El teléfono se inventó en La Habana : Antonio Meucci

Estimado lector que rozas la suave y policromada pluma del Tocororo: No pienses que el título de esta entrada es un delirio o una exageración del autor de estas líneas. Podemos decir sin faltar a la verdad que el teléfono se inventó en La Habana y que Cuba fue un país pionero en el desarrollo de la telefonía a nivel mundial.

El primer teléfono  en España es del año 1880 y en 1887 solo había 2.312 teléfonos sobre la piel de toro. Antonio Meucci nació en el pueblo de S. Frediano, cerca de Florencia (Italia), el 13 de abril de 1808. Vivió en La Habana entre los años de 1834 y 1850, donde realizó sus primeros experimentos telefónicos. Fue el verdadero y genuino inventor del teléfono que bautizó como teletrófono o telégrafo parlante, pese a que históricamente la paternidad del aparato se atribuyó durante algún tiempo al estadounidense de origen escocés, Alexander Graham Bell.

Encarcelado alrededor de 1833-1834 por participar en el movimiento de liberación italiano, se casó el 7 de agosto de 1834 con Ester Mochi. Luego fue acusado de participar en una conspiración del Movimiento de Unificación Italiana y fue encarcelado otros tres meses. Era amigo personal y colaborador del general Garibaldi y estuvo muy involucrado en las conspiraciones por la libertad de Italia.

Cursó estudios de Física, Química, Mecánica y Dibujo, en la Academia de Bellas Artes de Florencia y al terminar sus estudios, Meucci se ganó la vida como empleado aduanero, hasta que fue contratado por el Teatro de la Pérgola como tramoyista. A su paso por la Pérgola, Meucci ya había construído un primer teléfono acústico, una especie de tubo con el cual comunicaba desde el escenario hasta 18 metros más arriba. Este tubo acústico se usaba también mucho en los barcos.

En octubre de 1835 Meucci y su esposa dejaron Florencia para no volver a regresar. Emigraron al continente americano, parando primero en Cuba donde Meucci aceptó un trabajo en el Gran Teatro de Tacón en La Habana. Su fama de creador de las más variadas máquinas usadas en el escenario, lo llevó junto con su esposa a ese  sitio donde desarrolló su pasión por los inventos, el primero de ellos un nuevo método para galvanizar los metales y patentó métodos sobre la utilización de nuevos materiales para la fabricación de velas (parafina en lugar de cera de abeja).

Contratado por el empresario teatral Francisco Martí, rico hombre de negocios radicado en Cuba, y en compañía de un amplio grupo de artistas de la ópera italiana, llegó a Cuba, donde trabajó en los Teatros Principal y Gran Diorama, así como en el Gran Teatro de Tacón.

Desarrolló un teléfono neumático (precursor de su teletrófono) que hoy todavía se utiliza en el Teatro della Pergola de Florencia y que luego perfeccionó en el teatro Tacón de La Habana. Creó un nuevo sistema de galvanizado, un sistema de filtros para la depuración del agua e introdujo el uso de la parafina en la fabricación de velas. También desarrolló un sistema de electroshocks terapeúticos que administraba en La Habana.

Efectivamente, Meucci hizo llevar a Cuba baterías de pilas voltaicas, para su uso en el Teatro. Además introdujo la galvanostegia, al concertar un contrato para el recubrimiento metálico de cascos, espadas y botones destinados al ejército español y a tal efecto llegó a contar con una docena de empleados dedicados a este menester.

[La galvanostegia es la técnica que permite recubrir un metal corriente con otro más noble en forma de una fina capa, por medio de la electricidad. Se trata de un baño electrolítico]

En septiembre de 1845, el florentino, conocedor también de la orfebrería y las propiedades y calidades en lo concerniente a la metalurgia, reproduce toda clase de grabados y bajorrelieves en metal. Además, en su taller y laboratorio que daba al patio del teatro de Tacón, fabricaba toda clase de medallas en cobre, molduras para cuadros y escudos de armas. Al siguiente año, pese a sus múltiples ocupaciones y con el fin de efectuar experimentos sobre magnetismo y electricidad, encuentra tiempo para construir un aparato médico de electroterapia, que aplicaría a los pacientes con dolores reumáticos.

Antes de finalizar 1846, La Habana fue azotada por un fuerte huracán que dejó cientos de víctimas y originó cuantiosos daños. Como parte de la reparación capital efectuada luego en el Tacón, Antonio Meucci, entre otras obras, colocó ventiladores (extractores) de su invención para dar salida a los gases del alumbrado por gas que acababan de instalarse. Además introdujo grandes mejoras, tocador para los artistas, nuevos diseños y decoraciones interiores, fuentes, rejas, asientos y áreas de esparcimiento para el público. Sus trabajos sin duda colocaron al Tacón entre los mejores de América, comparable, por su elegancia, tamaño y lujo, con los de Europa.

Durante ese tiempo realizó importantes inversiones en diversos campos obteniendo privilegios de fabricación por varios años. Creó un filtro para purificar el agua que se bebía en las residencias, inventó un aparato para purificar el guarapo de caña de azúcar extraído de los ingenios, una  forma de obtener gas  a partir de productos oleosos, patentó un nuevo método para podar naranjos y limones con el fin de conseguir mayor rendimiento, diseñó e introdujo por primera vez molduras de yeso para colocar en cielos rasos, arañas de techos, candelabros de pared de los palacios y edificaciones cubanas.

Meucci, quien vivió por décadas en esta ciudad, se dedicaba colateralmente a tratar con corrientes eléctricas a pacientes aquejados de dolencias reumáticas. Esta práctica se conoce en medicina como electroterapéutica. Un hecho accidental produjo entonces el milagro:

Uno de sus empleados vino un día de 1849 a pedirle que le sacase un tremendo dolor de cabeza. Meucci le hizo sostener en una mano una lengüeta de cobre y en la otra el mango de corcho de un instrumento que tenía otra lengüeta metálica y le pidió que introdujera esta última en la boca cuando se lo ordenase. En tales condiciones, el “paciente” sería atravesado durante unos instantes por una corriente eléctrica suministrada por las pilas que tenía en su taller de galvanostegia.

Al aplicar este procedimiento, tuvo lugar una casualidad afortunada porque Meucci, queriendo tener una idea de la intensidad de la corriente que atravesaba a su paciente, de vez en cuando se insertaba en serie con él, como era costumbre en la época. Con esta intención, sostenía en la mano un instrumento igual al que el paciente debía introducirse en la boca, cerrando luego el circuito con la batería.

Sucedió entonces que cuando el paciente se metió en la boca la lengüeta, emitió un grito al recibir la sacudida eléctrica que se calcula era de unos 115 V. Meucci describió así lo que pasó entonces:

Pensé haber oído este sonido más claramente que si fuese natural. Entonces acerqué el cobre de mi instrumento a la oreja y oí el sonido de su voz a través del alambre. Esta fue mi primera impresión y el origen de mi idea de la transmisión de la voz humana por medio de la electricidad”.

No se sabe si el enfermo tuvo mejoría de su dolor de cabeza pero lo cierto es que a partir de ese momento se transformó en un colaborador y lo sometió a una nutrida serie de experimentos que no eran ya de electroterapia sino de telefonía.

Meucci añadió un cono de cartón alrededor del instrumento del paciente que en adelante sostendría en sus manos uno solo ya que no era necesario que fuese atravesado por la corriente e hizo variar el número de elementos de su batería pera ver hasta qué punto podía disminuirse la tensión. Estas son de nuevo sus palabras:

Ordené al individuo enfermo que repitiese la operación anterior y que no tuviese ningún temor de la electricidad y que hablase libremente dentro del cono. Lo hizo inmediatamente. Se llevó el cono a la boca y yo el mío a la oreja. En el momento que habló, yo recibí el sonido de la palabra, no clara sino como un murmullo. A partir de ese momento reconocí que había obtenido la transmisión de la palabra por medio de un alambre conductor y le puse inmediatamente el nombre de telégrafo parlante”.

Conviene recordar que en 1849, todavía resonaban los ecos de la invención del telégrafo eléctrico, inaugurado en mayo de 1844 de manera que el nombre de teléfono parlante era muy lógico. Meucci recordó siempre aquel grito de La Habana, gracias a la aplicación del principio de la resistencia variable. Aquel sonido fue el primero del recién nacido teléfono.

Hacia 1850 comenzó a diseñar prototipos telefónicos. Construyó un primer modelo en 1855 y en 1871 presentó un artilugio ya perfeccionado. Alrededor del año 1854 Meucci construyó un teléfono para conectar su oficina con su dormitorio ubicado en el segundo piso, debido al reumatismo de su esposa.

El primer diálogo telefónico fue el siguiente:

Antonio: ¿Cómo estás, querida?, soy yo, Antonio, ¿me oyes bien?

Ester: Muy bien! – gritó.

Antonio: No hables tan fuerte, ¿quieres dejarme sordo? – replicó sonriendo.

Sin embargo carecía del dinero suficiente para patentar su invento, por lo que lo presentó a una empresa que no solo no le prestó atención, sino que tampoco le devolvió los materiales. Al parecer, y esto no está probado, dichos materiales cayeron en manos de Alexander Graham Bell quien se sirvió de ellos para desarrollar su teléfono, que presentó como propio.

Luego en 1850, Meucci y su esposa emigraron a los Estados Unidos, y llegaron a Clifton (en Staten Island, cerca de la ciudad de Nueva York) donde Meucci vivió el resto de su vida. Allí falleció el 18 de octubre de 1889.

En su nuevo hogar fue siempre respetado como un prohombre de la comunidad italiana de Nueva York. Había levantado una fábrica de velas y acogía a cualquier italiano que necesitara un empujón. El mismo Garibaldi pasó por su casa durante su periplo americano.

Meucci  solicitó ese mismo año en Nueva York la solicitud de patente del aparato y lo bautizó con el nombre de “teletrófono“. Para renovar esa patente debía pagar diez dólares cada año. El científico italiano cumplió esta obligación los dos primeros, pero en 1874 la carencia de recursos y otras dificultades le impidieron hacer el pago en el tiempo establecido, por lo que se vio privado de la patente definitiva sobre la invención del teléfono, la cual fue adjudicada a Alexander Graham Bell de Boston (e incluso a Elisha Gray de Chicago) con quien sostuvo una larga disputa ante los tribunales norteamericanos.

En 1860 Meucci sacó a la luz su invento. En una demostración pública, la voz de la cantante Rita Montaner es reproducida a una considerable distancia. La prensa italiana de Nueva York publica una descripción del invento y un tal Sr. Bendelari se lleva a Italia un prototipo y documentación para producirlo allí, pero no se vuelve a saber de él, como tampoco se materializa ninguna de las ofertas que surgen tras la demostración.

Meucci, en una situación económica precaria, se ve obligado a vender los derechos de sus otros inventos para sostenerse y a duras penas puede ir pagando los gastos de la patente del teléfono. Un accidente, la explosión del vapor Westfield, del que sale con severas quemaduras, obliga a su esposa a vender los trabajos de Antonio a un prestamista por 6 dólares. Cuando, una vez repuesto, vuelve para recuperarlos, la casa de empeño dice haberlos vendido a un hombre joven al que nunca se pudo identificar.

Trabaja intensamente en la reconstrucción de su mayor invento, consciente de que alguien puede robarle la patente, pero incapaz de reunir los 250 dólares que cuesta la patente definitiva, tiene que conformarse con un trámite preliminar de presentación de documentación que registra el 28 de diciembre de 1871 y que puede permitirse renovar sólo en 1872 y 1873.

En cuanto tiene el acuse de recibo de Patentes, vuelve a empeñarse en demostrar las posibilidades de su invento. Para ello, ofrece una demostración del telégrafo parlante a un empresario llamado Edward B. Grant, vicepresidente de una filial de la Western Union Telegraph Company. Cada vez que Meucci trataba de avanzar, se le decía que no había hueco para su demostración, así que a los dos años, pidió que le devolvieran su material, a lo que le contestaron que se había perdido.

Buscó entonces apoyo económico y presentó su teletrófono a la Western Union, pero la famosa compañía de telégrafos rechazó la oferta. En 1876 y para su sorpresa y desgracia el físico de origen escocés Graham Bell patentó un aparato de transmisión de voz al que llamó teléfono. El científico italiano reclamó sus derechos en los tribunales pero murió sin que nadie reconociera su aportación a uno de los principales inventos del siglo XX.

Durante más de un siglo se mantuvo el error de atribuir a Graham Bell la paternidad del teléfono hasta que finalmente, el 11 de junio de 2002, el Congreso de los Estados Unidos reconoció oficialmente a Meucci como su verdadero inventor.

Con motivo de conmemorarse el 150 aniversario de sus primeros experimentos telefónicos en La Habana efectuados en 1849, se realizaron en Cuba una serie de actos en su homenaje y se publicó una Memoria de las actividades realizadas.

En 1876, Alexander Graham Bell registró una patente que realmente no describe el teléfono pero lo refiere como tal. Cuando Meucci se enteró, pidió a su abogado que reclamara ante la oficina de patentes de los Estados Unidos en Washington. Sin embargo, un amigo que tenía contactos en Washington, se enteró de que toda la documentación referente al telégrafo parlante registrada por Meucci se había perdido. Una investigación posterior puso en evidencia un delito de prevaricación por parte de algunos empleados de la oficina de patentes con la compañía de Bell. En un litigio posterior entre Bell y Western Union, afloró que existía un acuerdo por el cual Bell pagaría a la Western Union un 20% de los beneficios derivados de la comercialización de su invento durante 17 años.

En el proceso legal de 1886 tuvo que lidiar incluso contra sus propios abogados, presionados por el poderoso Bell. Pero Meucci supo hacer entender al juez que no cabía duda en cuanto a la autoría del invento registrado. La declaración pública del entonces Secretario de Estado fue: “Existen suficientes pruebas para dar prioridad a Meucci en la invención del teléfono” y el gobierno de los Estados Unidos inició acciones legales por fraude contra la patente de Bell. El mismo Thomas Alva Edison en persona envió una carta al juez posicionándose a favor de Meucci.Pero el proceso embarrancó en el arenal de los recursos por sus abogados, hasta cerrarse con la muerte de Meucci en 1896.

Un siglo y 26 años después de que Alexander Graham Bell patentara el teléfono en Estados Unidos, el Congreso de ese país, ante irrefutables pruebas y el incansable reclamo del congresista italo-norteamericano Vito Fossella, el 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los EE.UU. publicó finalmente la Resolución nº269 por la que se honra la vida y el trabajo de inventor italoamericano. En la misma se reconoce que fue Meucci antes que Graham Bell, el inventor del teléfono. Reconoce además que demostró y publicó su invento en 1860 y concluye con un reconocimiento a su realización en dicha invención.

Con mucho dinero, fraudes y la astucia de sus abogados, la rica compañía Bell (hoy ATT) logró comprar a la justicia norteamericana, que retrasó año tras año el proceso judicial emprendido por Meucci y permitió que Graham se agenciara la patente del teléfono.

Fueron quince años en La Habana, en los que Antonio Meucci, tramoyista, maquinista, pintor decorador, conocedor de la química y la física, realizó muchas  innovaciones y descubrió el principio de la telefonía.

No sabemos la razón por la cual abandonó definitivamente Cuba. El 23 de marzo de 1850, a la una de la tarde, abordó junto a su esposa el vapor norteamericano Isabel con destino a la ciudad de Charleston, y después a Nueva York, donde siguió creando y murió en 1889.

Cuando el doctor Juan J. Musset, vicepresidente del Cuerpo de Bomberos del Comercio de La Habana, conversó casi una hora por teléfono con su esposa, el 2 de noviembre de 1877, ante periodistas y personalidades del Gobierno, lo hacía para demostrar públicamente la eficacia del funcionamiento del invento telefónico en nuestro país.

Según reportó el periódico La Voz de Cuba en esa fecha, el aparato, conformado por un alambre muy fino con dos cajitas de diez pulgadas de largo, cinco de ancho y tres de alto en los extremos, permitió además que Musset escuchara desde el Cuartelillo en San Ignacio nº108, entre Luz y Acosta como su hija tocaba al piano Las Malagueñas, en la sala de su casa, en la calle Amargura nº 21.

De esta forma se realizó la primera conversación telefónica en lengua española de la que se tiene noticia en la historia de las telecomunicaciones en Iberoamérica, en un momento importante para la historia de la Isla.

Según comentó Betsy Pérez Boza, directora del Museo de los Bomberos de Cuba, nuestro país ocupa un lugar destacado en la historia de la telefonía.

«Fue en 1849, en la capital cubana, donde el inventor italiano Antonio Meucci realizó los primeros experimentos telefónicos conocidos, antes de que Alexander Graham Bell le disputase la paternidad del invento. Además, poco menos de dos años después de que en Estados Unidos le concedieran a Bell la patente de invención, se pusieron a prueba en La Habana dos de sus aparatos. La casualidad, curiosa, hizo que desde un cuartel de bomberos se efectuara la primera llamada en español, también en nuestro país», agregó la museóloga.

Desde 2009, una placa conmemorativa de bronce, obra de los artistas Alexis Ponce y William Pérez Fernández, conmemora ese acontecimiento en la fachada de la casa que perteneció al doctor Musset y su familia.

El 28 de julio de 1879 apareció un anuncio comercial en el periódico El Triunfo en el que se informaba :

Eduardo Dalmau. Único agente de los teléfonos de Graham Bell, reformados. Se hacen instalaciones en toda la isla. Villegas 69, esquina a Obrapía.”

El 2 de julio de 1881 se realizó la subasta pública de la que sería red telefónica de la ciudad de La Habana. La ganó Vesey F. Butler, vecino de la ciudad domiciliado en Mercaderes, 1. Tenía el compromiso de poner en funcionamiento el servicio telefónico en los 6 meses siguientes y de entregar el servicio, aparatos y material a los 7 años.

En aquellos años había indistintamente aparatos Bell, Edison y Blake. Tenían un generador de manivela o magneto para conectar con la Central Telefónica. Para las líneas exteriores se usó acero galvanizado mientras que para los interiores se puso hilo de cobre puro. Los timbres y magnetos fueron suministrados por Western Electric.

Este primer centro telefónico que tuvo la capital cubana estuvo situado en el número 5 de la calle O´Reilly y enseguida se inició la instalación de aparatos a comerciantes y profesionales, los que, como sucedió con otros inventos, entablaron una especie de emulación por poseer el novedoso servicio. Los primeros teléfonos de la Habana contaban con un solo micrófono por el cual se alternaban la boca y el oído.

A modo de curiosidad, el primer teléfono particular que se instaló en Cuba fue el que tuvo la casa Ginerés y Compañía, comerciantes importadores que vivían al lado de la central y su número telefónico fue el 2, porque el 1 se lo reservó el propio centro telefónico. La guía telefónica en aquel momento constituyó casi un libro de honor de la sociedad habanera y de su inclusión en él dependía el nivel en que se encontraba la familia.

TELEFONÍA EN CUBA

El primer servicio telefónico fue inaugurado en La Habana el 6 de marzo de 1882, después de que fueran subastados durante largo tiempo los derechos a la construcción del mismo.

Alrededor del año 1909 se estableció en Cuba, por primera vez, una central telefónica completamente automática que sustituyó a la que manualmente realizaba todas las conmutaciones en la Isla, además de utilizar teléfonos de discado.

Después de la Primera Guerra Mundial se creó el proyecto de un cable submarino entre La Habana y Cayo Hueso por un coste de 750.000 dólares. Gracias a este proyecto se instalaron tres cables que permitieron la comunicación directa con New York y Jacksonville.

Gracias a este mismo cable se logró establecer lo que en su momento fue la línea telefónica más larga del mundo, con 8.800 kilómetros entre La Habana y la ciudad de Avalon en California, además de permitir el inicio de la radiodifusión en Cuba a partir de trasmisiones radiadas de música cubana que se hicieron llegar al territorio norteamericano y viceversa, dando como resultado que se formara la Radio Corporation of Cuba en 1922.

La primera conversación a través de un circuito constituido por cables telefónicos submarinos, líneas telefónicas terrestres y un radio-enlace, tuvo lugar en 1921 entre la capital cubana y la isla Catalina, al norte de California, a una distancia de 8.800 kilómetros. Algo más de medio siglo antes, en 1867, había comenzado a funcionar entre La Habana y Cayo Hueso un cable telegráfico submarino, el primero de su tipo que comunicó a dos países de América.

Durante los años siguientes, la International Telephone and Telegraph Company (ITT), expandió su dominio sobre las comunicaciones y utilizó a Cuba como campo de pruebas para sus experimentos, debido al poco control al que eran sometidas las centrales telefónicas en la Isla. Se firmó el Acuerdo Tripartito el 4 de septiembre de 1951 entre: American Telephone and Telegraph Company, Cuban Telephone Company y Cuban American Telephone and Telegraph.

A fines de 1953, la cifra de teléfonos instalados era de 140.000, con 464 circuitos de larga distancia nacional entre poblaciones y 39 circuitos de larga distancia internacional entre Cuba y el mundo. Las facilidades internacionales se debieron a la instalación en 1950 de dos cables submarinos coaxiales de auto repetición de 24 canales entre La Habana y Cayo Hueso.

Después del Triunfo de la Revolución cubana el 1 de enero de 1959 las acciones de la ITT fueron de mal en peor y sus instalaciones fueron nacionalizadas conjuntamente con las de la Cuban Telephone Company el 6 de agosto de 1960.

Con el lanzamiento por parte de la Unión Soviética (URSS) del sistema del primer satélite espacial (Sputnik), Cuba entró a formar parte del sistema satelital Intersputnik, basado en satélites geosinclinales de tipo Molnia, en el año 1974.

En 1977 se creó la empresa EMTELCUBA con el objetivo de centralizar la dirección del servicio de comunicación telefónica en la Isla. En el período comprendido entre el 1959 y 1994, realizó inversiones por un valor superior a los 1.000 millones de pesos, en redes de comunicaciones que llevaron la telefonía, hasta los lugares más apartados del territorio nacional, atenuando las diferencias entre la capital y el resto de los territorios del país.

Además se acometió la instalación del un cable coaxial a través de toda la Isla. En el año 1979, Cuba logró ingresar al sistema Intelsat, siendo el segundo país que utilizaba los servicios de dos sistemas vía satélite.

Tras la caída del Sistema Socialista en Europa Oriental la situación económica en la Isla, unido a la obsolescencia del los teléfonos instalados provocaron una disminución en la calidad de los servicios que se prestaban a la población cubana en ese entonces. A pesar de todo esto se dedicaron esfuerzos a continuar con el desarrollo del sistema nacional de telefonía.

Con la creación en 1994 de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) S.A. en conjunto con la italiana STET, se dio un importante paso en cuanto a la organización y puesta en funcionamiento de una nueva infraestructura en los servicios de telefonía.

ETECSA dirigió sus principales acciones a la modernización de la obsoleta red de transmisión nacional con la construcción del Sistema Nacional de Fibra Óptica, además de comenzar a sustituir los viejos teléfonos, y comenzar el proceso para lograr una completa digitalización de la telefonía. Además la empresa CUBACEL S.A. Se dedicó a prestar los servicios de comunicación celular en toda la Isla.

La telefonía móvil en Cuba se inició en el año 1991, a través de la empresa estatal Cubacel S.A. con cobertura nacional. En 2001 comenzó a prestarse servicio en la norma GSM (900 mhz) a través de la Empresa de Telecomunicaciones del Caribe (C_COM).

En el año 2004 se fusionan las dos empresas quedando todos los servicios de telefonía móvil a cargo de Cubacel.

La extensión de los servicios de telefonía celular ha sido vertiginosa en los años 2007 y 2008. No obstante, se labora por seguir acercándolos cada vez más a la población. La cobertura de la norma GSM (900mhz) alcanza alrededor del 80% del territorio nacional.

Cada vez es más frecuente ver a los cubanos por las calles con un teléfono. Cuba aspira a llegar al 2015 con 2.4 millones de líneas móviles activas.

En la actualidad ETECSA ha logrado incrementar en 10 veces la cantidad de teléfonos instalados desde su creación. Se completó la red de fibra óptica nacional que ha permitido que la teleselección digital llegue a todas las provincias del país, ha comenzado a prestar mayores servicios en el área de la telefonía pública y se completaron acuerdos con Venezuela para la construcción de un nuevo cable submarino de 1552 km y una capacidad de 180Gb/s, que pondrá a Cuba en un alto nivel de comunicaciones con el resto del mundo y que forma parte de la primera etapa del sistema integrador del ALBA 1. El mismo tocó tierra cubana el 9 de febrero de 2011 en la playa de Siboney, en la provincia Santiago de Cuba.

Este cable submarino abre una brecha en el bloqueo estadounidense contra Cuba y robustece la soberanía nacional en las telecomunicaciones. El sistema tiene, además, bases autosustentables y sin ánimos de lucro, como una herramienta que fortalecerá el desarrollo de esa esfera en el país y en la región.

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2 respuestas a El teléfono se inventó en La Habana : Antonio Meucci

  1. Excelente una muestra mas de que CIERTOS GRANDES no eran mas que GRANDES MAFIOSOS…

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