Sijú platanero

Estimado lector que rozas la suave y policromada pluma del Tocororo:

Este verano fui una vez más a Cuba y estando en una reunión de amigos, quieto y callado, oyendo hablar, apreciando la conversación, alguien dijo: Eduardo, no dices nada. Pareces un “sijú platanero”. Y como yo nunca había oído esa expresión, apunté ese comentario en mi cartera y aprovecho ahora para mojar en tinta la pluma del guatiní y escribir este artículo.

El sijú platanero, sijucito, o simplemente sijú, es una especie de ave estrigiforme de la familia de los búhos (Strigidae). Es endémica de Cuba. Es un mochuelo o búho pequeño, común en todo el país, que habita en los bosques y en sitios arbolados del campo y de las afueras de las ciudades. Es el más pequeño de los búhos antillanos.1

Como ya comenté en otras entradas que se refieren a la flora o a la fauna de Cuba, es conveniente recurrir a la taxonomía científica para hablar de estas especies no fiándose mucho de los nombres comunes que a veces son ambiguos. Incluso así, es frecuente que un mismo animal esté descrito con varios nombres como pasa en este caso: Glaucidium siju, Glaucidium vittatum, Gymnolaux lawrencii, o Noctus siju.

En latín Glaucidium significa “del color del glaucio” (una hierba) y siju por el nombre común y aborigen sijú; vittatum significa en latín “fajado”. Los indios lo llamaban también cuyaya. Se le llama platanero no por comer plátanos, sino por ser frecuente en los platanales.

Mide unos 17 cm de largo, la hembra es mayor que el macho. Su cuerpo es compacto. La cabeza por la parte superior es de color castaño claro con moteados blancuzcos. La espalda es castaña con barrados blancuzcos. Su cara y la garganta son claras pardo amarillentas. El pecho es variante en blanco moteado de castaño claro. Las otras partes inferiores más posteriores son blancas.

La cola es muy corta con timoneras oscuras con barrados transversos blancos. Los ojos son amarillos. El pico y la cara adyacente son verdosos. Las patas son cortas y completamente cubiertas por plumas cortas y blancuzcas. Los dedos son de color verdoso. En la nuca tiene dos manchas negras a modo de falsos ojos que pueden poner hacia el frente al girar la cabeza 180 grados. Los juveniles tienen el dorso castaño rojizo sin barrados y la parte superior de la cabeza sin moteados y el vientre a veces con manchas rayadas oscuras.3

En épocas de cortejo el macho levanta su cola hasta tocar casi su espalda y la mueve hacia los lados sin mover su cuerpo. El sijú platanero tiene hábitos de caza nocturnos y diurnos. Es difícil de ver, aunque se le escucha frecuentemente en los lugares que habita y suele permitir que se le aproximen. Su vuelo de caza es veloz, pero si no, vuela lentamente a cortas distancias. Se alimenta de lagartijas, pequeñas aves, insectos y larvas pues por su pequeñez no puede atacar roedores u otras aves. Si la presa es pequeña la traga entera, si no, puede despedazarla.

Pueden ser mansos cuando son mantenidos en cautiverio desde polluelos, aunque resulta difícil por su voracidad y por sus requerimientos de alimento vivo, ya que a base de carne no viven mucho tiempo.
Anida de marzo a mayo en cavidades naturales de árboles u otras, generalmente en nidos abandonados de carpinteros. Pone de tres a cuatro huevos blancos de 3 cm por 2,5 cm.

Gymnoglaux lawrencii, o sijú cotunto es otra variedad semejante a la anterior. Gymnoglaux en griego es “lechuza desnuda” y lawrencii en latín es “dedicado a Lawrence”. También es endémico de Cuba. Es común en los bosques densos de la isla de Cuba, Isla de la Juventud y los cayos Coco y Romano.4
Gymnoglaux lawrencii mide cerca de 22 cm de largo (la hembra algo menor). Por el dorso es de color castaño oscuro con algunos moteados en blanco en la espalda y las cobertoras de las alas. La cara es gris pardo verduzca con cejas blancas. Ojos y pico de color castaño oscuro. La garganta es blancuzca y el pecho es más oscuro por manchas lineales pardas en las plumas, que se aclara hacia las partes posteriores. Las remeras en el ala son de color castaño oscuro con borde externo manchado de blanco. La cola es de color castaño oscuro, por debajo tiene barra tenue blancuzca. Patas largas de color amarillo claro y con tarsos desnudos.

Sus hábitos de caza son exclusivamente nocturnos. Durante el día permanece al abrigo no muy profundo en cuevas o en lugares oscuros. Si durante el día queda accidentalmente a descubierto, suelen atacarlo con saña muchos pájaros, al sorprenderlo así indefenso por su pobre vista diurna. Consume grandes insectos nocturnos, sobre todo mariposas, y también reptiles y pequeñas aves.

Anida de abril a mayo en el interior de su dormitorio en cuevas o huecos de árboles como los abandonados de carpinteros pero no agrega materiales. Pone dos huevos blancos de 3,2 cm de largo por 3 cm de ancho.

Las Tropas insurrectas (patriotas) que en el Siglo XIX se enfrentaron a los ejércitos españoles por la Independencia de Cuba, utilizaron una argucia segura de correo: el canto imitado del sijú. De esta forma, entre pintoresca y heroica, penetró esa criatura de la Avifauna a las páginas de la Historia. El cu-cu-cu se-se si-si del pájaro sirvió a menudo para enlazar a Patriotas en la oscuridad de la noche o para advertir la proximidad inminente del enemigo.5

El sijú es una de las joyas más preciadas de la ornitología cubana, a causa de la preciosa maquinaria biológica que es y también por su exclusiva y antigua residencia en estos territorios del archipiélago cubano. Se dice que la primavera da comienzo cuando el sijú macho levanta la cola, como parte del cortejo amoroso, y se apresta a la conquista galante de la hembra, la cual pone de 3 a 4 huevos blancos en los meses de marzo y abril en algún agujero perforado por carpinteros que toman como nidos los troncos de las palmas.

Los sijúes son fácilmente domesticables, a causa de su mansedumbre, pero viven una corta vida lejos de las fuentes naturales de alimento. La voracidad del sijú lo convierte en un gran adversario de dañinos insectos, beneficiando con su perenne labor a la agricultura y los bosques. Estas aves pueden considerarse como trofeos vivos con que la Naturaleza dotó al paisaje. Son piezas palpitantes e invalorables del gran patrimonio que la civilización humana tiene bajo su custodia.

Por último, creo que es conveniente advertir al lector que si te dicen en Cuba que “pareces un sijú” es que te están llamando feo. Que conste.

Mi cabello se espeluza
Mientras que no vienes tú,
De oir cantar el sijú
Y responder la lechuza.
Ni el cocuyo el aire cruza
Con resplandeciente giro,
Ni más que la noche miro;
A la cual te pido en vano,
Por más que alargo la mano
Y por más que yo suspiro.
(José Jacinto Milanés 1814-1863. Matanzas)

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Acerca de almejeiras

Me gusta Cuba y por eso hago este blog.
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6 respuestas a Sijú platanero

  1. Senén dijo:

    Interesante artículo, coma todos os que fas.

  2. Gonzalez-Larramendi, Jorge (Aviation) dijo:

    wow
    qué bello artículo. gracias.
    jorge

  3. Ondina Garcia dijo:

    Si mi madre lo decía mucho cuando íbamos impresentable ante ella , también quiero decirte que decía retama de guayacol para decir que alguien era muy malo

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