científicas de Europa y Estados Unidos.

El Padre Viñes dejó al morir 14 obras publicadas, aparte de 21 cuadernos de Observaciones Meteorológicas y Magnéticas, sin contar artículos, comunicaciones y otros trabajos.

Recientemente, una representación del Ayuntamiento de Poboleda encabezado por su alcalde, Gerard Martí, ha regresado de Cuba con un extraordinario fondo digitalizado de la obra de Benet Viñes, hijo predilecto del municipio y figura pionera a nivel mundial en la predicción de ciclones tropicales gracias a su larga estancia en la isla caribeña. El fondo formará parte del futuro museo que el Consistorio levantará en su honor en la casa natal del padre Jesuita fallecido en el año 1893.

El fondo digitalizado, de una capacidad de 7.700 megabytes de memoria, proviene del Museo Nacional de la Ciencia J.C. Finlay de la capital cubana e incluye toda la documentación del Jesuita realizada durante su estancia en el Observatorio Meteorológico del Colegio Jesuita del Belén entre los años 1870 y 1893. Los libros, manuscritos y recortes de periódicos de la época se convertirán, así que los técnicos los estudien e impriman de nuevo, en el contenido central del museo en honor a la figura del meteorólogo.

También el estado cubano ha iniciado la rehabilitación del Colegio de Belén , la mayor edificación religiosa del siglo XVIII conservada, en el centro histórico de La Habana, para convertirlo en residencia de ancianos, hotel y Museo Viñes, además de rehabilitar la iglesia. El museo de la Habana empleará las estancias del antiguo observatorio meteorológico con su configuración original y parte del Instrumental de la época.

zonas de los ciclones tropicalesfleuron

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